Venezuela: recolonización trumpista y las resistencias por venir

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Luis Bonilla-Molina

Durante los últimos meses insistimos en que el propósito que tenía la administración Trump era el control político, económico y militar del petróleo, las riquezas minerales de Venezuela y el manejo de los datos de comportamiento de la población para instaurar el régimen de control predictivo sobre el país, para lo cual la colocación de bases militares gringas en la patria de Bolívar estaba en el horizonte.

Pero nos quedamos cortos al pensar que para lograrlo a Estados Unidos le bastaba colocar al frente del gobierno venezolano a María Corina Machado (MCM) y Edmundo González Urrutia (EGU), dos personajes históricamente aliados de la Casa Blanca, con liderazgo social, pero de absoluta incapacidad para gobernar un país tan escindido como Venezuela. El propio 3 de enero, día del ataque militar contra Venezuela y secuestro del presidente Maduro junto a su esposa, Donald Trump “bajó de la nube” a la oposición de derechas venezolana y señaló que MCM “no era respetada en el país” y quedaba excluida de la “transición”.

Donald Trump afirmó que a partir de ese momento Venezuela sería gobernada por él y su equipo más cercano, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el subjefe del gabinete Stephen Miller, el director de la CIA John Ratcliffe y el general Dam Caine del estado mayor conjunto, abriendo una situación de amenaza colonial, real, tangible e inusitada sobre Venezuela. Lo que ha ocurrido los días siguientes lo confirma.

La nueva compañía Gipuzcoana

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas fue la sociedad mercantil española fundada en 1728, que operó en Venezuela entre 1730-1785, como parte de la relación colonial con Venezuela. Sus propósitos principales fueron: controlar el comercio exclusivo entre España y Venezuela, exportando productos (cacao, tabaco, algodón, índigo y cueros) e importando mercancías europeas (herramientas, tejidos, vinos, etc.), combatir el contrabando holandés, inglés y de otras naciones, así como orientar el desarrollo económico local para incrementar las ganancias de la Corona española.

Lo que plantea Trump para Venezuela es una nueva situación de control territorial y comercial que recuerda a esta empresa colonial. Pero lo hará con otra figura más moderna, la embajada norteamericana, por eso la prisa con la que ha anunciado de reabrir la representación diplomática norteamericana en Caracas. La embajada gringa cumplirá ese papel, solo que ahora será para la apropiación del petróleo, oro, tierras raras y otras riquezas, así como para seguir capturando sobre el terreno datos e informaciones, vitales para el pleno desarrollo del modelo predictivo de control basado en tecnologías de punta.

Marco Rubio y Trump

Recientemente, Karoline Leavitt, la portavoz de la Casa Blanca ha afirmado que “en este momento tenemos la máxima influencia sobre las autoridades interinas de Venezuela”, mientras Marco Rubio sentenció que “Venezuela no puede mover petróleo a menos que le permitamos hacerlo”. Esto ha sido complementado con la declaración de Trump que indica que “Delcy Rodríguez se ha comprometido a solo comprar productos estadounidenses”, mientras existen rumores de amenazas sobre dirigentes del gobierno como Diosdado Cabello para disciplinar su debida obediencia al gobierno de Delcy Rodríguez.

Las tres fases de la colonización

El 5 de enero por la noche, Donald Trump anunció su regalo de reyes para Venezuela: Estados Unidos tomaría a la fuerza 30-50 millones de barriles de petróleo venezolano. El 7 de enero, el secretario de Estado Marco Rubio anunció las tres fases de recolonización de Venezuela. La primera fase, tomar por asalto en el corto plazo la producción petrolera disponible, hasta alcanzar los 50 millones de barriles de petróleo. No se trata de una compra forzada a Venezuela, sino del anuncio del robo público de la riqueza venezolana, usando su poderío militar y esperando poca oposición local.

La segunda fase, asumir el papel de administrador colonial, vendiendo Estados Unidos directamente en el mercado mundial el petróleo venezolano, abrogándose el uso y administración del botín de guerra. Para suavizar el impacto comunicacional de esta violación al orden comercial capitalista, Marco Rubio señaló que EEUU administraría esos recursos para la reconstrucción de Venezuela y los intereses norteamericanos. Obviamente, quieren recuperar parte del gasto militar generado en los meses de bloqueo naval en el sur del caribe, y usar los propios recursos de Venezuela para reparar la infraestructura petrolera que será ahora usada para la extracción colonial del petróleo por parte de compañías petroleras convocadas por la administración Trump.

Tercera fase, iniciar la transición gubernamental venezolana, que pareciera ser el anuncio de evaluar a partir del comportamiento post agresión del 3 de enero, qué hacer con el gobierno de Caracas liderado por Delcy Rodríguez, así como el momento de construcción de las representaciones políticas (con gente buena) que le garanticen el sostenimiento de su relación colonial con el país.

Marco Rubio sabe que no podrá convertir una República en una colonia sin resistencia local, por lo que esto augura una etapa en la cual el poderío militar-policial y de inteligencia norteamericano tendrá un papel protagónico, seguramente aspirando lograr colaboración de las fuerzas militares-policiales locales, algo que está por verse.

Protectorado o gobierno nacionalista

El gobierno venezolano que se instaló el 3 de enero deberá superar algunas tormentas interiores, para demostrar que tiene la fuerza necesaria para contener al imperialismo o asumir un rol colaboracionista. En cualquiera de los escenarios necesita consolidar su capacidad de gobernar.

La posibilidad de cohesionar una amplia unidad nacional contra el coloniaje gringo pasa por superar el trauma de la captura y secuestro de la pareja Maduro-Flores, ocurrida con poquísima resistencia militar, lo que ha generado la sombra de la traición interna. Localizar y hacer creíble quienes encarnaron esta felonía es un desafío de la actual administración bolivariana. Esto se vincula a la urgencia de elevar la moral de las fuerzas armadas nacionales, quienes sufrieron decenas de bajas (al igual que los 32 combatientes cubanos del entorno presidencial) sin que pudieran hacer lo propio con las fuerzas invasoras.

Por otra parte, Donald Trump, como parte de una estrategia o realidad objetiva (el tiempo lo dirá) ha señalado reiteradamente que el gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez está colaborando con su administración y “no quiere cometer los mismos errores de Maduro”. La presidenta encargada Delcy Rodríguez ha desmentido tímidamente estas afirmaciones, eso sí, señalando que el petróleo que salga de Venezuela, lo hará en condiciones de venta y pago comerciales ordinarias.

Esta ambigüedad, entendible porque aún se está saliendo del impacto del despliegue y acciones militares del 3 de enero, debe ser superada, ya sea para organizar la resistencia anticolonial, o para sumir el rol de junta de administración colonial. Hacemos votos para que la decisión sea la primera.

El sentimiento nacionalista recorre el país, pero no encuentra una dirección política clara que lo encauce. La izquierda venezolana, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y la Corriente Comunes han expresado de manera nítida su oposición a los intentos coloniales de la administración Trump, a la par que señalan al Madurismo (del cual formaba parte hasta hace poco Delcy Rodríguez) de llevar al país a esta terrible situación, con la aplicación de un programa anti-clase trabajadora y liquidador de las libertades democráticas mínimas para quienes deseen organizarse de manera autónoma.

Pero un frente nacionalista capaz de cambiar la actual situación defensiva no puede ser solo construido con la izquierda radical. La posibilidad de una resistencia efectiva a la agresión militar y coloniaje norteamericano pasa por construir un amplio frente nacional, que no tenga una política de dos aguas frente al imperialismo. El gobierno de Delcy Rodríguez aún no ha mostrado que quiera asumir hasta sus últimas consecuencias ese rol.

Las tareas revolucionarias

Hasta el 2 de enero la principal tarea de los revolucionarios era recuperar las libertades democráticas mínimas que le permitieran a la clase trabajadora opinar y organizarse para enfrentar la ofensiva imperialista y la deriva autoritaria del gobierno madurista. A partir del 3 de enero, y después de los anuncios de la Casa Blanca de convertir a Venezuela en una colonia gringa, la prioridad pasa a ser la defensa de la independencia nacional con el más amplio régimen de libertades políticas para las fuerzas patrióticas. Los hechos dirán si la situación evoluciona hacia una etapa de liberación nacional.

No puede existir duda alguna respecto a impulsar la más amplia unidad de acción, con todas las fuerzas políticas y sociales que coloquen la soberanía y la independencia nacional como la prioridad en esta etapa. Es momento de centrarnos en las coincidencias en torno a la defensa de la nación, su soberanía e independencia.

 

*Profesor universitario e investigador en pedagogía y ciencias sociales. Integrante del Consejo Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), integrante de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la educación (CLADE) y director de investigaciones de Otras Voces en educación.