Caso Snowden: Rusia tiene la palabra ¿o no?

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MARCOS SALGADO | El ex informático de la NSA Edward Snowden solicitó asilo en una veintena de países. Dos, Nicaragua y Venezuela, acusaron recibo del pedido y le dijeron formal y públicamente que sí. El tema parece resuelto, pero ni tanto. 

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Desde una dirección oficial de correo del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información de Venezuela se envió en la noche del martes la reseña de las declaraciones del canciller Elías Jaua a la multiestatal Telesur, con un título sugerente: “la ausencia de Snowden en Venezuela limita su posibilidad de asilo”.

«Hay una realidad, él está fuera del país, atrapado en una zona de tránsito del aeropuerto de Moscú, y es una realidad que limita la posibilidad inmediata del asilo», dijo textualmente el canciller venezolano. El lunes, el presidente Nicolás Maduro había dicho: “el tiene que confirmar que quiere venir para acá”.

¿Qué están diciendo con estas declaraciones las autoridades venezolanas? Que en Caracas ya se tomó la decisión de asilo, ahora es Snowden el que debe mover las piezas. “Se acordará con Rusia la seguridad para un eventual traslado”, aventuró el canciller Jaua, también el martes.

En suma, la decisión ahora la tiene Snowden. O mejor, Rusia. Como en los tiempos de la Guerra Fría, el Kremlin debe decidir hasta qué punto está dispuesto a incomodar a la Casa Blanca. Si garantiza una salida segura de Snowden hacia América Latina o lo deja flotando en el limbo diplomático (otorgándole, por ejemplo, un salvoconducto para que ingrese en la embajada de Venezuela en Moscú). Por ahora, Moscú ha dado señales de que no quiere más líos que los que se ganó hasta ahora, permitiendo la llegada de Snowden a su territorio.

Pero las soluciones «light» están descartadas. Las posibilidades de Snowden de llegar a Venezuela a través de vuelos comerciales parece nula. Hacerlo a través del vuelo SU150 de Aeroflot que casi todos los días vuela entre Moscú y La Habana y de ahí a Caracas (en un vuelo de la estatal venezolana Conviasa, por ejemplo) es imposible. La ruta regular de ese vuelo atraviesa de norte a sur todo el territorio estadounidense y se aproxima a La Habana desde Miami. Aterrizaje forzado en Atlanta, en vivo en CNN, y fin del cuento.

Descartada también cualquier escala en Europa, la única solución parece ser un larguísimo vuelo en un avión preparado para tal fin, en condiciones de sortear sucesivos (y sorpresivos) cierres de espacios aéreos. Muy difícil, o tal vez no. Es que la verdadera solución no es logística: es política.

Si Moscú tomara la decisión de colaborar con Venezuela o Nicaragua en el derecho de asilo político de Snowden puede hasta colocarlo en un submarino que emerja frente a “El Rey del Pescado Frito” en las costas venezolanas. ¿Por qué no? Es sólo una cuestión de decisión política. Y de sopesar la decisión política con la que responda Washington. Y arriesgar.

La pregunta es si Moscú está dispuesto a provocar a su nuevo mejor amigo, Estados Unidos. Porque convengamos que el asilo efectivo para Snowden es básicamente un cachetazo en el ego gringo. La más formidable señal (por su alcance mediático global) de la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en el mundo y en su patio trasero.

Deberíamos estar en días de definiciones en el caso del pasajero varado en Moscú. Si es que realmente está allí, por cierto. Si no es así, pedimos disculpas por estas disgresiones y pasamos a otro tema.

 

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