Argenbtina: Después de las elecciones hay vida

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Juan Guahán-Question latinoamérica
Hay algunos datos de la realidad que conviene tenerlos presente antes de entrar a considerar sus efectos sobre el futuro de nuestras vidas.

Después de más de 12 años y medio, se acaba el gobierno de los Kirchner. Es el período de gobierno más extendido desde la vigencia de la Constitución Nacional de 1853. Su duración es superior a la de otros gobernantes que lo hicieron por períodos semejantes: En el siglo XIX, Julio Argentino Roca estuvo al frente del Ejecutivo también durante 12 años (1880/1886 y 1898/1904). En el siglo pasado estuvieron cerca Juan Domingo Perón quien gobernara 10 años (1946/55 y 1973/74) y Carlos Saúl Menem quien lo hiciera por igual período, entre 1989 y 1999.

Solo los supera, en duración, el legendario Juan Manuel de Rosas. Éste ejerció el gobierno durante 20 años (1829/1832 y 1835/1852), si bien era el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires tenía a su cargo las relaciones internacionales de todas las provincias. Estos datos son para tener una dimensión del significado histórico que tiene este fin de mandato.

El otro dato relevante es que, esta transición, se plantea en un momento en el que también se está modificado la situación internacional. Es sabido que la mitad de nuestras exportaciones son los granos y sus derivados provenientes del campo. Entre esos productos se destaca la soja, que abarca más del 50% del total de las exportaciones de origen agrario. Le siguen, en menor proporción: maíz, trigo y girasol. El valor de todos estos productos, en el mercado mundial, es superior al que tenían hace 12 años atrás pero solo la mitad de lo que valían hace 3 años. La soja, por ejemplo, que se cotizaba a 182 dólares la tonelada en el 2002, llegó a venderse a 650 dólares -en el 2012- y hoy ronda los 320 dólares.

Mientras subían los valores de nuestros productos crecían el superávit comercial y los recursos del gobierno. Esa afluencia de divisas y mayores ingresos estatales en lugar de aplicarse a la modificación de nuestra matriz productiva agroexportadora, fueron –mayoritariamente- volcados a sostener un mayor consumo.

Ahora, cuando el proceso anterior toma el camino inverso, porque baja el ingreso de divisas y disminuye la Caja del Estado, nos encontramos escasamente protegidos frente a una economía más concentrada y extranjerizada. Los avances producidos en materia industrial, donde se frenó el proceso de desindustrialización llevando la producción (per cápita) a los niveles de 1974, aunque un 4,5% menor que en el 2011, es muy vulnerable por tres razones fundamentales:

Gran parte de ese proceso se trata de agroindustrias (harinas, pellets y aceites derivados de la soja) con escaso valor agregado; el peso sustancial que tiene la industria del ensamble (automotores y electrodomésticos) totalmente dependiente de insumos extranjeros por lo que más que generar, consumen divisas, y -por último- la ya mencionada concentración y extranjerización que pone nuestra industria en otras y pocas manos.

La herencia política de más de 12 años de gobierno y los efectos económicos de esta nueva situación mundial condicionarán, más allá de la voluntad de sus protagonistas, los pasos del próximo gobierno.

Desde el punto de vista político, estos largos años de kirchnerismo dejarán su impronta en miles de cargos públicos que tendrán continuidad gane quien gane y que naturalmente condicionarán al nuevo gobierno, cualquiera que fuere. Por otra parte es sabido que el núcleo duro del actual kirchnerismo, “La Cámpora”, sostendrá que la conducción del Frente para la Victoria seguirá en manos de Cristina.

La influencia de esta tendencia se manifestará con fuerza en el Congreso Nacional, en buena parte del aparato judicial y en diferentes niveles de la Administración Pública. La relación entre este sector y el futuro gobierno hará correr toneladas de tinta y atosigará millones de pantallas televisivas.

Desde el punto de vista económico, nada indica que la actual crisis y la baja de los productos primarios se resuelvan rápidamente. Ante esa situación, no quedan dudas que habrá cambios en la búsqueda de mitigar los problemas de Caja, del sector externo y para darle algún “aire” a las exhaustas economías regionales. En caso de triunfar el sciolismo hará cambios graduales hacia la apertura del cepo, reducción de las retenciones agrarias y búsqueda de negociación con los llamados “buitres”. Si el macrismo llegara a triunfar recorrería un camino parecido pero de un modo más drástico.

En cualquier caso habrá nuevos y fuertes endeudamientos externos.

Mirando Tucumán y pensando en octubre

ar oposicion-tucumanEn Tucumán sigue el conflicto respecto a las elecciones. Mientras se “cuentan” cuestionados votos que –seguramente- terminarán dando la victoria al oficialismo, la oposición insiste en que hubo fraude y demanda la nulidad de la elección. El debate continuará en las instancias judiciales de la Provincia y no es descartable que recale en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Sea cual fuere el resultado electoral y de estas denuncias, lo cierto es que la oposición –particularmente el macrismo- se anotó una victoria importante. Esa “victoria” no está referida a los resultados finales de Tucumán sino a los efectos de lo que está pasando allí y su incidencia en la elección del 25 de octubre y lo que vendrá.

Con ello la oposición está logrando: Poner al oficialismo como principal responsable de las anomalías producidas; impedir el aprovechamiento de lo que parece fue una victoria oficialista; cuestionar el sistema de votación y abrir el camino para la judicialización de los resultados si éstos no son suficientemente amplios. Todo lo anterior perjudica al sciolismo que no logra “zafar” de la encerrona en la que está metido.

Es por eso que lo que se está discutiendo en Tucumán no son estas elecciones sino las generales de octubre. En este sentido Mauricio Macri apuesta al ballotage, su única posibilidad a esta altura del partido. El oficialismo ahora juega su carta chaqueña, allí se votará para gobernador e intendentes el 20 de setiembre y un casi seguro triunfo oficialista le puede dar el aire del que no pudo disfrutar en Tucumán.

Daniel Scioli necesita ampliar la diferencia respecto al macrismo y sumando unos pocos votos evitar la segunda vuelta. Pero tiene una dificultad, los votos del kirchnerismo ya están y… no alcanzan y para arrimar otros votos necesita mostrarse con cierta autonomía respecto a la Presidenta y esa “gracia” no le es concedida. Mientras se debate en esta incertidumbre otros detalles, no menores, enturbian su marcha hacia la Casa Rosada.

El “fantasma” del Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, “su” candidato a gobernador en la Provincia de Buenos Aires, agita sus sueños nocturnos. El nivel de rechazo que despierta entre los bonaerenses es importante. Circulan encuestas que lo ubican por debajo de María Eugenia Vidal, candidata del macrismo. Pero no solo eso. Haber derrotado, con dudosas artes, a Julián Domínguez, candidato de Scioli y favorito del Papa Francisco le trae dolores de cabeza.

Estos datos, junto a “antecedentes” que tendría la Iglesia sobre el acosado candidato oficialista, harían que esa milenaria institución no se quede quieta y haga sentir su peso al momento de votar. La única e importante ventaja para Aníbal es que cualquier maniobra que se quiera hacer perjudicándolo supone “cortar boleta” y ello es muy complejo para que sea masivamente practicado. Por eso es probable que múltiples amenazas y malos augurios terminen diluyéndose ante dicha imposibilidad.

El cortoplacismo matamaiztransgenico1

Es difícil saber si es una cuestión universal que atraviesa toda la cultura de nuestros tiempos o si se trata de una costumbre que hemos adoptado los argentinos. Pero lo cierto es que el cortoplacismo se adueñó de nuestras acciones y guía la vida cotidiana de las personas y -lo que es peor- de las decisiones gubernamentales.

¿A qué viene todo esto? A un tema que hemos citado de un modo reiterado que crece, se desarrolla y cada vez abarca más territorio y afecta a más personas. Se trata del glifosato. Del mismo modo que crecen las hectáreas afectadas a la soja crece el glifosato, su hermano gemelo, que la acompaña en todo cultivo de ese grano. Ese crecimiento no es casual  o espontáneo. Forma parte del plan oficial (Plan Estratégico Agroalimentario –PEA-) que nos propone llevar a 71 millones de toneladas –para el 2020- la producción de los 52 millones que teníamos en 2011.

Esto ocurrió después que en el 2008 se creara, en el ámbito oficial, una Comisión Nacional de Investigación sobre los agrotóxicos y antes que en el 2012 se autorizara a Monsanto a fabricar glifosato en nuestro país. La Organización Mundial de la Salud (OMS), al igual que diversas Universidades (La Plata, Córdoba, Litoral) y organizaciones médicas, han investigado e informado los riesgos que el glifosato trae para la salud. Hay juicios y condena (Provincia de Córdoba) por su uso. Ya hay lugares (entre ellos los Países Bajos y Francia) donde ha sido prohibido.

La visión cortoplacista por los ingresos económicos que trae la exportación sojera aquí llega a su máxima expresión. Por ahora nos estamos haciendo los “giles”, cuando llegan las “facturas” por las muertes o enfermedades producidas por este agrotóxico. Cuando sus efectos se hagan sentir con mayor masividad, dado que no es biodegradable, ya será tarde. Una parte de una generación de argentinos se habrá beneficiado de la soja a costa de otra parte de su población y de una hipoteca de su futuro. Eso es cortoplacismo.