El fin del mundo según la inteligencia artificial

Silvia Ribeiro

En las semanas recientes hemos oído, nuevamente de parte de las mayores empresas que la desarrollan, afirmaciones megalómanas y grandilocuentes sobre la inteligencia artificial (IA) y sus supuestas capacidades, desde que puede resolver los enigmas matemáticos del siglo hasta que podría terminar con la humanidad en 2030 y muchas otras cosas en el medio.
Timnit Gebru durante la sesión destacada “Recuperar nuestra humanidad en la era de la IA” en el marco de la conferencia...
Timnit Gebru durante la sesión destacada “Recuperar nuestra humanidad en la era de la IA”

Como explica Timnit Gebru, directora del Distributed AI Research Institute, se trata de otra cortina de humo para desviar la atención de los graves problemas reales que ya causa la IA, como el uso de armas autónomas, máquinas de matar que se usan en guerras y genocidios o el rol de la IA y estas empresas en empeorar la crisis climática ).

Es curioso que la IA, que afirman está por superar la inteligencia de la humanidad, aún no sabe resolver sudokus. O mejor dicho, sólo en cierto porcentaje y, sobre todo, no puede explicar cómo y por qué lo hizo. Y como no sabe la respuesta, la inventa, como suele hacer en otros casos.

Científicos de la Universidad de Colorado, en Boulder, pidieron a varios sistemas de inteligencia artificial que resolvieran juegos de sudokus y explicaran cómo lo hicieron . Las respuestas fueron pobres o falsas, porque los sistemas de inteligencia artificial generativa no tienen lógica (ni ética, ni emociones), son sistemas de lenguaje predictivos y estadísticos.

Los grandes modelos de lenguaje (GML) son la base de todos los asistentes de IA, como chatGPT, Gemini, Grok y similares. Si suenan coherentes en las respuestas que dan a las personas que los usan es porque comparan con miles de millones de posibles respuestas y adecúan su mensaje a quien pone la pregunta, pero no piensan. Son, como afirman Timnit Gebru y Emily Bender “loros estocásticos”, repetidores seleccionadores de frases y textos que no comprenden y que mayormente han tomado sin pedir permiso y sin citar .

Esta incapacidad que tiene la IA de explicar por qué toma una opción determinada es especialmente grave cuando se usan sistemas de IA automatizados en la asistencia o diagnósticos médicos, para decisiones judiciales y legales, o determinar si una persona o una pequeña empresa recibe o no un crédito, para calificar estudios, o en general para gestiones de gobierno.

Lo anterior es grave, ya que, por un lado, el entrenamiento de esos sistemas se basa en datos que ya están gravemente parcializados en género, raza y clases sociales, y por otro, porque es incapaz de tomar en cuenta factores y contextos que no encajan en su marco de selección predictiva.

Con la proliferación de bots automatizados y maliciosos, también el factor “estadístico” es altamente cuestionable.

Logo de OpenAI, compañía responsable del modelo de lenguaje extenso GPT.Los recientes anuncios apocalípticos de los hombres más ricos del mundo, o que aspiran a serlo, como Elon Musk, Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, el director de Anthropic que posa de sensato, cumplen en este momento funciones claves para asegurar la continuación de sus actividades y de sus ganancias. Como ya mencioné, para empezar, distraernos de los impactos reales que están ocurriendo, como que el uso de IA sigue aumentando su absurda demanda energética, que tiene un rol clave en el empeoramiento del cambio climático y que sus centros de datos disputan a comunidades locales agua, tierra y salud ).

También para que olvidemos los impactos negativos en educación, las consecuencias nefastas del uso de granjas de bots y campañas masivas para determinar elecciones de gobierno, o que el programa Claude, del sensato Amodei, es responsable de que el Pentágono asesinara a 168 niñas en una escuela en Irán y que empresas de IA son las que automatizaron los asesinatos de decenas de miles de niños, mujeres y hombres en Palestina.

En realidad, la primer pregunta que deberían responder es por qué sus empresas están desarrollando esos sistemas si tienen tantos peligros, y ese tema, para ninguno de ellos, está en la mesa. Lo que plantean es una moratoria (que nadie puede controlar si se cumple) y la autorregulación, controlada por las propias empresas. Como última opción, sentarse a la mesa como iguales a los gobiernos, en un sistema de múltiples partes interesadas en el que de todos modos pueden ejercer el enorme control que tienen sobre los éstos, ya que muchos les han delegado gran parte de su gestión a esas mismas empresas.

¿Se han cumplido las promesas de “progreso” con la IA? Las autoras Emily Bender y Alex Hanna explican que es sobre todo un bombo publicitario. En su libro La estafa de la IA (Paidós, 2026) detallan cómo, más allá de la propaganda de las empresas, son escasos o inexistentes los supuestos beneficios que ha traído a la sociedad, pese a las ganancias sin precedentes para sus dueños.

Lo que es real y altamente difundidos en todas las sociedades son los daños causados: pérdidas de empleo, impactos ambientales, sociales, educativos, a la democracia y a las economías, especialmente en los países que ponen los recursos materiales que mantienen esta industria. Ya es hora de sacudirnos el mito de que la IA es la clave del progreso para todos. Es, por el contrario, una forma eficaz del capitalismo tecnomilitar de mantener la desigualdad, con renovados métodos de vigilancia, represión y guerra.

* Investigadora y periodista uruguay-mexicana, responsable de programas del Grupo ETC  (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) en México. Coordinadora de investigación de la Alianza Biodiversidad