Chávez en la cresta de la historia mundial

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MARIO SANOJA OBEDIENTE | Nunca como ahora una elección presidencial en Venezuela ha tenido tanta repercusión en la política latinoamericana y en la mundial en general. La presencia del Presidente Comandante Chávez en la política  mundial desde el momento de su primera elección en 1998, coincidió con el agravamiento de la crisis estructural del capitalismo mundial. Cuando hablamos de capitalismo no aludimos solo a su dimensión financiera, sino también  a su dimensión sociocultural e ideológica, que ha permitido hasta el presente su  reproducción ampliada como sistema mundial.

La tesis del ajuste neoliberal, que ha hecho implosión en todo el mundo, parece corresponder, como lo establecieron Marx y Engels, con la fase final de hiper-concentración del capital. Los capitalistas: banqueros, empresarios y especuladores de toda laya se dedican de manera obcecada a obtener la mayor rentabilidad de sus inversiones en todo el mundo, a hiperexplotar la fuerza de trabajo. a costa de destruir las mismas fuerzas productivas que hacen posible su enriquecimiento.

El  capital –no el capitalismo- es una fuerza social que tiene también sus propias leyes de reproducción. El capital alude a la riqueza social que ha creado y siguen creando las mujeres y hombres, la Humanidad, en todo el planeta. El capitalismo alude a la utilización de esa fuerza social para el beneficio y enriquecimiento de una minoría  privilegiada vía la creación del Estado burgués, el cual legaliza la conversión de la fuerza social del capital en un mecanismo para explotar y depredar el trabajo y la creatividad de las mujeres y hombres que son los verdaderos creadores y dueños de la riqueza.

En Europa occidental, así como también en los Estados Unidos, el Movimiento de los Indignados y el Movimiento Occupy  se oponen a utilización del capital, fuerza social que pertenece a todos, como mecanismo de explotación que beneficia exclusivamente a la minoría de banqueros, empresarios y sus adláteres que conforman el 1% de la población.

En Francia, a diferencia del resto de Europa, el movimiento social anticapitalista ha comenzado a estructurarse con base a un frente  político de izquierda que agrupa ya no solamente a comunistas y socialistas, sino que también acoge a diversos movimientos sociales antisistema o que luchan por la justicia social. En determinadas regiones de París o de su periferia e incluso  en otras ciudades donde dominan los inmigrantes o sus descendientes en primera o segunda generación, el movimiento anticapitalista asume fuertes connotaciones étnicas y culturales. De allí, las posturas xenófobas de la fascista Marie Le Pen y del mismo Sarko.

Todo lo anterior nos remite a los planteamientos que ha hecho nuestro Comandante Presidente en relación a los movimientos sociales los cuales –ha dicho- solo pueden trascender históricamente si se convierten en una fuerza política para la toma del poder. En Francia, el socialismo neoliberal desgajado en parte del viejo PCF y de la desmelenada SFIO se aliaron con la burguesía para la toma del poder…en beneficio de los banqueros, planteando que la Europa Social, fruto de la luchas centenarias de los trabadores y trabajadoras y de los verdaderos intelectuales de la izquierda progresista, era una conquista burguesa que representaba algo así como el fin de la lucha de clases. Así convencieron a la mayoría de la población francesa (así como también a la española y a otras) que hoy sufre los embates de la miseria y la injusticia social capitalista, que ellos constituían el ápice del Progreso Humano, ese mismo progreso que hoy nos intenta vender como contrabando el candidato de la derecha venezolana.

La sed de enriquecimiento que mueve al 1% de seguidores y aprovechadores del neoliberalismo, el ansia de acumulación desenfrenada de riqueza y poder, ha destruido -más allá de toda esperanza- el futuro feliz que la burguesía había prometido a la sociedad europea y a la estadounidense.

A finales del siglo XX la consigna de los movimientos sociales progresistas era: un nuevo mundo es posible y necesario. El movimiento social bolivariano, guiado por Hugo Chávez Frías demostró en el siglo XXI que para hacer realidad ese nuevo mundo hay que tomar el poder democráticamente. Ese nuevo mundo que es posible y necesario, se debe y se puede construir exitosamente con la participación mayoritaria y voluntaria del poder popular, contrariamente al paquete de rutinas politicas corruptas y de  prácticas ideológicas totalitarias que la derecha neoliberal venezolana y su nuevo hombre de paja, Capríles Radonsky, intentan presentarnos como un “novedoso” programa de gobierno.

Por esa razón el Presidente Comandante nos alerta sobre las maniobras de la derecha imperial. La experiencia revolucionaria y democrática venezolana, como ya hemos dicho y comprobado en nuestros contactos con otros pueblos, es un faro que alumbra el camino de las luchas sociales de los pueblos que buscan liberarse de la opresión capitalista neoliberal. De allí el afán del Departamento de Estado estadounidense y sus cómplices por financiar a todos aquellos rábulas que conspiran para destruir la Venezuela Social. Pero no lo lograrán: el cambio histórico, libertario  y democrático ocurrido en Venezuela con la Revolución Bolivariana, es ya demasiado profundo y radical. El pasado  político representado por la IV República y sus pobres personajes,  solo existe hoy como dato para los estudiosos de la historiografía de Venezuela. Por eso es que no volverán a gobernar nuestro país.