EEUU ante Cuba: Bravuconadas, agresión y negociaciones entre bambalinas
La relación entre EEUU y Cuba
Elmer Pineda dos Santos
Hace tiempo que Donald Trump quiere apoderarse de Cuba, el país que él mismo ha admitido que es el “siguiente” de su lista cuando haya dado por resuelta la ofensiva contra Irán., lo cual no significa un triunfo, mientras el Secretario de Estado Marco Rubio, sueña con que “quizás se dé una oportunidad” para un cambio de régimen en la isla.
Eso sería un enorme éxito político para la Casa Blanca, cuando su otra gran apuesta tras la intervención en Venezuela, la guerra en Irán, parece complicársele cada vez más al entrar en su sexta semana.
La presión contra Cuba viene por varios lados y recorre desde las amenazas de algún tipo de intervención por la fuerza al embargo energético. Del otro lado, negociaciones entre bambalinas, reconocidas por las dos partes, y algún gesto de suavización del bloqueo para mantener la precaria economía de la isla : esta semana se permitía la llegada de un petrolero ruso e indicar que en el futuro se decidirán otros arribos “caso por caso”. Es la doble estrategia de Donald Trump hacia Cuba, señalan los analistas
La estrategia de la Casa Blanca busca, como poco, un acuerdo económico que abra la puerta a una distensión entre los dos perpetuos enemigos. La estrategia ha aportado algunos resultados. El Gobierno castrista ha anunciado la liberación de 2.010 presos, la mayor en una década .

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, se reunió con los congresistas estadounidenses Pramila Jayapal y Jonathan L. Jackson, a quienes explicó la agresión multidimensional que enfrenta hoy la isla por el gobierno de Estados Unidos. La Casa Blanca reitera una y otra vez la convicción estadounidense de que los “líderes en La Habana deberían llegar a un acuerdo”. “Es una nación fallida cuyos gobernantes han sufrido un importante revés con la pérdida del apoyo de Venezuela y con el cese del envío de petróleo por parte de México”, subraya una portavoz.
Los congresistas demócratas realizaron una visita de varios días a la isla, durante la cual exigieron el cese inmediato del bloqueo de combustible impuesto por Washington, al que calificaron como «castigo colectivo cruel» que equivale «en la práctica, a un bombardeo económico contra la infraestructura del país».
Trump alterna el tono de dureza con otro paternalista, en ocasiones incluso dentro del mismo discurso. La semana pasada, en un foro de inversiones saudí en Miami, alardeaba de la calidad de su fuerza militar. “A veces tienes que usarla”, declaraba, inmediatamente antes de agregar “y Cuba es la próxima, por cierto, pero hagan como que yo no he dicho eso, por favor”. Otras veces ha pronosticado que tendrá “el honor de tomar Cuba”.
Apenas dos días después, en cambio, parecía dar un giro hacia la suavización de sus medidas dada la gravedad de la situación humanitaria, y aseguraba que no tenía “ningún problema” en permitir que un petrolero ruso llegara al puerto cubano de Matanzas con 730.000 barriles de petróleo a bordo. Su portavoz, Karoline Leavitt, ha apuntado esta semana que la Administración revisará “caso por caso” la posibilidad de otros arribos.
El bloqueo en Cuba –explica la periodista e investigadora Rosa Miriam Elizalde– no es sólo económico y comercial, sino tecnológico y comunicativo. La isla enfrenta una brutal y desigual guerra informativa que forma parte de las intentonas de cambio de régimen impulsadas desde Washington, Miami y Madrid.
Desde hace muchos años hay una campaña de desinformación alrededor de Cuba. La diferencia con la actual campaña tiene que ver con la nueva realidad sociotecnológica e Internet. “Estamos a merced de una muy sofisticada gestión de la comunicación, incluso con tecnologías militares. Cuba llegó tardíamente a la conexión a Internet debido a distintos factores, entre ellos el impedimento de Estados Unidos para una conexión con los cables de fibra óptica”, indica Elizalde.
“La avalancha de contenidos que se generan desde la derecha trasnacional se articulan en las redes sociales contra cualquier información o proyecto que se genera desde Cuba. Hay una disparidad muy alta entre la producción de contenidos de los laboratorios de intoxicación mediática en Miami y España, y los que se generan en Cuba”, añade la comunicadora.
La política hostil de la actual administración estadounidense hacia Cuba alcanzó en 2026 niveles de sistematicidad y crueldad sin antecedentes históricos.
En su cumbre Escudo de las Américas con una docena de líderes latinoamericanos de derecha a comienzos de marzo, Trump volvía a referirse a Cuba, por tercera vez en otros tantos días: “Al igual que hemos logrado una transformación histórica en Venezuela, también tenemos muchas ganas de los grandes cambios que pronto ocurrirán en la isla”, prometía ante los aplausos de los dirigentes. Cuatro de ellos, decía, le habían sacado a relucir la situación en la isla para pedirle que lograse un cambio.
Rubio, el líder estadounidense de las negociaciones, resume así los objetivos a conseguir: “La economía de Cuba necesita cambiar, y esa economía no puede cambiar a menos que también cambie su sistema de gobierno. Es así de simple”, comentaba en París la semana pasada tras participar en una cumbre de ministros de Exteriores del G7.
Y agregaba: “su sistema de gobierno tiene que cambiar porque nunca podrán desarrollarse económicamente sin esos cambios. El cambio económico es importante. Darle a la gente libertad política y económica es importante, pero (las dos cosas) tienen que venir de la mano”.
Lejos de ser medidas aisladas, se trata de un diseño integral que abarca todas las esferas de la sociedad cubana, exacerbado en un contexto de crisis global, con el objetivo confeso de provocar ingobernabilidad, subvertir el orden interno y derrocar a la Revolución mediante un bloqueo económico, comercial y financiero de carácter genocida. 