Flavio huyó de la mano de Trump y Milei y despreció a 60 millones de electores
Aram Aharonian
En nombre de la dedocracia (no confundir con la vieja democracia), la huida de Flávio Bolsonaro, auspiciada por Donald Trump y Javier Milei, desprecia a los casi 60 millones de brasileños que lo votaron. Esa noche de domingo se le cayó la máscara de moderación que sus asesores de mercado le habían aconsejado, apenas conocidos los resultados de las urnas.
Las elecciones de Brasil dejaron claro que Flavio Bolsonaro y sus aliados internacionales no respetan, en realidad, las normas democráticas. La competencia entre Lula y Bolsonaro fue ajustada, pero no tan estrecha como la que separó a Keiko Fujimori de su adversario Pedro Sánchez en Perú, ni la de Abelardo de la Espriella frente a Iván Cepeda en Colombia, que ganaron con menos del 1%. En ambos caso ganó la derecha, y los perdedores acataron los resultados.
Con otra contundente victoria electoral, Lula da Silva se consolidó como el líder popular más importante de Brasil, impidiendo que la familia Bolsonaro regrese al poder y ponga en riesgo la democracia.Los casi 60 millones de votos se debieron en buena medida al sentimiento anti-Lula y al descontento de un sector de la población brasileña con su tercer mandato.
Quizá fueron las tendencias autoritarias del bolsonarismo las que impidieron a Flávio aceptar los resultados y reconocer la nueva victoria de Lula (primero venció al padre y luego también al hijo), lo que le habría permitido aspirar a un puesto de liderazgo en la acéfala derecha brasileña.
Flavio, hijo de Jair, preso por intentar tramar un golpe de Estado tras perder las elecciones cuatro años atrás, dejó a la intemperie la misma naturaleza que su padre: su primera reacción del hijo mayor y candidato dedocático -por designación del papá- fue no reconocer el triunfo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Su huída significa el desprecio a los casi 60 millones de ciudadanos que lo votaron y a qjuienes decía representar.
El lunes siguiente, Flavio pareció rectificar cuando aseguró que ejercería como líder de la oposición y solemnemente proclamó que se quedaría en Brasil “como último obstáculo frente a la destrucción del país”. El engañó fue muy duro para sus colaboradores y para los millones que lo votaron. Y, como corolario -parte del guión- protagonizó una fuga -que quiso presentar como heroica- hacia Estados Unidos a través de Argentina, con colaboración del presidente argentino Javier MIlei.
En lugar de mantenerse callado junto a su familia(que huyó con él), se le dio por enviar una carta a los brasileños donde volvía sobre la tesis del fraude electoral y se autodenominaba presidente electo, aunque luego lo rectificase en una versión posterior. Enseguida asumió el disfraz de perseguido político, cuando el juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes le ordenó la entrega del pasaporte por su presunta implicación en una trama de blanqueo de dinero cuya investigación está bajo secreto.
Con Jair encarcelado y dos de sus hijos fuera de Brasil, es muy probable que el bolsonarismo se desinfle y que la ultraderecha pierda su capacidad de unir, como en estas elecciones, a demócratas de derecha y centroderecha.
Desde la prensa derechista se cuestionó la “precipitación2 de la medida de Moraes. Pero esa teoría conspirativa no la sostienen ya ni los principales dirigentes del Partido Liberal (PL) bolsonarista, que discutían la validez de la decisión judicial de prolongar dos horas más el horario de votaciones, cuando votaron apenas 34.000 personas: Lula ganó por casi 4,5 millones de votos de diferencia.
Según el politólogo André Singer, Lula logró un giro sin precedentes entre la primera y la segunda vuelta gracias a las movilizaciones populares de izquierda que salieron a las calles de varias ciudades de todo el país.Las manifestaciones en la Avenida Paulista de São Paulo son los eventos de izquierda más grandes de la ciudad, quizás de todo Brasil. «Y son una respuesta, aunque tardía, a la gran manifestación de derecha que tuvo lugar la víspera del juicio político contra la entonces presidenta Dilma Rousseff [PT]», afirma.
Donald Trump, que lo acogió en Estados Unidos, sigue su perorata sobre un fraude. Todos saben que es especialista en esas teorías conspiratorias cuando las cosas se le tuercen y sus copistas más fieles fueron los bolsonaristas, que en 2022 copiaron en Brasilia el asalto al Capitolio que los trumpistas habían protagonizado dos años antes en Washington, en ambos casos para rebelarse ante una derrota electoral.
Sin duda, la huida de Jair Bolsonaro contó con la imprescindible complicidad de la Administración Trump y su amanuense, el libertario
presidente argentino Javier Milei, quien insiste en desconocer el triunfo de Lula, tras hacer en Sao Paulo proselitismo por y con Flavio, acompañado de una catarata de insultos a Lula. La cobertura del gobierno de Milei fue esencial para facilitar la fuga del excandidato brasileño a sabiendas de que este estaba huyendo de la justicia de su país.
El sábado Flavio Bolsonaro lanzó desde Miami un mensaje desestabilizador por Instagram. Algunos think tanks conservadores de Washington le están pidiendo a Marco Rubio que actúe contra un supuesto “autoritarismo» del gobierno brasileño. También el ultraderechista Steve Bannon, ingeniero del caos hoy caído en desgracia, habló de fraude y le pidió a Trump romper relaciones.
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)