China, Joe Biden y Venezuela

Leopoldo Puchi

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William Burns, jefe de la CIA, la agencia de inteligencia de Estados Unidos, estuvo en Colombia y Brasil. Seguramente, por tratarse del ámbito particular en que están envueltas las actividades de los servicios secretos, las agendas fueron reservadas y sigilosas.

De acuerdo a algunos reportes, Jair Bolsonaro comunicó a su entorno que se había discutido sobre China, la situación en Venezuela y de varios países suramericanos, como Argentina, Chile y Bolivia.

En realidad, una agenda con una temática congruente, China y Suramérica en un mismo momento, aunque la costumbre nos haga pensar que el Lejano Oriente está tan distante que poco tiene que ver con la política de nuestros países latinoamericanos.

CHINA

El ascenso de gobiernos progresistas en la región lleva implícita una ruptura con el modelo según el cual los países del hemisferio son una zona subordinada a los límites comerciales, económicos, financieros y militares trazados de acuerdo con los intereses estadounidenses y las políticas diseñadas por ese país.

En esta perspectiva, el ascenso de las fuerzas progresistas choca con la política aprobada en Estados Unidos dirigida a enfrentar a China, considerada como adversario principal. Se trata de una política de Estado, que se concretó en el período de Donald Trump y se desarrolló bajo su impulso, pero que hoy es asumida por la élite dirigente en su conjunto, demócratas y republicanos.

Los frentes son diversos, del comercial al militar, por lo que se habla de una “guerra”. Por ejemplo, las acciones destinadas a impedir la participación de la empresa china Huawei en las futuras redes 5G no responden a un simple pulso de precios y calidad, sino que se hace bajo presiones de poder político y mandatos imperativos alejados de la libertad de comercio. La fuerza por encima de la competitividad y el poderío militar sobre las ventajas económicas.

BIDEN

A diferencia de la Guerra Fría, la presencia China en Latinoamérica es grande, al haberse convertido en un socio comercial ineludible, que invierte y compra alimentos y materias primas, lo que será indispensable para la recuperación económica.

“Biden ahora debe elegir cómo reaccionar ante estos desarrollos”, señala Jesse Jackson, quien añade: “Biden debe resistir el curso fácil de intentar revivir una nueva guerra fría con China en la región y usar eso como una excusa para socavar a los gobiernos progresistas”.

Sin embargo, quizás no sea mucho lo que pueda o esté dispuesto a hacer el presidente estadounidense para detener esa deriva, ya que las fuerzas decisivas en Washington han designado la contención de Beijing como objetivo hemisférico. Se abren las aguas y se insinúa que “quién no esté conmigo está contra mí”. De allí que ahora, por nuevas razones, los gobiernos que escapen del dispositivo geopolítico estadounidense serán objeto de presiones de distinto signo. La doctrina Monroe ha encontrado un nuevo aliento en el enfrentamiento con China.

VENEZUELA

En este marco de tensiones se inscriben los viajes de Craig Faller, del Comando Sur, y de Burs, director de la CIA. Hasta el momento, no ha habido anuncios formales sobre Venezuela, aunque Nicolás Maduro dio a conocer que disponía de informaciones de fuentes seguras, según las cuales una parte de las gestiones de Burns tendrían que ver con una nueva ofensiva para un cambio de gobierno, que incluiría la ejecución de atentados contra el propio Presidente.

Maduro dio a entender que el presidente Joe Biden no estaba en conocimiento de estos hechos, y se presume que la denuncia pudiera ser una alerta para que Washington controle o desmonte operaciones encubiertas manejadas de forma indirecta y con poca claridad en las líneas de mando, como ha sucedido en muchas ocasiones en varios escenarios del mundo.

«SUAVE»

Sin embargo, ni operaciones directas ni indirectas encajan con la nueva estrategia anunciada por los equipos de Biden, en la que se pasa de un esquema de derrocamiento por la fuerza a una estrategia de poder que utiliza los mecanismos electorales.

Esta fórmula ha sido expuesta en la declaración conjunta de EEUU-UE-Canadá, que ha ido de la mano de Josep Borrell, a quien Washington ha autorizado para que explore la nueva modalidad de intervención extranjera “suave”.

Habría que ver hasta dónde llega el compromiso con esta nueva política o si simplemente se ha hecho una concesión transitoria a los grupos progresistas del partido demócrata que tanto hicieron por la elección de Biden.