Algunas reflexiones urgentes sobre la agresión militar de EEUU

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Javier Biardeu

Algunas reflexiones tentativas y urgentes sobre la agresión militar de los Estados Unidos contra Venezuela (y las iré actualizando).
1) Trump NO TIENE el control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión militar a gran escala sino una “acción cinética” tendiente a secuestrar a un presidente en funciones y utilizarlo como herramienta de presión y eventual moneda de cambio.
Ni siquiera la totalidad de los activos militares desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe son suficientes para tomar control, ya ni hablemos de la accidentada y extensa geografía venezolana, sino tan siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y organizadas barriadas populares (para tener en cuenta la escala, la invasión de la pequeña Panamá demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos). En suma, los bombardeos y ataques contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional de lo que eufemísticamente la jerga imperial denomina una “extracción”.
El poder militar que lograron las Fuerzas Armadas Bolivarianas | Perfil2) Creo, y esto es por supuesto una hipótesis, que el principal objetivo no fue ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, algo que durante más de 20 años los Estados Unidos y la oposición local han intentado sin éxito. El talón de Aquiles de la agresión imperial contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido a una rebelión nacional “legítima” contra la “tiranía”, dando una seudo coartada democrática a la agresión.
Venezuela no es Siria ni en este ni en muchos otros sentidos. No hay algo ni siquiera homologable al HTS, y la unidad político-militar-territorial es en Venezuela y en nuestra región por lo general mucho más sólida que en otros escenarios de referencia de Asia occidental.
3) Esto explica el que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y el que nosotros no podamos descartar que esto sí pueda escalar a una invasión total en las próximas horas o días, sobre todo si la región y la “comunidad internacional” no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz, ya sea en el campo diplomático, económico o militar.
Si el objetivo era inducir una rebelión militar de proporciones, una insurrección popular (o una conjunción de ambas), y ésta no se produjo por el motivo que fuera, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía política, que es la rendición incondicional de su enemigo.
4) Esto explica una verdad paradojal pero incontrovertible. En este extraño ajedrez geopolítico Estados Unidos jaqueó al rey (capturó a Maduro), pero no por eso ganó la partida. De momento (todo puede cambiar desde ya) el control de Caracas y el país por las fuerzas leales del Estado es total, o al menos es lo que puedo concluir después de haber hablado con varias decenas de venezolanos en diferentes puntos de la capital y el país en diferentes roles y funciones.
No hay combates entre facciones militares, conatos de rebelión ni “guarimbas” de ningún tipo (2026 no es 2014 ni 2017). Las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados, se están produciendo desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y restitución de Chávez). Considerando la gravedad de las circunstancias reina una relativa calma, con la salvedad de las obvias colas de las familias para abastecerse de víveres ante un escenario de incertidumbre.
5) Prueba de todo lo anterior, y sobre todo de la debilidad del frente interno imperial, es que en vez de anunciar a un “mandatario legítimo” Trump se encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente incompetente para tomar las riendas del país. Por eso anunció que los Estados Unidos se harían cargo de momento de la “transición”.
Aquí no podemos descartar que la fuerza invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones (aunque, de nuevo, América Latina no es Asia Occidental). Recordemos que según el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe, los recursos estratégicos de Venezuela le pertenecerían a Estados Unidos en virtud de las nacionalizaciones de la década del 70 y de comienzos de este siglo.
6) Puede parecer inoportuno hacer leña ahora del árbol caído, pero no podemos dejar de mencionar que esta agresión fue preparada y anunciada durante meses a ojos vistas de todo el mundo, y que la mayoría de actores (gubernamentales, multilaterales, comunicacionales, intelectuales, etc) decidieron hacer oídos sordos ante los tambores de guerra que sonaban en el Gran Caribe.
Aún es tiempo de enmendar los errores y corregir las malas lecturas, pero eso exige actuar de forma contundente y decidida en todos los planos, en particular de parte de los otros países que hoy fueron amenazados también con la espada de Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera.
Como tantas y tantos venimos sosteniendo (aunque nos trataran de pesimistas, conspiranoicos o trasnochados), esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos, los cárteles o el combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica imperial más descarada y belicosa, el dominio geopolítica de nuestra región y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales. Para muestra basta un botón: la conferencia de prensa de Trump de hoy, que de seguro quedará para siempre en los anales de la infamia y el cinismo.
*Sociólogo y Magister en Planificación del Desarrollo (CENDES-UCV, 1999). Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, UCV, dedicado al campo de conocimiento de los Estudios Latinoamericanos, la Sociología Política y los Estudios del Desarrollo en el contexto del debate sobre los procesos de modernización refleja y la Modernidad trunca y dependiente en América Latina. Autor de numerosos artículos y ensayos en revistas y libros.