Crecen las protestas contra el gobierno turco

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Es la segunda jornada de protesta en Estambul contra la construcción de un centro comercial en un parque, que se convirtió en un pedido de renuncia del Gobierno del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, quien advirtió que «la policía está haciendo su trabajo».

Télam

Los uniformados enviaron un importante contingente antidisturbios al barrio de Besiktas, a 3 kilómetros de la plaza Taksim, donde ayer se produjeron graves enfrentamientos.

Allí cortaron las calles y dispararon gas pimienta y agua desde camiones hidrantes contra varios miles de turcos que llegaron desde el lado asiático de Estambul cruzando el puente sobre el Bósforo.

Los heridos hasta hoy por la brutalidad policial se cuentan por centenares, le dijo a la agencia EFE un médico de uno de los hospitales en los que se refugiaron varios manifestantes.

Al menos 80 personas fueron detenidas y varios profesionales sanitarios confirmaron la muerte del al menos una persona. Sin embargo, la ausencia de comunicados oficiales y la negativa incluso de los hospitales de emitir partes a los medios, hace muy difícil el trabajo de la prensa.

Erdogan habló hoy por televisión y advirtió que «la policía está haciendo su trabajo, y seguirá cumpliendo su misión. Es así en todos los lugares del mundo en los que se alzaron movimientos sociales contra el Gobierno».

Esa fue la primera declaración que hizo el premier turco en relación a los incidentes desatados. Luego agregó que «antes de las elecciones prometimos a nuestro pueblo realizar el proyecto de Taksim y lo haremos».

Erdogan cargó también contra Estados Unidos y la Unión Europea, a quienes criticó por lo que consideró mensajes de apoyo a los manifestantes emitidos desde Washington y Bruselas.

El premier turco amenazó con que la oposición «puede reunir a cien mil personas en el lugar, pero con mi partido puedo reunir a un millón».

Todo comenzó en el pequeño parque de Gezi, un zona arbolada de 3 hectáreas situada junto a la plaza de Taksim, centro neurálgico del lado europeo de Estambul.

Allí decidieron acampar un grupo de activistas para evitar que el Gobierno talara los árboles para construir un centro comercial.
«Nos da igual lo que ellos hagan. Nuestros planes de refundar la historia seguirán adelante», declaró el primer ministro turco, el pasado miércoles por la mañana.

Para entonces, los acampados en Gezi ya habían sufrido un desalojo y, en consecuencia, su número se había cuadriplicado.
Con cada desalojo llegaron más manifestantes y ayer por la mañana comenzaron los enfrentamientos más graves con la policía, que se prolongaron durante toda la noche.

«Los árboles eran un símbolo que nos unían a todos de una forma apolítica», argumentó Gokhan Yilmaz, un joven estudiante de filosofía que se unió ayer a la causa.

«No tiene un color político concreto. La gente explotó contra el Gobierno, que durante una década se comportó de manera autoritaria», agregó.

Las paredes de Estambul se llenaron de pintadas con la leyenda `Hukumet istifa` (en turco: que renuncie el Gobierno), un clamor común entre los manifestantes y partidos políticos a excepción del gobernante.

El líder de la oposición, Kemal Kilicdaroglu, que organizó un acto político hoy en Estambul, exigió al Gobierno que retire a la policía de Taksim.

Como ocurrió en otros acontecimientos ciudadanos similares a los que se están presenciando en Estambul, no existe una sola crítica política. Una serie de motivos provocaron la indignación que explotó en las calles de Estambul y en más de 40 ciudades del país.

Incluso votantes de Erdogan, un islamista moderado, del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), criticaron a la agrupación a través de las redes sociales durante todo el día de hoy.

Los manifestantes recordaron la reciente ley que restringe notablemente el consumo y la venta de alcohol en la calle. Se decidió apenas unos días después de expresar su intención de declarar el ayran (una bebida basada en yogur aguado) como la bebida oficial de Turquía.

«Erdogan usa el islam para justificar todo», explicó un manifestante a EFE.

El Gobierno fue criticado por un importante sector de la población turca de legislar partiendo únicamente de su perspectiva religiosa.