Contribución para un eventual debate filosófico y político entre chavistas

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MARIO SANOJA-IRAIDA VARGAS| La rebelión de los movimientos sociales como los bolivarianos está convirtiendo a las/los intelectuales tanto de la vieja izquierda como de la nueva derecha venezolana, en una nota al pié de página de la historia de la sociedad comunitaria socialista que se está estructurando.
ven maduro y giordani
El socialismo comunal

Carlos Marx nunca construyó una teoría de la transición hacia el comunismo. Como buen filósofo, esa tarea se la dejó a los revolucionarios que tuvieron la audacia de aplicar en la práctica concreta sus tesis revolucionarias.

Aquellos revolucionarios audaces, como fue el caso de Lenin, Trostky, Mao, Fidel, El Ché y Hugo Chávez, entre muy pocos otros, no se limitaron solamente a interpretar el pensamiento marxista, sino por el contrario aportaron enormes conocimientos e insumos para esa teoría de la transición socialista que, en todos los casos, está determinada por el contexto concreto, sociohistórico y cultural donde viven los pueblos que se alzan en revolución contra el capitalismo.

Una de las determinantes de la Revolución Bolivariana es, a nuestro juicio, la construcción del poder popular que se objetivará en una futura sociedad comunal socialista. La economía y las finanzas y su subproducto el rentismo petrolero son en Venezuela parte del problema, no la solución. Lo vemos particularmente en la presente coyuntura, cuando la derecha quiere convertir el fracaso personal del Ministro Giordani en la conducción de las finanzas públicas, en el fracaso de la Revolución Bolivariana.

Se trataría más bien de una compleja realidad que debe ser analizada: el fracaso de lo que nos atreveríamos a llamar, en nuestra ignorancia, la implementación de las teorías monetaristas insertadas en el pensamiento marxista que ha tratado de avanzar la vieja izquierda venezolana desde hace décadas; esto lo han llamado economistas marxistas modernos como el diseño de una reproducción macroeconómica alternativa donde se entrelazan el proceso de reproducción del capital social y el de las clases sociales.

Los modelos macroeconómicos, dentro de un proceso revolucionario como el venezolano, no pueden divorciarse, pues, de la realidad sociocultural de la principal fuerza productiva, el trabajo humano. El fundamento del socialismo venezolano reside, en nuestra opinión, en lograr una restructuración desde abajo, de las relaciones de producción y de las fuerzas productivas que conforman la solución al problema, restructuración que necesariamente debe pasar por varias fases, a saber:

1) Mejoramiento de las condiciones materiales de vida de la población venezolana a través de medidas que, como decía Engels, regulen la propiedad privada, garanticen la existencia del poder popular y permitan crear las condiciones de vida necesarias para dar el salto cualitativo hacia una nueva formación social. Las misiones sociales creadas por el Comandante Chávez, enfatizadas y ampliadas por el Presidente Maduro, son evidencia palpable de ese proceso.

2) Reconocimiento del poder popular constituyente como motor del desarrollo socialista, señalando concretamente tanto el papel que deberían jugar en la experiencia revolucionaria bolivariana las comunas y los consejos comunales, como la emergencia de nuevas subjetividades enfrentadas al poder constituido para la construcción de un Estado comunal de nuevo tipo.

Visión territorial del poder popular y la sociedad comunal

A partir de estas primeras décadas del siglo XXI, la construcción de una sociedad comunal socialista venezolana, tal como propone el Proyecto Nacional de la Revolución Bolivariana, necesitará producir una visión cartográfica, un nuevo mapa del espacio nacional y regional que contenga todas las variables fundamentales del poder popular: los consejos comunales y las comunas, integradas con las redes socioproductivas y socioculturales de salud, vivienda y hábitat generadas a través de las distintas misiones, lo cual permitiría visualizar cartográficamente cómo se articula la cadena de valor de las materias primas y servicios, diversificando la producción para satisfacer las necesidades económicas y sociales de la población. De esta manera, se mostraría visualmente a los venezolanos y venezolanas cómo efectivamente aquellas redes socioculturales y socioproductivas transversales funcionan como un hinterland que circunscribe los centros urbanos, estimulando la circulación, la distribución y el consumo de bienes y valores: mostrando en planta el nuevo mapa del territorio socialista generado por la acción combinada de las diversas misiones.

Es igualmente evidente a este respecto que el Gobierno de Calle que desarrolla en la actualidad el Presidente Maduro le confiere particular visibilidad y protagonismo al movimiento comunal venezolano, señalando la capacidad de la población organizada en los consejos comunales y las comunas para, primero, diagnosticar sus problemas más urgentes, para luego participar tanto en la ejecución de obras como en la tarea de supervisar y dar seguimiento de manera convincente, al destino de la inversión gubernamental en obras sociales.

En relación a ese proceso podemos decir –como anotaba Mészáros– que el proceso del trabajo humano como actividad productiva es la condición absoluta del proceso de reproducción; el cambio histórico que supone el movimiento comunal socialista tiene que ir más allá del capital como modo de control metabólico social para superar radicalmente la subordinación estructural jerárquica del trabajo a cualquier otra fuerza controladora extraeconómica, con la finalidad de cambiar la forma histórica específica en las que se ha producido, hasta ahora, la extracción y la apropiación del plustrabajo en la sociedad capitalista venezolana.

El capital está todavía profundamente incrustado en todas las áreas de la cultura y la sociedad venezolana, por lo cual, si bien ha sido y es capaz de dominar e intervenir a su favor el proceso de reproducción social, se revela incapaz para resolver los problemas y contradicciones que crea su accionar sobre la sociedad. Abolir o al menos neutralizar las instituciones específicas que sostienen la hegemonía del capitalismo debe ser, es el primer paso revolucionario hacia la construcción de un nuevo bloque histórico del poder socialista representado por la sociedad y el Estado comunal socialista. Ello será posible si se construyen y amplían las redes socioproductivas comunales no capitalistas, particularmente aquellas vinculadas específicamente con la producción, la distribución, el cambio y el consumo de bienes y servicios de uso cotidiano.

La nueva geometría del poder: comunas y consejos comunales

Las revoluciones del pasado, dice Mézsarós, eran de carácter esencialmente político, cambiaban a los representantes del capital que ejercían el dominio sobre la sociedad pero dejaban a la inmensa mayoría del pueblo en su posición de subordinación estructural al poder burgués. En la revolución comunal socialista bolivariana el poder popular, que según el artículo 5° de la Constitución Bolivariana reside intransferiblemente en el pueblo, debe tener un carácter constituyente, de revolución permanente; la transformación social no puede quedar restringida a los cuadros políticos que ejercen el dominio político.

El espacio, dice Massey, es la construcción relacional de las subjetividades. Por tanto, para que nazca una nueva sociedad organizada territorialmente en colectivos situados históricamente más allá del capital como modo de control metabólico social, es necesario que el fundamento de la misma resida en los consejos comunales y las comunas, sociedad que, como totalidad, sea capaz de llevar adelante el concepto de revolución para alcanzar una sociedad comunal socialista.

La historiografía tendría en este caso, como tarea, explicar ideológicamente cómo y por qué funcionan en nuestra sociedad capitalista venezolana las relaciones de poder entre el bloque histórico dominante y el subordinado, cómo inciden las relaciones de producción en la desigualdad social y ésta en la construcción del espacio como mercancía.

Comunas socialistas y economía planificada

La construcción de una sociedad socialista venezolana se ha iniciado a partir de la construcción de un espacio social donde los consejos comunales y las comunas deben constituir la célula fundamental del Poder Popular. En la medida que el proyecto constituyente socialista comunal se desarrolle, tenga éxito y se constituya como una nueva hegemonía cultural en el Consejo Nacional Presidencial de las Misiones, como ha enfatizando reiteradamente el Presidente Maduro, su coherencia interna determinará la concreción del proyecto nacional contenido en nuestra avanzada Constitución Bolivariana, la cual reconoce y legitima de jure la existencia de una Sociedad Comunal Socialista que esté al servicio de los intereses de los seres humanos y no de los intereses del capital.

En este sentido, una economía planificada en términos de la Revolución Comunal Bolivariana, debe servir para el logro de los intereses colectivos, no de los individuales, prescindiendo de los intereses de los mercados para el diseño de la asignación de recursos, creando un entorno descentralizado, dominado por el poder popular comunal, que legisle efectivamente sobre los instrumentos legales y administrativos que deben regir tanto las relaciones transversales entre la sociedad comunal popular y el Estado socialista, como la participación relacional activa entre los medios socializados de producción, los productores y los consumidores.

En palabras de Víctor Álvarez: “…Un gobierno socialista es aquel que prioriza lo social; es decir, que garantiza el derecho de todos los ciudadanos al empleo, la alimentación, la educación, la salud, la vivienda, etc… luchar contra el desempleo, la pobreza y la exclusión social… garantizar a todos los ciudadanos el pleno disfrute de sus derechos sociales básicos y esenciales con el fin de lograr el desarrollo humano integral de todas las personas…”

La política cultural socialista: fundamento ideológico del cambio revolucionario

La condición esencial para garantizar la transición de la presente fase hacia la sociedad comunal socialista, es la formulación de un proyecto cultural educativo destinado a formar los valores sociales y culturales, la conciencia crítica y reflexiva que debe animar a los ciudadanos y ciudadanas para que construyan y hagan crecer el socialismo.

Como hemos expuesto en otra de nuestras obras dedicada a analizar los contenidos históricos, culturales y sociales de la Revolución Bolivariana:
“… Todo Estado nacional incluye en su proyecto político, pues, la producción y reproducción institucionalizada de una cultura, lo que equivale decir, que todo proyecto político es en sí mismo cultural y posee una expresión cultural. Una nación, entonces, como proyecto político, es un hecho cultural…”

La construcción del socialismo es parte consustancial de la lucha de clases, de la movilización ideológica donde deben prevalecer los sujetos políticos revolucionarios. Esta movilización ideológica, como dijo Lenin, es condición necesaria para que el pueblo pueda identificar aquel objetivo decisivo como una conclusión que se impone racional y culturalmente a partir de la educación, para que logre definir claramente lo que es posible lograr en esta fase de la lucha y –particularmente- cómo se podría dar la construcción del socialismo

Para planificar con la meta de alcanzar la hegemonía socialista bolivariana, el planificador debe estar consciente que Venezuela no es un país abstracto. El pueblo venezolano es concreto; tiene una historia y una cultura singulares cuya dialéctica debe ser aprendida, analizada y asumida para que las decisiones del planificador/a no vayan a contracorriente de las decisiones del poder popular. Para conformar la Venezuela Revolucionaria es necesario comenzar a cambiar los términos de referencia social y habituarnos a continuar con y fortalecer el diseño de los procedimientos e instrumentos necesarios para desarrollar el Poder Popular.

La elaboración de políticas culturales revolucionarias para ganar la mente y el corazón de los ciudadanos y ciudadanas, distintos a las de la cultura burguesa, es el componente más estratégico para la construcción del socialismo. De ellas depende, como escribió Rodolfo Quintero “…si se actúa con buena decisión y dirección, que se logre humanizar los grupos de venezolanos e igualmente a los ciudadanos de otros países que hacen vida en nuestro país, quienes han sido deshumanizados-as por el capital extranjero en sus países de origen, alejándolos simultáneamente de sus tradiciones, de su pasado histórico y cultural, haciendo que su medio social y natural, su lengua, sus costumbres, sus valores morales y sus ideales sean extraños a esos pobres seres, cuya mente ha sido disociada sicóticamente por las campañas mediáticas traidoras para que acepten como suyos los del colonizador extranjero…”

La política del Frente de Liberación Nacional

En los países subdesarrollados, dependientes y neocolonizados como ha sido el caso de Venezuela, las oligarquías empresariales antipatriotas locales forman el núcleo duro de los enclaves transnacionales que reproducen el atraso y la dependencia, hechos que sustentan la hegemonía del actual bloque capitalista venezolano. La filosofía empresarial secular que ha animado y anima a la mayoría de sus integrantes ha sido: que el gobierno ponga los capitales y los esclavos mientras ellos se ocupan de acrecentar la tasa de ganancia..

Para combatir esa tendencia perversa, como ya lo inició el Comandante Chávez, el Estado socialista bolivariano debe fundamentar su hegemonía económica y política en la nacionalización, total o parcial, de los medios básicos de producción, particularmente aquellos dedicados a la producción de energía, el mantenimiento de la soberanía financiera (Banco Central de Venezuela, entre otros), a la producción de alimentos que sirve de fundamento a la soberanía alimenticia, a la producción de servicios en el área de la comunicación, la información, la cultura y la educación.

En una primera fase de la formación de dicho Frente, tal como está haciendo el gobierno revolucionario del Presidente Maduro a través de las Mesas de diálogo, es necesario en la presente coyuntura nacional e internacional, hacer alianzas con el sector productivo capitalista que controla el 70% de la economía venezolana. Por otra parte, para construir al mismo tiempo el sector socialista comunal es necesario fortalecer la producción y desmontar el rentismo favoreciendo un sistema socialista construido desde abajo, donde el sector social comunal y el Poder Popular constituyan el fundamento de la nueva hegemonía política y cultural

Es necesario resaltar el hecho que la construcción del socialismo en muchos países que como Venezuela se hallan en la periferia del poder capitalista mundial, ha pasado y pasa actualmente por una fase o frente político de lucha por la liberación nacional dentro de la lucha de clases, donde pueden tener cabida igualmente los capitalistas nacionales patriotas y honestos, frentes que de manera similar facilitaron la lucha por la liberación nacional en países como Argelia, Vietnam, Iran, Nepal, China, Nicaragua, EL Salvador, entre otros.

Como podemos ver, los movimientos sociales tienen que organizarse como clase en su propio país ya que éste es la palestra inmediata de sus luchas, aunque dicha lucha, como decía Marx es nacional, no por su contenido, sino por su forma.

De lo anterior se desprende que es necesario reconocer que la vía democrática hacia el socialismo designa, no nada más un cambio de gobierno, sino un proceso largo, cuya primera fase implica la impugnación de la hegemonía del capital monopolista que, como apuntaba Poulantzas, no contempla la subversión radical de todo el núcleo de las relaciones de producción, a riesgo de que las oligarquías subsidiadas por el imperialismo estadounidense puedan y logren efectivamente sabotear los procesos revolucionarios, proceso que ocurrió en Cuba y Nicaragua y ocurre en este momento en Venezuela.

En momentos como el presente, cuando la Revolución está sometida al fuego cruzado de la ofensiva imperialista, el deber de los revolucionarios es asumir con templanza y seriedad la crítica constructiva que ayude a transformar en victoria los errores de juicio que –lógicamente- se cometen al pretender transformar en bondades para el pueblo la huella histórica de desigualdades, pobreza, injusticia social y dependencia heredadas del capitalismo que han menoscabado la soberanía, al mismo tiempo que combatimos el enemigo imperial que está a nuestras puertas tratando de destruir los extraordinarios logros sociales de la Revolución Bolivariana.

*Mario Sanoja Obediente, Dr. en Antropología. U.C.V./Dra. Iraida Vargas Arenas, Dra. Cum Laude en Historia. Universidad Complutense. Madrid