Colombia: viraje en política exterior y la relación con Venezuela

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Leopoldo Puchi

Por lo general, cuando dos países fronterizos entran en conflicto o rompen drásticamente relaciones diplomáticas, lo hacen por disputas territoriales, el control de recursos naturales, por motivos étnicos, comerciales o por nacionalismos exacerbados. Ninguna de estas circunstancias fue la causa de la completa clausura de relaciones de Colombia y Venezuela que tuvo lugar a partir de 2019.

No ha sido una pelea de “hermanos siameses” inmaduros, como se intenta presentar los hechos ahora, desde una narrativa que sirve como un manto que disimula el papel determinante jugado por importantes países movidos por sus intereses geopolíticos.

El tablero

En el tablero mundial, Colombia no fue sino una pieza más en la estrategia política diseñada en una capital de Occidente, Washington, por un equipo presidencial, el de Donald Trump, con apoyo bipartidista.

Por supuesto, ocurrió así porque una porción muy importante de su clase dirigente, la que detentaba las riendas en la Casa de Nariño para ese entonces, está condicionada en una mentalidad propicia para esa actuación y articulada con los intereses que pautaron las acciones.

Rivalidades entre venezolanos y colombianos las hay, claro está, y hasta por la música o la gastronomía hay polémica, pero ese no fue el motivo de la ruptura, que se produjo a consecuencia de la política elaborada para provocar un ‘cambio de gobierno’ en Venezuela.

El plan

El plan fue elaborado sin tomar en cuenta sus verdaderas posibilidades de éxito, pero no era contrario al objetivo trazado mucho tiempo antes, cuando se definió a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria, lo que condujo a que se declarara una emergencia nacional.

La razón de la decisión es que Venezuela se había separado de la zona de influencia estadounidense, lo que es considerado por Washington como una alteración del “orden internacional basado en reglas”.

La base

Se esperaba que en enero de 2019 se produjera un pronunciamiento militar, pero no ocurrió. Es a partir de ese momento que Colombia se convierte en base territorial de operaciones del plan. Esta vez, el ingreso de ayuda humanitaria desde Cúcuta sería la ocasión para que se produjera una fractura militar.

Pero tampoco ocurrió y entonces la base se utilizó para operaciones de un signo más aventurero, como la operación Gedeón, que se intentó abortar a última hora y luego fue negada.

El viraje

En un artículo del Wall Street Journal se señala que “el nuevo presidente de izquierda restablece los lazos que se cortaron en 2019 junto con la campaña de Washington para aislar a Caracas” y se indica que “la reanudación de las relaciones marca un viraje para Colombia, el principal socio de Estados Unidos en América Latina”.

Efectivamente, con esta decisión, Bogotá se separa de la política de Washington consistente en reconocer un gobierno paralelo, aplicación de sanciones económicas y aislamiento diplomático. Esto pertenece al pasado y Colombia ya no es “La Base”.

La vecindad

De ser así, quedan entonces pendientes los problemas propios de dos países vecinos con 2.219 kilómetros de fronteras. El embajador Armando Benedetti ha dicho que cuatro millones de colombianos viven en Venezuela y se estima por encima de dos millones los venezolanos que viven en Colombia. La atención a estas poblaciones será una de las prioridades.

Por otra parte, la apertura de la frontera debe abordar los problemas de seguridad derivados de la producción de drogas y del conflicto armado colombiano que se despliega en la zona fronteriza.

Monómeros

En las relaciones de los dos países ocupa un lugar especial el intercambio comercial. Un asunto delicado, capaz de generar tensiones hasta entre los mejores amigos, cada uno atento a que el otro no saque ventaja. De manera que hay que construir sin avorazamiento, con tino y cautela, un esquema de relaciones beneficioso para los dos países.

El asunto de Monómeros es muy delicado. En razón de las sanciones, aunque de distintas maneras, Venezuela tiene en vilo sus activos en el exterior: el oro, un avión, la refinería Citgo, depósitos bancarios. Más que una venta forzada por las sanciones estadounidenses, se debe explorar esta vez el ejercicio de una presión conjunta de las repúblicas hermanas para que se alivien, al menos en este caso, las sanciones.

Está en le interés pragmático de ambas naciones y también en el de los ideales de la espada protagonista de la toma de posesión de Gustavo Petro. Los símbolos tienen sentido solo si inspiran conductas.