Análisis desnuda debilidades en reportaje de Reuters sobre supuestos contactos de Cabello con gobierno gringo

(Xinhua/Ding Hongfa)
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Un análisis detallado del reportaje exclusivo de la agencia Reuters, que revelaba supuestas conversaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el ministro venezolano Diosdado Cabello, expone dos fallas estructurales que socavan la solidez de la información publicada: la dependencia de una fuente anónima no verificable y una contradicción lógica insalvable en la narrativa presentada.

Estos elementos plantean serias dudas sobre la rigurosidad periodística del despacho, frente a una negativa oficial categórica del gobierno de Venezuela.

La información se sustenta exclusivamente en referencias a «personas familiarizadas con el asunto» y «fuentes» (presentadas como “dos o cuatro fuentes” cuyas identidades, competencias y vínculos permanecen en la total opacidad.

El estándar periodístico acepta el anonimato para proteger a informantes, pero exige proveer al lector de elementos contextuales que permitan calibrar la credibilidad de la fuente, su posible acceso a la información y sus motivos. En este caso, la ausencia total de estos descriptores —como su posición específica dentro de alguna estructura de gobierno, su historial de precisión o su posible agenda— impide cualquier auditoría externa o verificación por terceros.

La historia se convierte así en una afirmación no comprobable, dependiente de voces sin rostro ni contexto, lo que la hace extraordinariamente frágil ante la negativa oficial de Miraflores, que tachó la información de «falsa» y parte de un «laboratorio de guerra psicológica».

(Xinhua/Ding Hongfa)

La segunda falla radica en una contradicción interna fundamental en la lógica de la narrativa. Por un lado, el reportaje presenta a Cabello como un interlocutor necesario para la «estabilización» del país, con quien la administración estadounidense mantendría diálogos operativos. Por otro lado, recuerda que el mismo Cabello es un imputado público del Departamento de Justicia de EE.UU., acusado de narcotráfico y con una recompensa de 25 millones de dólares por su captura.

El texto no logra explicar cómo se concilia esta doble condición de «socio para la estabilidad» y «delincuente internacional buscado», una incoherencia que desafía la razón de Estado y que fue señalada incluso por políticos en Washington, que se preguntan por qué no fue capturado.

A estas debilidades centrales se suman otros elementos que restan precisión, como una cronología vaga («meses antes», «primeros días») y la admisión dentro del mismo texto de que aspectos claves —como el contenido concreto de las conversaciones o la reacción de Cabello— «no están claros».

Este marco de ambigüedad contrasta con la rotundidad de las afirmaciones iniciales. El reportaje, por tanto, más que revelar un hecho verificable, instala una narrativa especulativa basada en una fuente opaca y llena de contradicciones prácticas, sin ofrecer los mecanismos periodísticos necesarios para que el público pueda discernir su validez frente a una desmentida formal. La carga de la prueba, en este caso, queda sin cumplir.