Noboa señala que Ecuador e Israel «tienen los mismos enemigos»
Edgar Isch L.*
Es conocido e indiscutible el proceso de creciente autoritarismo del gobierno ecuatoriano presidido por Daniel Noboa. Lo es también su falta de capacidad para resolver los graves problemas de la población ecuatoriana. Pero hay otro aspecto vergonzoso de este gobierno de derecha que no tiene tanta referencia en la prensa y es su sumisión ante el gobierno de Trump respecto a la política internacional.
Un acontecimiento que sí ha llamado la atención es el voto del representante del país ante la ONU cuando se trató de la denuncia internacional contra el ilegal e infame bloqueo a Cuba. Este 28 de octubre ciento treinta países del mundo votaron por el fin del bloqueo contra Cuba, expresando una vez más la mayoritaria opinión de los pueblos del mundo, pero Ecuador votó en contra.
Este hecho es una manera más de romper la tradición de la diplomacia ecuatoriana en defensa de la legislación internacional con la que se encuentra comprometido el país. Además, constitucional y legalmente se defiende la soberanía de las naciones, la no intervención en asuntos internos de cada país, el libre comercio y la vigencia de normas internacionales para evitar castigos colectivos y distintas formas de genocidio, lo cual le obligaría a votar contra el bloqueo como forma de agresión de una potencia contra un país pequeño. Desde 1992 hasta 2004 Ecuador mantuvo esa postura y votó argumentadamente contra el bloqueo.
Fueron 32 años que en gobiernos de distinto signo, incluyendo derechistas como Sixto Durán y León Febres Cordero, se mantuvo una posición justa y digna, que terminó con la abstención el año pasado y con la votación de este año, que pone a Noboa como el gobierno más indigno de nuestra historia.
Este realineamiento en política internacional tiene antecedentes. Noboa tiene compromisos con el imperialismo que se expresan en múltiples ocasiones. Meses atrás cerró la embajada en Cuba y expulsó a la representación diplomática de la Isla bajo acusaciones sobre las que nunca presentó ninguna prueba. De manera similar, lo hizo con el director del Centro Cultural Ecuatoriano Iraní en Quito. Se supone que, si las acusaciones lanzadas por todos los medios tuviesen algo de verdad, habrían iniciado los juicios y no se les habría permitido salir del país, acusaciones sobre las que no hay investigación conocida.
Un giro similar se presenta en referencia a Palestina. Durante años el país andino se opuso a la apropiación de territorios por la fuerza, que reducían espacio para Palestina. En 2010 Ecuador reconoció formalmente al Estado palestino libre, independiente y con las fronteras de
1967, y continuó con esa línea hasta abril de 2024, cuando como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU votó a favor de que Palestina ingresara como miembro pleno de las Naciones Unidas (una resolución de la mayoría del Consejo que fue impedida con el veto de Estados Unidos).
Sin embargo, esa posición ya no existe: en septiembre de 2024 Ecuador se abstuvo en la resolución no vinculante que exigía a Israel poner fin a la ocupación ilegal de los territorios palestinos en un plazo de 12 meses, algo realizado incluso bajo la consideraciones basadas en la historia del país; luego se abstendrá en junio 2025 sobre la moción propuesta por España en favor de un alto al fuego, la liberación de rehenes y la rendición de cuentas por parte de Israel; nuevamente se abstiene, en diciembre de 2025, en la votación de la Asamblea General que reafirmaba el derecho fundamental del pueblo palestino a la autodeterminación y a un Estado independiente.
Retroceso diplomático que tiene sentido en las múltiples expresiones de Noboa en favor del gobierno genocida de Netanyahu, señalando que «Israel y Ecuador tienen los mismos enemigos». Con ese argumento acusaron de agrupaciones consideradas terroristas a Hamás y Hezbolá, vinculándolas con la delincuencia organizada en Ecuador. Una vez más, no se dio ninguna prueba de aquello.

El alineamiento con los intereses de Estados Unidos e Israel también se observa en varios tratados de seguridad, comercio y tecnología, pero más aún en el silencioso respaldo al genocidio en Gaza. Las abstenciones y el silencio son también una forma de tomar posición que se muestran en la siguiente declaración de Noboa en enero de 2024, «Mi apoyo a Israel en la posibilidad de defenderse ante una amenaza (…)Como nación no vamos a condenar las acciones de Israel ni tampoco vamos a tomar una postura como la tomó Brasil y la tomó Colombia».
Cabe señalar que incluso se llevó, bajo acuerdo internacional, a soldados de Israel que terminaron su servicio militar para que entren a escuelas ecuatorianas bajo el nombre de “Héroes por la vida”. Realizan supuestas acciones humanitarias que niegan al pueblo Palestino, contra el cual han usado todo tipo de armas, incluyendo el hambre forzado mientras impiden su acceso a medicinas y solidaridad de verdaderas organizaciones humanitarias reconocidas en el mundo.
Si bien la diplomacia ecuatoriana históricamente ha denunciado el genocidio y trabajado por evitarlo, ahora la situación es contraria. En 2024 el gobierno rechazó la demanda de Sudáfrica contra el genocidio cometido por Israel en Gaza, presentada ante la Corte Internacional de Justicia. Luego no ha apoyado ninguna acción para que se investigue y se rinda cuentas del genocidio y fue una de las delegaciones que se quedaron en la ONU a escuchar al acusado de crímenes de guerra, Nentayahu, en las Naciones Unidas mientras la mayoría de los países se retiraban de la sesión.
Un tercer caso es el apoyo dado por Noboa al ataque militar a gran escala y el secuestro de Maduro. El respaldo directo lo cruzó con amenazas la los “chavistas” y, dado que Estados Unidos señaló su ataque al supuesto “Cartel de los Soles”, en Ecuador también y de manera inmediata se le declaró como organización terrorista. Ahora que organizamos oficiales de Estados Unidos declararon que ese cartel no existía, el gobierno ecuatoriano mantiene un silencio total, sin cambiar la declaratoria de terroristas a un invento.
Hay otros aspectos en los cuales el alineamiento de la política internacional del Ecuador es ahora un reflejo de la norteamericana. Por
ejemplo, en el modelo de la supuesta guerra contra las drogas, incluyendo detención y desaparición de pescadores ecuatorianos y destrucción de sus naves, lo que equivaldría a destruir la evidencia si fuera cierto que se encontraban trabajando para el narcotráfico, hecho negado por una corte ecuatoriana que ya declaró inocentes a muchos de ellos.
Ecuador se adhirió formalmente al llamado “Escudo de las Américas”, estrategia del imperialismo para la recolonización del continente. Bajo este marco, el país ha suscrito múltiples acuerdos militares bilaterales, permitiendo que fuerzas especiales y agencias estadounidenses asesoren, coordinen y ejecuten operativos tácticos en territorio ecuatoriano, así como su presencia en distintas bases y actividades, rompiendo el mandato constitucional.
Los soldados y contratistas militares norteamericanos tienen declarada inmunidad diplomática, lo que implica un perdón anticipado de crímenes que puedan cometer en Ecuador, como se denunció que habría ocurrido cuando ocupaban la Base de Manta. La inmunidad no solo es civil y penal, sino que también cuentan con inmunidad en materia migratoria, exención en el pago de impuestos, libre tránsito y la facultad de portar y utilizar sus armas en misiones conjuntas sin supervisión de las leyes locales.
Como se ve, la extrema derecha en el gobierno retrocede y niega acciones dignas de la diplomacia ecuatoriana. Su sometimiento a las políticas de Estados Unidos e Israel contribuye al aplastamiento de la legislación y tratados internacionales y lo aleja de los pueblos. Decir que se trata de una política internacional de tiempos de crisis y por tanto pragmática, como se lo ha hecho, no es sino el reconocimiento de la pérdida de valores y principios.
* Académico y ex ministro de Medioambiente de Ecuador. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)