¿51?

Luis Britto García

Dos tipos hay de necios: los empeñados en añadir la ofensa al insulto y quienes la contestan. Ingresaré en una tercera categoría, la de quienes no se toman en serio ninguna de las anteriores.

Legendaria es la vocación del primer mandatario estadounidense por ofender al prójimo sin necesidad ni provecho. No hay casa del ahorcado donde haya dejado de mencionar la soga, notabilidad que no haya querido suplantar —papa, mesías, premio nobel, presidente de Venezuela— ni país que no quiera convertir en Estado 51.

Se puede ofender con altura, como Oscar Wilde cuando decía de los periodistas ingleses que “no tienen nada que decir, y lo dicen”. El mandatario norteño tiene mucho que decir, pero solo sandeces.

La más frecuente es la elusión del debate mediante la denigración del interlocutor. Quien le plantea algo, recibe a cambio un insulto. De Joe Biden dijo que llegó a presidente porque como vicepresidente “aprendió a besar el trasero de Obama”. Al exdirector del FBI, James Comey, lo apostrofó como «baboso».

A la candidata Hillary Clinton la apodó «retorcida». A Marine Waters, presidenta demócrata del Comité de Servicios Financieros de la Cámara, la categorizó como «persona de bajo coeficiente intelectual». «Hijos de p…» llamó a los jugadores de fútbol de la NFL que se arrodillaron en protesta de la violencia contra afrodescendientes. Negó haber tenido intimidad con la actriz Stormy Daniels bautizándola «cara de caballo».

A Omarosa Manigault Newman, antigua figurante en su show “The Apprentice”, la calificó de «loca», «perra» y «llorona de poca monta». A la actriz Rosie O’Donnell la rebajó como «cerda». De las actrices en general afirmó que con ellas «puedes hacer cualquier cosa».

Si eso opina sobre sus compatriotas, paralela es su pasión de rebajar colectivos que no conoce. A los mandatarios reclutados para el “Shield of Américas” advierte: “no piensen que voy a aprender su maldito idioma”. Sobre oriundos de África, El Salvador y Haití se pregunta: “¿Por qué tenemos gente de esos países de m… viviendo aquí?”.

De los mexicanos dice que “están dominados por los carteles de la droga”. Sobre los venezolanos, a los cuales se propone como presidente: “son narcotraficantes, criminales, asesinos y violadores”. “Sé que es desagradable decir esto. Esas personas son un desastre. Son las personas más feas que he visto”. Como propietario de la franquicia Miss Universo, en 1996 llamó a la ganadora venezolana Alicia Machado “Miss cochinita”.

Uno estaría tentado de afirmar que el pueblo estadounidense y su presidente se merecen uno al otro, pero me resisto a denigrar de pueblos en términos genéricos.


Examinemos sus amenazas de incorporación de nuevos estados en la Unión (Canadá, Groenlandia, Venezuela). Según la Sección 3 del artículo 4 de la Constitución de los Estados Unidos de América, “nuevos estados pueden ser admitidos por el Congreso en esta Unión, pero ningún nuevo estado será formado o erigido dentro de la jurisdicción de otro estado, ni se formará por la unión de dos o más estados, o partes de estados, sin el consentimiento de las legislaturas de los respectivos estados concernidos, así como la del Congreso”.

Por analogía, se entiende que, antes de la anexión de un Estado soberano, se requiere del libre consentimiento legalmente manifestado de sus ciudadanos, mediante plebiscito o referéndum, y luego el asentimiento del Congreso estadounidense.

El antojo de un presidente no puede sustituir ambas voluntades, que ni su Congreso ni Venezuela han ni siquiera remotamente insinuado.

En realidad, diversos críticos apuntan que Estados Unidos está más en vías de secesionarse que de anexar nuevos Estados.

La estrategia del coloso norteño con respecto a otros países persigue extraer cuántos beneficios esto pudiera reportarle, sin asumir deberes ni cargas hacia ellos. En 1848, cuando las tropas estadounidenses derrotaron casi por completo a las mexicanas y se apoderaron de su capital, han podido asumir el control de todo el país. Pero ello les hubiera requerido esfuerzos y gastos enormes para gobernar zonas densamente pobladas por habitantes de cultura diferente.

Enmienda Platt, el viejo sueño de anexión de Cuba a Estados Unidos ...
Enmienda Platt, el viejo sueño de anexión de Cuba a EEUU

Prefirieron quedarse con el 55% del territorio, que comprendía los escasamente poblados estados norteños. En 1898, cuando interfirieron en la Guerra de Independencia de Cuba, quizá hubieran podido anexar toda la isla, pero la complejidad de retener el control efectivo sobre ella los movió a manejarla de manera indirecta desde 1902, mediante la Enmienda Platt.

Tras dicha invasión pudieron asimismo intentar la anexión integral de Puerto Rico. Prefirieron crear el adefesio colonial del “Estado Libre Asociado”, cuyos habitantes son ciudadanos de Estados Unidos, pero no pueden votar en las elecciones de dicho país.

No: lo que menos interesaría a Estados Unidos es anexar como estado de la Unión un país como Venezuela, con casi 30 millones de habitantes (cerca de la décima parte de la población estadounidense) de idioma y cultura diferentes, cuyos ciudadanos son actualmente discriminados, perseguidos y expulsados por la potencia del Norte.

Muchísimo menos le interesaría responsabilizarse por los gastos de administración de semejante conglomerado, en tiempos en que los mismos Estados Unidos en marzo de 2026 colapsaron en el government shutdown (cierre gubernamental) por falta de efectivo para pagar los sueldos de 100.000 de sus empleados.

Y para dolarizar Venezuela deberían erogar una masa monetaria equivalente a la mitad de nuestro PIB, mientras que su estrategia consiste en depositar nuestras divisas provenientes de la venta de nuestros recursos minerales en una partida del Tesoro de Estados Unidos, solo para resarcirnos discrecionalmente con mercancías producidas en ese país.

La propuesta de reducir Venezuela a Estado 51 de la Unión no tiene más fundamento que la pasión del mandatario por hacerse odioso, lo cual, por otra parte, no le requiere mayor esfuerzo.

Dos hechos reducen a su justa perspectiva la manía anexionista del mandatario. El primero, un mapa de Estados Unidos que apareció en internet, anexionado bajo el tricolor venezolano.

El segundo, el que con toda su prepotencia, durante la reciente cumbre en Beijing, no se haya atrevido a proponer anexionar China como Estado 51.

Quizá por temor de que pudiera pasarle al revés

* Narrador venezolano, ensayista, dramaturgo, dibujante, explorador submarino, autor de más de 60 títulos. En 2002 recibió el Premio Nacional de Literatura, y en 2010 el Premio Alba Cultural en la mención Letras.