Cuba mueve ficha tras el ataque estadounidense a Venezuela
Refuerza sus lazos con China y Rusia
Néstor Prieto Amador

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel, afirmó que “no existen conversaciones con el Gobierno de EEUU” después de que su homólogo estadounidense, Donald Trump, instase a La Habana a alcanzar “un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”. “Como demuestra la historia, las relaciones entre EEUU y Cuba, para que avancen, deben basarse en el Derecho Internacional en vez de en la hostilidad, la amenaza y la coerción económica”, escribió Díaz-Canel en redes sociales.
Desde el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero —una operación en la que murieron 32 cubanos integrados en su guardia presidencial—, ningún buque petrolero ha salido de Venezuela rumbo a Cuba. El corte golpea de lleno a la isla, que en los últimos años ha dependido del crudo venezolano para paliar una crisis energética crónica que se ha traducido, desde hace meses, encortes diarios de varias horas en el suministro eléctrico.
Desde La Habana toman nota de las amenazas de Trump y han comenzado a mover ficha estrechando sus vínculos con Rusia y China, dos actores que también ven en riesgo su influencia en América Latina tras la intervención estadounidense en Venezuela. Con escasas horas de diferencia, Pekín anunció el envío de asistencia financiera y alimentaria a la isla, mientras Moscú escenificó su respaldo político con la visita a La Habana de su ministro del Interior, Vladimir Kolokoltsev.
Un hombre de la confianza de Putin en La Habana
El ministro de Interior de Rusia, Vladimir Alexandrovich Kolokoltsev, llegó a La Habana el miércoles 21 de enero en una visita oficial. Las autoridades de la isla han querido transmitir la importancia de la visita con una recepción a Alexandrovich en el Palacio de la Revolución, donde fue recibido el General de Ejército Raúl Castro, expresidente del país, donde, según Prensa Latina, “intercambiaron acerca de las excelentes relaciones entre las dos naciones” y manifestaron la voluntad de “trabajar con el propósito de fortalecer esos vínculos”.
Aunque la agenda del ministro ruso no ha sido detallada públicamente, los medios oficiales han subrayado la intención de profundizar los vínculos decooperación entre Moscú y La Habana en materia de seguridad y orden público, sin divulgar aún acuerdos concretos ni cronogramas. Kolokoltsev, quien ha sido ministro del Interior de la Federación de Rusia desde mayo de 2012 y ostenta el rango de General de la Policía, es una figura cercana al presidente Vladimir Putin.
Xi Jinping aprueba una ronda de ayuda urgente
En paralelo, el presidente chino Xi Jinping ha aprobado una ronda de ayuda emergente a Cuba, que combina apoyo financiero y asistencia alimentaria. El paquete, comunicado oficialmente por el embajador chino en La Habana, Hua Xin, incluye 80 millones de dólares en asistencia financiera (unos 68,4 millones de euros) para la adquisición de equipamiento eléctrico y otras “necesidades urgentes”, junto con un donativo de 60.000 toneladas de arroz. 
El imperialismo de Trump amenaza la influencia sino-rusa
La intención explícita de Estados Unidos de dominar el hemisferio occidental y detener la influencia de potencias rivales como China y Rusia está claramente articulada enla Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que afirma que Washington busca “negarnos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas o capacidades amenazantes, o de poseer y controlar activos estratégicamente vitales” en su entorno regional, una meta que se traduce en acciones coercitivas, arancelarias y presión militar en América Latina. La Casa Blanca no quiere otros competidores en el que históricamente ha considerado su “patio trasero”.
Esta orientación geopolítica se refleja también en amenazas sobre enlaces comerciales clave como el Canal de Panamá y Groenlandia, que Trump ha señalado como determinantes para la “seguridad nacional estadounidense”. Así como el control directo o indirecto de recursos naturales; destacando las presiones al nuevo gobierno boliviano para revertir las concesiones de explotación de litio y otras tierras raras a empresa chinas y rusas; o el control que Washington quiere ejercer sobre el petróleo venezolano.