Bukele quiere olvidar los 30 años del Acuerdo de Paz en El Salvador

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Victoria Korn|

Pese al bloqueo de rutas ordenado por el gobierno, miles de personas protestaron este domingo en las calles de la capital de El Salvador, al cumplirse 30 años de la firma de los Acuerdos de Paz que terminaron con la guerra civil (1980-1992), y manifestaron su descontento contra el presidente Nayib Bukele.

Excombatientes de la guerra por parte de la guerrilla, veteranos del Ejército, víctimas de violaciones de derechos humanos, miembros de organizaciones sociales y feministas se sumaron a la convocatoria. En la noche del sábado, un grupo de personas realizó una vigilia en la Plaza Gerardo Barrios, en San Salvador, lugar donde el domingo concluyó la marcha sin que se registraran incidentes.

Miles de ciudadanos salvadoreños salieron al exilio, refugiándose regular e irregularmente en diversos países del istmo centroamericano, pero también esa diáspora se dispersó por diversas naciones latinoamericanas, en los EU, Canadá, Europa y hasta los puntos más lejanos que uno se pueda imaginar del planeta.

Durante la guerra en El Salvador si bien fueron miles los muertos, también es cierto que dentro de los caídos han figurado grandes mártires como el Arzobispo  de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, defensor de los derechos humanos quien fue arteramente asesinado cuando celebraba misa el 24 de marzo de 1980.

La movilización fue bloqueada por el gobierno y no concentró la misma cantidad de personas que en otras ocasiones. Los participantes denunciaron una serie de retenes militares y policiales que impidieron la llegada de más manifestantes al punto de la concentración. La directora para las Américas de Amnistía Internacional (AI), Erika Guevara-Rosas, se hizo eco de las denuncias sobre retenes en los accesos a la capital.

«Se denuncian múltiples retenes militares para impedir las manifestaciones del 16 de enero, en conmemoración de la firma de los Acuerdos De Paz. Protestar es un derecho. Exigimos al gobierno de Nayib Bukele que se garantice el derecho a la asamblea pacífica», publicó Guevara-Rosas en Twitter. «Miedo es el que tienen los que ponen retenes, intervienen comunicaciones, los corruptos, los dictadores», señalaron los salvadoreños en las redes sociales.

La guerra salvadoreña, que enfrentó al Ejército, financiado por Estados Unidos, y a la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), causó unos 75 mil muertos y cerca de ocho mil desaparecidos. El 16 de enero de 1992, el gobierno salvadoreño y el FMLN, ahora partido político, firmaron en el Castillo de Chapultepec, México, los acuerdos con los que concluyeron 12 años de guerra civil (1980-1992).

La protesta se dio en medio de la polémica por la derogación en la Asamblea Legislativa de la conmemoración oficial de la firma de la paz, dado que el presidente Bukele y el grupo de diputados oficialistas rechazan la efeméride. En su lugar, el órgano Legislativo aprobó que en esta fecha se recuerde a las víctimas, sin que se haya convocado a ningún acto oficial.

«A 30 años de los Acuerdos de Paz nos gobierna el crimen organizado» y «La historia no se borra por decreto», señalaban algunas de las pancartas que portaban los manifestantes. Otras señalaban «Prohibido olvidar» y enumeraban los Acuerdos de Paz, recordaban a los desaparecidos, subrayaban el caso de una fosa clandestina encontrada en la casa de un expolicía y «toda la corrupción» del actual gobierno.

A tres décadas de la firma de los acuerdos del Castillo de  Chapultepec, la paz fue para el pueblo salvadoreño un gran avance histórico, político y social. Sin embargo, la solución a todos sus grandes problemas no se han resuelto, simplemente tomaron otras alternativas y soluciones, ajenas a  un rumbo menos violento y lleno de una inmensa brutalidad.

Hoy, figuran otros problemas como el constante flujo migratorio que sus ciudadanos emprenden como una alternativa frente a los problemas de la pobreza. Políticamente, el electorado salvadoreño ha elegido distintas opciones de llevar a sus partidos al poder.

En unos primeros momentos de la pacificación la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) continuó en el poder político defendiendo los intereses de la vieja oligarquía y de los sectores medios conservadores. Posteriormente el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) logró cambiar la correlación de fuerzas y llegó a la presidencia durante dos periodos presidenciales con Mauricio Funes (2009-2014) y Salvador Sánchez Cerén (2014-2019). Hoy ambos viven exiliados en Nicaragua.

Cambiando la historia por decreto

Bukele, quien ha criticado y restado importancia a las diversas protestas que su gobierno ha enfrentado, firmó este domingo el decreto que declara el 16 de enero como el «Día Nacional de las Víctimas del Conflicto Armado». Para justificar su decisión, retomó un video de un supuesto excombatiente que señalaba: «Bukele quiere borrar de la historia la sangre que se derramó en esa revolución que compusieron izquierda y derecha, en donde nos utilizaron».

«Exactamente por eso señor, porque los utilizaron y los obligaron a matarse entre hermanos. Por eso mismo es que ya no conmemoraremos a los que los utilizaron y los obligaron a matarse, sino a sus víctimas…», publicó el presidente en su cuenta de Twitter.

Bukele, que hasta ha calificado los acuerdos de paz de «farsa» y «pacto de corruptos», ha sido criticado por representantes de las víctimas por el bloqueo a una diligencia judicial para buscar archivos sobre la masacre de unos mil civiles en El Mozote en 1981.

En virtud de los Acuerdos de Paz se readecuó el sistema judicial, se crearon nuevas instituciones de derechos humanos y tres cuerpos de seguridad fueron declarados proscritos y reemplazados por una nueva policía civil.

El secretario general del Frente Farabundo Martí, Oscar Ortiz, llamó a «reflexionar» para «retomar la senda de la democracia» en El Salvador. «Los 30 años de (los) Acuerdos de Paz nos piden reflexionar, porque tenemos que retomar la senda democrática. Es importante mantener una sociedad que se sostenga sobre la cultura de paz y sobre el legado que nos dejó el espíritu de los Acuerdos de Paz», dijo.

El arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, declaró que «lo importante es poner en práctica los Acuerdos». «Si ahora se va a nombrar a las víctimas, dedicándoles el día de las víctimas, enhorabuena, pero que se les cumpla, si no se les cumple no serviría de nada, peor aún sería revictimizar a las personas que han sufrido», subrayó Escobar.

La oposición salvadoreña, organizaciones sociales y analistas han señalado en diversas ocasiones la deriva «autoritaria» del presidente Bukele, sobre todo tras su ingreso al Congreso fuertemente custodiado por policías y militares armados con fusiles de asalto, el 9 de febrero del año pasado.

Bukele, tras militar en el FMLN, fundó el partido Nuevas Ideas, que hoy tiene la gran  mayoría de la Asamblea Nacional. Es otro el escenario político y social salvadoreño, cuando crece la pobreza, se agudiza la violencia de las pandillas organizadas, impacta tremendamente la pandemia de la Covid-19  y se contrae la economía.

 

*Periodista venezolana, analista de temas de Centroamérica y el Caribe,  asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)