Britto García| Un fantasma recorre Europa

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Luis Britto García|

Uno
Un fantasma recorre Europa. El hombre que ha matado tantos hombres
ahora mata el tiempo en un pub en Soho, catando una cerveza tibia que
es un espectro del revoltoso ron que tanto contrabandeó por el Caribe.
Recapitula sobre una vida más retorcida que la estela que deja la nave
timoneada  por un  novato. Capitán electo de la comuna de filibusteros
de Barataria, indultado por James Madison por su defensa de Nueva
Orleans contra la invasión inglesa, corsario con patente de  la Gran
Colombia.  Jean Lafitte anota en su bitácora: “Siempre me he sentido
inquieto, insatisfecho y he ansiado un cambio universal de la actitud
del hombre hacia el hombre”.

Dos
Un cambio en la actitud del hombre hacia el hombre es  lo que predican
los escandalosos muchachos que frecuentan el pub en 1817. El más
apuesto  traza  bocetos con retratos de los parroquianos. Tiene  pulso
nervioso de dibujante y duelista. Su elegante vestimenta lo delata
como señorito, pero condena a voz en cuello la situación de la clase
obrera en Inglaterra. De compartir las rondas de cerveza que paga el
exiliado   pasa a compartir algunas ideas. Le fascina la democracia
filibustera. Algún amigo del mozo Friedrich Engels compara el
desenfreno del capital tras la ganancia con la audacia de un pirata
borracho.

Tres
Y aquí llega con un manojo de hojas garrapateadas de un Manifiesto el
amigo apasionado, de ojos penetrantes y de ideas acaso más arrebatadoras que sus gestos. Lafitte queda contagiado. Como escribe luego en su diario: “Estoy entusiasmado con respecto a los manifiestos
y otras ideas para el futuro, y de todo corazón apoyo a estos dos jóvenes Marx y Engels. Tengo esperanzas y confío que sus proyectos
puedan unirse en una doctrina fuerte que remueva los cimientos de las grandes dinastías y permita que sean destruidas, devoradas por las
clases bajas”. Por lo cual abre después una cuenta bancaria en París
“para financiar a los dos jóvenes Marx y Engels y ayudarlos a hacer
realidad la revolución de los trabajadores del mundo. (…) Confío en
que la nueva doctrina y Manifiesto derribará a Inglaterra, pues España
ahora es débil, (no es imperio). Siempre fue para mí un placer e
intención abrazar toda causa por la libertad, el romper y arrebatar
reinos a los monarcas”.

Cuatro
Dios los cría y las ideas los juntan. Juventud y vejez, armas de la
crítica y crítica de las armas. ¿Sabe Jean Lafitte que ha encendido la
mecha de la andanada que sacudirá al mundo? ¿Anticipa que la
autenticidad de su diario será cuestionada y su encuentro
conflagatorio motejado de leyenda? ¿Pero podría imaginarse más
legítima partida de nacimiento  para un Manifiesto que este encuentro
de los primeros comunistas y el último filibustero, quien comprende
que los parias del mar, al igual que los de la tierra,  no tienen más
que perder que sus cadenas?