Buques de EEUU retroceden ante advertencia iraní

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El intento de Estados Unidos de hacer pasar dos destructores por el estrecho de Ormuz el sábado terminó en una retirada forzada, luego de una firme advertencia de Irán sobre las consecuencias de cualquier acercamiento no coordinado. La operación, concebida como un gesto propagandístico en plena guerra y en paralelo a diálogos indirectos en Islamabad, fracasó en su objetivo de mostrar control estadounidense sobre esta ruta estratégica.

Según fuentes de seguridad regional citadas por medios internacionales, los destructores USS Michael Murphy (DDG-112) y USS Frank E. Peterson (DDG-121), ambos de la clase Arleigh Burke, avanzaron hacia el estrecho sin coordinar con Teherán, en lo que Washington presentó como parte de una misión para despejar minas y garantizar la “libertad de navegación”. Sin embargo, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) detectó el movimiento, lanzó un dron hacia la zona y transmitió a través de mediadores paquistaníes que, si los buques continuaban, serían atacados en un lapso de minutos.

Tras la advertencia, las embarcaciones estadounidenses interrumpieron la maniobra y retrocedieron hacia el mar Arábigo, sin cruzar el corredor que Irán mantiene cerrado a buques vinculados a Estados Unidos, Israel y sus aliados desde el inicio de la agresión militar contra la República Islámica. El episodio se produjo pocos días después de que el presidente Donald Trump asegurara que petroleros escoltados por la Armada habían cruzado Ormuz y de que Teherán desmintiera esas afirmaciones, insistiendo en que “ningún buque estadounidense se atreve a acercarse” a la zona durante la actual guerra.

En Teherán, mandos militares sostienen que la gestión del estrecho ha entrado en una “nueva fase”, en la que el tránsito depende de la coordinación con Irán y excluye explícitamente a las embarcaciones ligadas a la coalición estadounidense-israelí. En ese marco, la breve incursión y posterior retirada de los destructores es presentada como una muestra más de la capacidad iraní de imponer sus condiciones en el Golfo Pérsico, apoyada en un despliegue naval que incluye submarinos de la clase Qadir y maniobras combinadas con Rusia y China.

El movimiento estadounidense se produjo además mientras Pakistán media conversaciones entre Washington e Irán en su capital, Islamabad, aprovechando una tregua de dos semanas en las hostilidades. De acuerdo con analistas y fuentes oficiales iraníes, la fallida operación naval buscaba reforzar la posición negociadora de Estados Unidos, pero terminó reforzando el mensaje de Teherán de que “el estrecho de Ormuz seguirá vetado a los buques de EEUU y sus cómplices” mientras continúe la ofensiva militar.