Cambio de época

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ELEAZAR DÍAZ RANGEL|Fue el presidente Correa quien alguna vez precisó que en la región se vivía no una época de cambios, sino un cambio de época. En efecto, cambios los ha habido en varios momentos de América Latina y del Caribe; políticos, económicos, etc., pero los cambios de época son más excepcionales.

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Lo hubo, por ejemplo, en el siglo XVIII con la Independencia. En los años más recientes, diríamos que desde 1998, cuando fue electo Hugo Chávez presidente, fue el punto de partida de cambios en Venezuela y en la región como nunca los hubo antes.

Con características especiales, todos fueron producto de elecciones, con organizaciones políticas con apenas nexos entre sí, algunos recién creados, sin que una potencia extranjera hubiese tenido influencia alguna, y sin una ideología común, como pudo ser el marxismo. En cambio, en todos ellos se observaban similitudes en la lucha contra la pobreza, por rescatar a los excluidos, por la independencia, la soberanía y la integración.

Contra todos esos gobiernos se desataron las iras del imperio, se desarrolla una campaña mediática nacional e internacional, y en la medida en que algunos de esos procesos fueron avanzando y haciéndose más radicales, la presión fue más intensa. Pero era la época la que cambiaba, y se hacían más sólidos los avances con la creación de Petrocaribe, la Alba, Unasur y la Celac, y el ingreso de Venezuela al Mercosur. Venezuela es vista como el epicentro de ese cambio y, particularmente, Chávez fue reconocido en la Cumbre de la Comunidad en Santiago de Chile donde, por unanimidad, se condenó el bloqueo a Cuba y se apoyó el reclamo argentino de las Malvinas. Por ese rol jugado por Chávez, atrae más agresiones que ningún otro líder. La canallada de El País es apenas un episodio.

El cambio también se expresó en el encuentro con la Unión Europea, que hasta hace años había sido un poder colonial sobre varios de los países de la Celac. Ahora hablaban de igual a igual, aunque con intereses distintos, en vista de las diferentes realidades económicas que atraviesan.

A lo lejos, y quizás desde muy cerca, desde Washington observaban lo que ocurría en la ciudad sureña. Los esfuerzos de la política estadounidense por aislar a Venezuela, reconocidos alguna vez por su embajador en Venezuela y comentados en esta misma página, han fracasado rotundamente. Nunca la política exterior venezolana ha tenido tantos lazos ni tanta influencia en América Latina y el Caribe, ni tantos nexos en el resto del mundo como ahora. Nunca, en ninguna época.

Aunque seguramente esa circunstancia es la que más afecta la política interamericana de EEUU, hubo otro hecho que simboliza como ningún otro este cambio de época. Fue la transmisión a Raúl Castro de la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. ¿Quién podía pensar hace apenas 10 años que la execrada Cuba asumiese el rol que juega ahora? Hasta los restos de Thomas Jefferson, de Henry Clay, James Monroe y John Quincy Adams, quien en 1823 consideraba a Cuba y Puerto Rico «apéndices naturales» de EEUU, se habrán removido en sus tumbas.

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