Brasil define mucho más que una elección
Gustavo Veiga, desde Sao Paulo
Los comicios ponen en juego la continuidad de un modelo capitalista con puja distributiva, frente al modelo de alineación absoluta con Washington que propone Flavio Bolsonaro.
2022 donde Jair Bolsonaro ganó con Lula proscripto y el líder del Partido de los Trabajadores se tomó revancha después. No se lo perdonaron. La extrema derecha quiso derrocarlo a los siete días de asumir la presidencia con un golpe de Estado y la toma del Planalto.Los comicios ponen en juego la continuidad de un modelo capitalista con puja distributiva, frente al modelo de alineación absoluta con Washington que propone Flavio BolsonaroHoy la asimetría que provoca la injerencia notable de Estados Unidos en la votación de la que pueden participar 158,7 millones de electores modifica el escenario político de manera sustantiva. Washington, sin filtros, pretende completar el mapa de estados afines con el “botín” mayor. Se lanzó a disciplinar el hemisferio occidental con la prepotencia de su aparato tecnológico y militar –como pasó en Venezuela el 3 de enero último -, en una disputa donde su área de influencia se la discuten China y los BRICS.
Aunque estamos ante el filtro de la primera vuelta y todo indicaría que se marcha hacia el segundo turno del 25 de octubre, el gobierno de Donald Trump hizo y está dispuesto a hacer todo lo posible para entorpecer la marcha de Lula hacia su reelección.
Si se desgrana la batalla electoral, hija de una más grande y cultural -como la llama la extrema derecha-, son dos los territorios en disputa. Aquel donde domina la lógica algorítmica, el mundo virtual de las redes y fake news, tan funcional a Flavio Bolsonaro; del otro que a diario se respira en las grandes urbes como San Pablo y Rio. En sus calles, en sus parques y grandes avenidas como la Paulista de 2,8 kilómetros de largo, se mide el pulso vital de la disputa por el sentido y el gobierno actual tomó la iniciativa con dos hechos concretos.
La prohibición de las apuestas que fomentaron la adicción al juego en casi dos millones de brasileños, con diagnóstico de ludopatía y sobre todo en los más jóvenes; más la vitalidad que ha demostrado Lula en cada una de sus intervenciones públicas. Su músculo electoral es muy competitivo pese a la maquinaria de recursos tecnológicos que tiene a disposición el clan Bolsonaro. Pero aún en ese terreno, donde la ultraderecha se floreaba, el presidente brasileño levantó su perfil digital con una clara victoria en el espacio virtual la noche del jueves.
En esta elección se define la continuidad de un modelo dentro del sistema capitalista, con puja distributiva y trabajadores con expectativas de ciertas mejoras. Pero también, que Brasil se mantenga fuera del mapa del hambre de la FAO como ya pasó dos veces con Lula y disputando su soberanía financiera en defensa del sistema Pix de transferencias gratuitas. Un dolor de cabeza para los bancos extranjeros.
El otro modelo que encarna el hijo del expresidente condenado por golpista, es de alineación absoluta con el Estados Unidos de Trump. Básicamente, consiste en que Brasil le compre todo a EE.UU., aunque China le venda sus productos más baratos. O que le adquiera material militar a la potencia del norte y renuncie a la acción de oro en Embraer, la empresa aeroespacial local y tercera del mundo detrás de Boeing y Airbus.
Los recursos que ambiciona controlar la única potencia hemisférica integran una lista extensa: tierras raras, litio, petróleo –como si no bastara con el ya conseguido en Venezuela-, cobre, otros minerales críticos, los recursos de la biodiversidad mayor del planeta, sus alimentos, la energía, las riquezas de su gran frente marítimo y la infraestructura tecnológica y digital. Demasiados valores estratégicos para tentar a EE.UU. y su proyecto hegemónico continental.
Una elección polarizada

Lula y Bolsonaro son los únicos dos candidatos a presidente que según todas las encuestas se mantienen competitivos –entre 13 habilitados en la elección– y pasarían al segundo turno. También se elegirán los nuevos gobernadores en 26 estados y el distrito federal de Brasilia más dos tercios de los senadores y la totalidad de los diputados federales donde el PT no tiene mayoría propia en ambas cámaras.
En el estado de San Pablo, el actual gobernador y exministro de Infraestructura de Jair Bolsonaro, Tarcisio de Freitas, reelegiría con el 56 por ciento de los votos con una luz notable sobre Fernando Haddad (37 por ciento). La misma encuestadora Datafolha, da una paridad casi absoluta para la elección de presidente en el mismo distrito donde Flavio solo supera a Lula por 39 a 38 por ciento. Tratándose del estado más poblado del país (21,48 por ciento), la comparación entre candidaturas es elocuente. Si el presidente –hasta ahora en empate técnico– ganara o perdiera por poco en el estado, sus chances de cumplir un segundo mandato crecerían de manera ostensible.
En todo el territorio paulista viven 46,17 millones de habitantes, casi el equivalente a toda la Argentina. Solo en la capital y su área metropolitana la población supera los 22 millones de personas y en esta ciudad vive la mitad.
La victoria en primera vuelta en la que Lula confía se apoya en sus últimas medidas, los traspiés diarios, las denuncias de corrupción sobre Bolsonaro que se amplifican por las redes sociales donde su familia supo hacerse fuerte en 2018 y un líder revitalizado que se mostró activo en el tramo final de la campaña electoral. El próximo 27 de octubre cumplirá 81 años. Su edad biológica no se compadece con su manera de actuar.
* Periodista y docente por concurso de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la tecnicatura de Periodismo Deportivo en la Universidad de La Plata (UNLP). Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)