¿Trump se ahoga en el estrecho de Ormuz?
CLAE
Los nuevos ataques en Medio Oriente muestran la fragilidad del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán: En su doble juego, Israel acata el cese de hostilidades pactado por el presidente estadounidense Donald Trump, pero redobla los bombardeos sobre Líbano, mientras Teherán golpea infraestructuras de los países del Golfo y se muestra ambiguo sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.
Si bien la tregua de dos semanas alcanzada minutos antes de que expirara el ultimátum dado por Donald Trump a Irán sin duda supone un alivio para todo el mundo, pero, por su fragilidad, aún queda lejos de ser la solución deseada para un conflicto que nunca debería haberse desencadenado y del que el máximo responsable es el presidente de Estados Unidos.
Apenas horas después de que el presidente Donald Trump anunció un alto el fuego de dos semanas consensuado con Irán como paso inicial para negociar un tratado de paz duradera, Tel Aviv lanzó más de 100 ataques contra objetivos civiles en Líbano, lo cual resultó en el asesinato de al menos 250 personas y dejó miles de heridos.
De acuerdo con el coordinador humanitario de la ONU Imran Riza, “sean cuales sean las cifras actuales, van a ser mucho mayores” debido a la devastación de zonas residenciales y a las limitaciones de los servicios sanitarios, diezmados por los problemas internos de Beirut y medio siglo de intermitentes agresiones israelíes.
El vicepresidente estadounidense JD Vance encabezará la delegación de la administración Trump en las conversaciones con Irán, como parte de los esfuerzos para consolidar un alto el fuego que ya se muestra inestable apenas un día después de su acuerdo. Vance se reunirá este fin de semana con el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, pero los expertos se mostraron escé.pticos de que la reunión —parte de una tregua de dos semanas— produzca avances significativos:
Ghalibaf acusó a Estados Unidos de violar el alto el fuego poco después de su anuncio, los aliados de Washington en el Golfo interceptaron una serie de ataques iraníes y el estrecho de Ormuz parecía seguir cerrado. ” Los problemas se acumulan para el equipo de Trump antes de las conversaciones previstas”, advirtió un analista de CNN.
Desde cualquier punto de vista, resulta evidente que el recrudecimiento del sadismo israelí sobre el pueblo libanés supone un sabotaje deliberado a las negociaciones con Irán, señaló Ahmed Aboul Gheit, secretario general de la Liga Árabe. El peso de este reclamo se sustenta no sólo en el interés

de las petromonarquías árabes del golfo Pérsico en poner fin al conflicto, sino en que dicho organismo multilateral carece de cualquier simpatía hacia Teherán y, por el contrario, sostiene una tensa relación con la república islámica por motivos religiosos, históricos y geopolíticos.
Trump no veía el momento de poner fin a un conflicto que ha exacerbado la antipatía antiestadounidense, que es rechazado en su propio país y cada vez más entre sus propios acólitos, y que pone en peligro al Partido Republicano ante las elecciones legislativas de medio término que EEUU celebrará el 3 de noviembre.L
Israel mató a más de 250 personas en Líbano en una serie de ataques aéreos que, según afirmó, tenían como objetivo a Hezbolá, insistiendo en que su ofensiva no estaba sujeta al alto el fuego recientemente acordado entre Washington y Teherán. La ola de ataques ha provocado la condena internacional y amenaza con desbaratar la ya frágil tregua: Israel y Estados Unidos afirmaron que Líbano no formaba parte del acuerdo, aunque Irán y el mediador Pakistán aseguraron que sí lo era .
Los ataques también amenazaron con intensificar la creciente crisis humanitaria en Líbano , donde una quinta parte de la población se ha visto obligada a huir de sus hogares como consecuencia de una ofensiva terrestre israelí que, según Israel, es necesaria para combatir a Hezbolá.

No se puede considerar un éxito que hayan sido necesarios más de 40 días de guerra con más de 2.000 muertos repartidos en una docena de países, cientos de miles de desplazados en Líbano y un daño profundo a las infraestructuras energéticas regionales para volver mañana viernes a una negociación pendiente de un hilo, negociación que ya estaba en marcha el día antes de que EE UU e Israel atacaran Irán.
El presidente de EEUU, Donald Trump, perdió la guerra contra Irán en el mismo instante en que la comenzó, sin lograr después ninguno de sus objetivos marcados. Sobre todo, porque era una contienda orquestada por su mayor aliado en Oriente Medio, Israel, que tenía sus propios planes. La mirada del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, bajo cuya espada de Damocles está el frágil alto el fuego acordado entre EEUU e Irán, estaba puesta en el desgaste de Teherán y, sobre todo, en aprovechar la ofensiva contra Hizbulá en el Líbano para apoderarse de parte del territorio libanés: una conquista que continúa y a la que ahora dedicará todo el armamento que estaba usando contra Irán.
La tregua, proclamada como una victoria sin igual por Trump poco antes de que finalizara su enésimo ultimátum cargado de amenazas de destrucción masiva, está marcada por la fragilidad, especialmente por los movimientos de Israel, ducho en dinamitar todo tipo de acuerdos con iraníes, sirios o palestinos. La brutal y “oportuna” ofensiva lanzada en el Líbano este miércoles, con más de 250 muertos en el peor ataque israelí desde que comenzó la guerra, ha puesto al borde del abismo el alto el fuego, al ser respondida por Irán con la amenaza de mantener cerrado el estrecho de Ormuz, señala el analista Juan Antonio Sanz.
Uno de los propósitos más ingenuos de la estrategia de Trump era repetir lo que hizo en Venezuela, es decir, derrotar a Irán y controlar su petróleo y gas con un gobierno marioneta. No pudo hacerlo.
Al contrario que en Venezuela, tampoco consiguió cortarle la cabeza al régimen islámico. Aunque junto a Israel asesinó a buena parte de la cúpula de poder que había antes de la guerra en Teherán, la especial estructura de mando iraní permitió el reemplazo inmediato y sin aspavientos de sus dirigentes muertos, casi como si estuviera ya previsto el reemplazo de sus precedentes, convertidos además en “mártires” dignos de ser vengados. En estos momentos es el ala más radical de los islamistas chiíes iraníes el que lleva las riendas del país.
Lo más incómodo para Trump, que su dialéctica bélica no podía maquillar, era que no estaba consiguiendo los objetivos que supuestamente le habían llevado a comenzar esta guerra. Se había metido en un callejón del que no podía salir, salvo derribando el tablero de juego para encubrir el más rotundo fracaso, que ha supuesto miles de millones de dólares al Pentágono y vaciado los depósitos de munición estadounidenses, añade.
El frágil alto el fuego de dos semanas alcanzado en la madrugada del miércoles entre Estados Unidos e Irán está en vigor, aunque de forma inestable. En medio de la profunda desconfianza mutua, cada parte proclama una victoria absoluta y atribuye al adversario una derrota abyecta. El fin de las hostilidades ha aliviado la tensión en la economía global mientras se desploma el precio del petróleo, que se había disparado.
El alto el fuego como un mínimo punto de partida en una complicadísima situación regional en la que prácticamente todos los países de la zona de una manera u otra están afectados por la violencia. Desde la destrucción total de Gaza y el genocidio de su gente a la inestabilidad Siria, pasando por la vulnerabilidad de los países del Golfo o la incertidumbre en Irak, reflejan lo volátil de una región que ya ha demostrado que tiene repercusiones en todo el planeta y que está asistiendo a una recomposición de fuerzas pero no al atisbo de solución alguna.
Lo deseable sería que la tregua fuera mucho más que un alto el fuego temporal, pero lamentablemente, no es posible obviar que Trump ha dado sobradas muestras de no tener palabra con aquellos con los que negocia y en esto los iraníes tienen una experiencia más que directa., señala un editorial del diario español El País. ” 40 días de guerra inútil: La frágil tregua con Irán devuelve a Estados Unidos al punto de partida después de sembrar el caos en Oriente Próximo”.
Resulta absolutamente condenable la actitud del Gobierno israelí de considerar que su injustificada agresión a Líbano queda fuera de este acuerdo. Benjamín Netanyahu, principal inspirador de esta guerra, demuestra nuevamente su total desprecio por la legalidad internacional tratando de sacar ventaja estratégica al considerar que sus repetidas violaciones del derecho humanitario no están ya entre las prioridades globales. Los desplazamientos en masa de población civil libanesa por orden del ejército israelí deben cesar y ser revertidos cuanto antes, al igual que la invasión del sur de Líbano, añade.
Asimimso, el primer ministro israelí, el genocida Benjamín Netanyahu, quedó desprestigiado en su país por prometer una gran victoria en Irán y recibir un alto el fuego a sus espaldas, mientras la oposición carga contra él , quien insiste en que Israel tiene el “dedo en el gatillo” y volverá a combatir contra los iraníes si es necesario .
Está claro que el régimen que encabeza Benjamin Netanyahu, prófugo de la Corte Penal Internacional, es hoy por hoy el mayor agente de desestabilización global y el más insidioso instigador de guerras y violaciones a la legalidad internacional, pues que no muestra ningún escrúpulo al masacrar de forma indiscriminada si considera que ello le reporta algún beneficio político o personal.
Durante años, sus objetivos parecieron alineados con los de Trump y su familia, pero es difícil ocultar la creciente divergencia entre los planes de guerra permanente del régimen sionista y la urgencia del inquilino de la Casa Blanca por zafarse de una campaña militar que ya era impopular antes de convertirse en el estrepitoso e irreversible fracaso que es a estas alturas. señala un editorial del diario mexicano La Jornada.
*Resumen del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)