Bezos, el Washington Post y el fin del periodismo democrático
Álvaro Verzi Rangel
El multimillonario propietario del diario Washington Post, Jeff Bezos, anunció que en la sección de opinión sus colaboradores ahora escribirán todos los días en defensa y apoyo de dos pilares: las libertades personales y el libre mercado. Sus órdenes alejan a Estados Unidos de los estándares de las sociedades democráticas,
“Por supuesto, también abordaremos otros temas, pero los puntos de vista que se opongan a esos pilares se publicarán en otros foros”, dijo, y añadió que el editor principal de opinión, David Shipley, no aceptó la decisión, por lo que dimitió. Así culmina el largo declive de los medios tradicionales estadounidenses, cuya credibilidad e independencia se fue erosionando conforme se estrechó su dependencia hacia el poder político y económico.
Detrás de la decisión de Bezos, navega el viejo deseo de Donald Trump de acabar con toda voz disidente, mientras se consume la irrupción de los grandes capitales en el control de los medios para que la información y el trabajo periodístico, pasen a tratarse como mercancías cuyo propósito principal es generar ganancias a los propietarios y accionistas.
Los magnates que invirtieron miles de millones de dólares para sentar a Trump en la Oficina Oval están operando junto con el mandatario para sustituir la información por un discurso que enaltece el egoísmo, la concentración ilimitada de la riqueza, la destrucción de los derechos sociales, la irresponsabilidad ante el medio ambiente y la ley de la jungla en la escena internacional. Para imponer su distopía fascista, dice un editorial del diario mexicano La Jornada, los magnates necesitan matar la verdad, el disenso, el debate y la inteligencia. Y eso están haciendo.
Este proceso no es nuevo y data de la década de 1980, cuando millonarios a título individual, fondos de inversión y otras figuras adquirieron y concentraron periódicos, estaciones de radio y canales de televisión, pervirtiendo el sentido de utilidad de la información y el trabajo periodístico, que pasaron a tratarse como mercancías cuyo propósito principal –a veces, único– es generar ganancias a los propietarios y accionistas.
Al producir noticias y opiniones bajo la lógica de mercado, la veracidad es avasallada por la rentabilidad y la relación social entre periodistas y lectores es degradada a una transacción mercantil.
El propio Washington Post, The New York Times, CNN y otros medios globales que se presumen referentes de la prensa “democrática” como contrapeso al poder han sido vehículos de difusión de mentiras creadas por Washington, desde las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, hasta la campaña sostenida contra el gobierno mexicano a partir de 2019.
Para Bezoz, la segunda persona más rica del planeta, las libertades personales y los mercados libres, son puntos de vista que considera desatendidos en el actual mercado de ideas y opiniones periodísticas. ”Hoy no es necesario que los diarios brinden a los lectores secciones de opinión que busquen cubrir diversas perspectivas, pues dicha función es satisfecha por Internet”, dijo.
Bezos afirmó que su país no llegó a donde está siendo típico y que gran parte de su éxito reside en la libertad en todos los ámbitos, en particular el económico. El Post deja de ser un medio de comunicación y se convierte en una plataforma propagandística al servicio del magnate. Al anular al consejo editorial de un medio que se presentaba como independiente e imparcial, Bezos cerró de golpe la posibilidad de conciliar los intereses empresariales con la labor periodística.
Tras la medida, periodistas del Post expresaron su preocupación por lo que señalaron que es un intento de Bezos de tratar de ganarse el favor de Trump, luego de que en octubre pasado bloqueó el respaldo del consejo editorial a la candidata presidencial y entonces vicepresidenta, Kamala Harris.
El presidente estadounidense, Donald Trump, convocó por primera vez a su gabinete, y el multimillonario tecnológico Elon Musk fue el invitado central de la reunión debido a su encomienda de impulsar el recorte de personal gubernamental más grande de la historia del país.
Musk, que lidera el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) se describió a sí mismo como un simple soporte técnico para el gobierno, y externó su confianza en ahorrar un billón de dólares de los aproximadamente 7 billones de gasto anual del gobierno, lo que implica un recorte de alrededor de 15 por ciento.
No podemos sostener un país con un déficit de dos billones de dólares, remarcó Musk, y aceptó que el DOGE ha cometido errores, mencionand que mientras luchaba por reducir drásticamente la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (Usaid), luego de que el presidente congeló la ayuda para el extranjero el pasado 20 de enero, “una de las cosas que accidentalmente cancelamos, muy brevemente, fue la prevención del ébola”.
El gobierno afirmó que eliminará más de 90 por ciento de los contratos de ayuda exterior de la Usaid y 60 mil millones de dólares en asistencia estadunidense en todo el mundo, según un memorando interno que obtuvo la agencia Ap.
Los daños a la libertad de expresión y de prensa se aceleraron cuando apareció en escena la actual generación de ultrarricos que amasó su fortuna en torno a Internet: entre ellos destacan Bezos, Mark Zuckerberg y Elon Musk; estos últimos, dueños de todas las redes sociales de relevancia global, con la excepción de la china TikTok.
No es casualidad que quienes controlan los algoritmos con los cuales se determina qué información llega al público, qué temas son relevantes, cuáles son las opiniones válidas y quienes tienen derecho a expresarse. Es el ataque ¿final? contra el equilibrio, la pluralidad, el compromiso con el público y otros valores periodísticos para poner en su lugar el pensamiento único.
*Sociólogo y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)