Pero, mientras, amanecer cada día con la tremenda sensación de que el túnel oscuro que recorría la sociedad cubana ya no se sabe si tiene luz al final, pues, lo que es peor, no sabemos si el túnel todavía existe o si este es el destino que le ha tocado a un país de donde tanta gente se va, tanta gente quisiera irse si tuviera adónde y que cada vez se parece más a ese distópico “país de las últimas cosas” que pintó en su novela Paul Auster, porque entre las últimas cosas perdidas, ya para muchos también se han esfumado las esperanzas y temen que ocurra lo peor, sea lo que sea lo peor.