Las claves del acuerdo energético impuesto por EEUU a Venezuela

Álvaro Verzi Rangel

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, detalló el sábado el acuerdo energético con Estados Unjidos para la explotación conjunta de 17 campos petroleros y ocho bloques verdes en la Faja Petrolífera del Orinoco, con una vigencia de 25 años, que plantea una meta de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios.

Rodríguez sostuvo que Venezuela aportará los recursos petroleros, la infraestructura industrial y la experiencia de sus trabajadores, mientras Estados Unidos contribuiría con capital y tecnología para recuperar y desarrollar los activos involucrados. Afirmó que el esquema busca transformar las reservas de crudo en empleo, inversión, producción y mayores ingresos públicos.

La geopolítica energética global atraviesa un punto de inflexión histórico. El anuncio realizado por el presidente Donald Trump sobre un acuerdo estratégico que garantiza a Estados Unidos el control mayoritario de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela no solo representa un terremoto económico para Sudamérica, sino la piedra basal de una doctrina de dominio absoluto en el hemisferio occidental.

En momentos en que la conflagración militar en Oriente Medio —marcada por una guerra con Irán que ya completa seis meses— y las sanciones estructurales contra Rusia han alterado y colapsado las cadenas globales de suministro, Washington dio un golpe de timón audaz para asegurar su independencia y supremacía a largo plazo.

Proyecciones del acuerdo energético Venezuela EEUU

La Presidencia calculó que, con un precio de referencia de 65 dólares por barril, el Estado venezolano podría recibir 209.335 millones de dólares durante el desarrollo del proyecto. El discurso oficial precisa que cerca de 19 dólares de cada barril producido y comercializado ingresarían directamente al país, aunque el monto final dependerá de la cotización internacional, el ritmo de inversión y la producción efectiva.

El proyecto contempla regalías mínimas de 16% y un impuesto sobre la renta de 34% para los ocho nuevos bloques de la Faja, cifras que Rodríguez comparó con las condiciones de las asociaciones estratégicas de la apertura petrolera de hace tres décadas. El Gobierno aseguró que Venezuela mantendrá la propiedad y la soberanía sobre las reservas, al tiempo que utilizaría inversión y capacidad operativa externa para impulsar la recuperación del sector.

La presidenta encargada indicó que los recursos derivados del pacto se orientarían a modernizar los servicios públicos, la salud, la educación y la infraestructura, además de fortalecer la capacidad energética y productiva nacional.

También mencionó la intención de avanzar en acuerdos con empresas como Chevron, Repsol, Eni, Shell y BP, con el objetivo de ampliar la producción de petróleo, las exportaciones de gas y el desarrollo petroquímico venezolano.

Todo para EEUU

Este convenio sin precedentes incrementa enormemente la seguridad energética y proyecta el dominio incuestionable de Estados Unidos en Occidente. Con la reserva estratégica de petróleo estadounidense navegando en sus niveles más bajos de las últimas cuatro décadas y con los precios de los combustibles convertidos en una espada de Damocles política de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre, la Casa Blanca logró transformar la crisis de abastecimiento en una oportunidad hegemónica.

El acuerdo, estructurado minuciosamente por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en estrecha alianza con corporaciones privadas estadounidenses, contempla el desarrollo intensivo de 17 campos estratégicos venezolanos. Tras el secuestro del presidente de Nicolás Maduro el 3 de enero pasado por marines estadounidenses y la asunción interina de Delcy Rodríguez bajo una intensa presión de Washington, el panorama institucional del país caribeño experimentó una metamorfosis radical.

Las reformas promercado en los sectores de hidrocarburos y minería abrieron de par en par las puertas al capital extranjero, disolviendo las barreras del histórico nacionalismo chavista. Lo paradójico es que el gobierno sigue bajo control de las mismas figuras del chavismo que estaban con Maduro. Con sus índices de aprobación en caída, Donald Trump remarca en que el acuerdo con Venezuela reducirá los precios de los combustibles para los estadounidenses, un asunto sensible de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre. Y el conflicto con Irán ha alterado el suministro mundial de petróleo y afectado seriamente el valor de las naftas en Estados Unidos.

De acuerdo al sitio especializado Axios, el acuerdo con Venezuela más que duplicaría las reservas petroleras de EEUU en un momento en que la reserva estratégica de petróleo estadounidense se encuentra en su nivel más bajo en 40 años. Ahora, Trump insta a las empresas estadounidenses a invertir en Venezuela, aunque éstas son cautelosas ante la infraestructura deteriorada y el pasado de expropiaciones de activos de inversionistas extranjeros por parte del gobierno nacionalista revolucionario de Hugo Chávez

Las cifras divulgadas reflejan la magnitud de la transacción. Mientras el gobierno interino de Caracas celebra la promesa de más de 209.000 millones de dólares en futuros tributos para el Estado y cerca de 100.000 millones en inversión privada directa destinada a reconstruir una economía devastada, Washington obtiene el activo más codiciado del planeta: Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo.

ara el presidente Trump, la ecuación es clara: el acuerdo más que duplica las reservas petroleras oficialmente contabilizadas por Estados Unidos en su área de influencia directa, blindando al país frente a las turbulencias de los mercados euroasiáticos.

El factor Irán-Rusia

Para comprender la dimensión geopolítica de este pacto hay que tener en cuenta las dos guerras que en este momento sacuden al mundo y a la economía global.

La conflagración en Irán ha fracturado el flujo tradicional de hidrocarburos hacia Occidente, tensionando los mercados globales y disparando la volatilidad de los precios. Paralelamente, el aislamiento energético de Rusia derivado de la guerra en Ucrania consolidó un mercado escindido donde los grandes jugadores buscan desesperadamente zonas de aprovisionamiento seguras, inmunes a los bloqueos navales y a los chantajes geopolíticos de Washington.

Al desplazar el centro de gravedad del suministro hacia el patio trasero de América, la administración Trump logra un doble objetivo estratégico: por un lado, neutraliza la influencia de actores extracontinentales en la región, y por el otro, consolida una muralla de contención económica que garantiza petróleo estable, a bajo costo y geográficamente próximo para la economía estadounidense.

A pesar de la fanfarria por el acuerdo, analistas del sector energético advierten que persisten profundos interrogantes sobre los mecanismos legales y financieros de la transferencia de activos, cuestionando si se trata de una venta directa, una reestructuración de títulos o un usufructo condicionado a la extracción efectiva. Expertos estadounidenses señalan que la infraestructura petrolera venezolana presenta cicatrices profundas tras décadas de desinversión y sanciones. Si bien la producción venezolana muestra un repunte marginal —cerró julio en 1.200.000 barriles diarios, un 29,8% más que en enero—, dista abismalmente de los tres millones de barriles diarios de hace 25 años atrás.

Asimismo, expertos venezolanos advirtieron que los pozos incorporados en este acuerdo requerirán entre cinco y diez años de obras intensivas para alcanzar el cien por ciento de su capacidad operativa.

*Sociólogo y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)