Cada año nuevo ¿renace la esperanza?
CLAE
La celebración del Año Nuevo el primero de enero se estableció hace más de 400 años, así que Donald Trump nada tuvo que ver con ello. A lo largo de la historia, diversas culturas celebraban el inicio del ciclo anual en fechas diferentes. Quizá lo único que tengan en común estas celebraciones (además de alguna intoxicación alimenticia o alcohólica) es el ánimo común de dejar atrás los desafíos del año que termina y cultivar la esperanza de hallar nuevas oportunidades.
Se dice que la celebración del Año Nuevo tal como lo conocemos hoy tiene su origen en 1582, cuando el Papa Gregorio XIII estableció el 1 de enero como el primer día del año, marcando el inicio de esta tradición en la mayoría de países del mundo moderno. Obviamente no hubo consulta popular para ello: el Papa dispuso y la cristiandad aprobó la imposición del primer mundo.
A lo largo de los siglos, las sociedades humanas desarrollaron distintos sistemas para ordenar el paso del tiempo, en función de sus creencias, actividades productivas y formas de organización colectiva. El calendario gregoriano es el resultado de una extensa sucesión de ajustes y consensos, y no una convención inmutable desde sus orígenes.

Obviamente no es el único sistema: aún subsisten calendarios alternativos al impuesto por el cristianismo, como el chino, que continúa marcando el inicio del año según ciclos lunisolares y tradiciones propias: este 2026 comenzará el martes 17 de febrero. Además, a cada uno de los nuevos años que se celebran en China se les asigna uno de los doce animales del zodiaco, pues de acuerdo con las leyendas locales, Buda fue el encargado de llamar a los animales que lo acompañarían en su partida desde la Tierra.
Las evidencias más antiguas de medición del tiempo se remontan a miles de años antes de nuestra era. Entre ellas figura un sistema descubierto en Escocia con una antigüedad estimada de 10.000 años, que da cuenta de la necesidad temprana de las comunidades humanas de anticipar ciclos naturales clave como las estaciones y las fases lunares.
Pese a su difusión, la fecha del Año Nuevo continuó siendo diversa durante siglos. En varios territorios cristianos, el inicio del año se celebraba el 25 de marzo, jornada vinculada a la Anunciación y al inicio simbólico de la vida de Jesucristo.
Pero héte aquí que en Mesoamérica, las civilizaciones prehispánicas desarrollaron calendarios en los que utilizaban combinaciones de ciclos: uno de 360 días, complementado por cinco días adicionales de ajuste, conocidos como Wayeb, y otro de 260 días. En la civilización maya, por su parte, el inicio del año podía ser alrededor del 16 de julio.
Este sistema gregoriano reemplazó al calendario juliano, instaurado por Julio César a mediados del siglo I a. C., y surgió como respuesta a la necesidad de corregir los desajustes acumulados en la medición del tiempo para que el calendario se alineara con las estaciones del año.
Por ejemplo, en la Antigua Roma, el año comenzaba en marzo. Hasta que llegó Julio César y reformó el calendario y estableció enero como el primer mes del año, en honor a Jano, el dios de las transiciones, quien era representado con dos rostros: uno mirando al pasado y otro al futuro.
Estás de estreno
El fin de año, como lo intuía el escritor uruguayo Eduardo Galeano, es un instante en el que el tiempo se vuelve consciente de sí mismo y nos mira a los ojos. No se acaba nada del todo, pero algo se mueve. Utiliza el cambio de año como símbolo para cuestionar la idea de cierre definitivo y para subrayar la continuidad de la vida, más allá de los calendarios.
“Entre brindis heredados y balances improvisados, descubrimos que vivir no consiste en cerrar etapas con pulcritud, sino en seguir caminando con lo aprendido a cuestas, incluso con lo que duele. El año nuevo no llega limpio: llega humano. Trae las mismas preguntas, pero formuladas desde otro ángulo, y nos invita, sin prometer nada, a volver a intentarlo con más memoria, más ternura y un poco menos de miedo”.
Galeano utiliza el cambio de año como símbolo para cuestionar la idea de cierre definitivo y para subrayar la continuidad de la vida, más allá de los calendarios. “Me gusta saludar por lo que empieza más que por lo que termina. Me gusta más la esperanza que la melancolía. Me gustan más los proyectos que los fracasos. Me gusta pensar que adelante hay más vida”, señalaba en El libro de los abrazos (1989)
“No camines rápido, no vas a aprovechar más el tiempo, al revés, se pasará sin que lo veas. Así que en estos días, cuando todos corran al supermercado y a los centros comerciales, anda al parque, camina lento, mira el cielo, escucha los pájaros, observa a los demás. Y dale la bienvenida a lo nuevo… Estás de estreno.”, señalaba Galeano.
*Colectivo del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)