Empleo juvenil ante la IA, la distopia del capitalismo
Eduardo Camín
Las personas jóvenes de América Latina enfrentan el desafío permanente de acceder a un trabajo decente.
Un reciente análisis de Juan Jacobo Velasco (Oficial Nacional de Información Laboral de la OIT Cono Sur) reflexionaba sobre el estudio de la OIT (Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026: Regreso al futuro, Juventud en cambio: Desafíos y oportunidades en el mercado laboral de América Latina y el Caribe), que presentan cifras, análisis y testimonios de los jóvenes en la región, para comprender mejor la situación actual y los retos que se avecinan, sobre todo aquellos vinculados a la digitalización y la IA.

Y señalaba que “las personas jóvenes entre 15 y 24 años en la región tienen indicadores laborales que muestran su vulnerabilidad estructural: su tasa de desocupación es tres veces superior a la de los adultos, mientras que su tasa de informalidad es 1,3 veces mayor. A su vez, las tasas de participación y ocupación de los jóvenes son 20 puntos porcentuales menores que las de los adultos, lo que revela brechas de empleo, participación e informalidad, que condicionan tanto la entrada de los jóvenes de la región al mundo del trabajo, como su trayectoria laboral.
A ello se suma que uno de cada cuatro jóvenes no estudia ni trabaja remuneradamente. Esta situación tiene un fuerte sesgo de género: dos tercios de estos jóvenes son mujeres que, en su mayoría, asumen tareas de cuidado dentro de sus hogares, sin casi posibilidad de acceder a un trabajo remunerado.”
En este contexto estructural del mercado laboral de los jóvenes de la región se está desarrollando otro proceso acelerado: el avance de las nuevas tecnologías, sobre todo de la IA. Como a nivel global, América Latina también enfrenta este fenómeno, que está transformando a las organizaciones, a los trabajadores y a las relaciones laborales. La expansión de la IA podría profundizar algunas brechas que ya enfrentan determinados grupos, entre ellos, las mujeres y, paradojalmente, las personas jóvenes, especialmente cuando afecta ocupaciones y tareas que tradicionalmente han constituido vías de entrada al mercado laboral.
Esta paradoja radica en que predomina una visión optimista sobre la mayor adaptabilidad de los jóvenes para interactuar con la IA y utilizarla. Sin embargo, una parte de su inserción en el mercado laboral ocurre a través de ocupaciones y tareas de entrada que presentan distintos grados de exposición a las transformaciones asociadas a la IA. Como sabemos la velocidad y profundidad de estas transformaciones no serán homogéneas, las mismas dependerán de factores como la estructura productiva, los niveles de informalidad y la capacidad de las empresas para incorporar nuevas tecnologías.
Algunos sectores y áreas empresariales muestran una mayor intensidad en el uso de la IA, lo que puede modificar tanto los perfiles demandados como las oportunidades de entrada de las personas jóvenes al mercado laboral. A ello se suma la necesidad de comprender cómo estos cambios pueden modificar las trayectorias de inserción laboral de las personas jóvenes. Al mismo tiempo, la ampliación del uso de la IA en el sector productivo está exigiendo una rápida adaptación de la educación superior y de la formación técnico-profesional, para que las competencias de las personas jóvenes respondan a las necesidades cambiantes del mercado de trabajo.
Es decir, la irrupción tecnológica plantea diversos desafíos para la inserción laboral de los jóvenes. Por un lado, esta pudiera volverse más lenta si la automatización y la transformación de tareas reducen la disponibilidad o la contratación en algunas de las ocupaciones que tradicionalmente han servido como puerta de entrada al mercado laboral. Por otro lado, activar la motivación de los jóvenes respecto del trabajo es central, particularmente en aquellos más pobres, que no perciben oportunidades suficientemente viables.
Estos desafíos suponen priorizar acciones para apoyar a las personas jóvenes en su inserción laboral. Un fuerte diálogo social, que aborde desafíos como la creciente gravitación de las nuevas tecnologías y su impacto en el empleo, será indispensable para garantizar un futuro laboral inclusivo y con más trabajo decente para las personas jóvenes.
La inteligencia artificial transformará el mundo del trabajo, pero el futuro del empleo juvenil no dependerá únicamente de la tecnología. Dependerá, sobre todo, de las decisiones que gobiernos, empleadores y organizaciones de trabajadores adopten hoy para garantizar que las personas jóvenes puedan acceder a oportunidades de trabajo decente en una economía cada vez más digital.
La ausencia del testigo principal: “el capitalismo” 
Se dice que “La ausencia del testigo principal, aplaza el juicio”. Durante su conferencia centenaria de junio 2019, ya señalábamos que la OIT, sería una de las cajas de resonancia mundial, en materia de IA. En realidad, este había sido uno de los temas destacados en el histórico informe Trabajar para un futuro más prometedor, que la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo publicó en enero 2019 y que fue ampliamente discutido en la Conferencia internacional del Trabajo en Ginebra en ese año.
Siete años después todos los nuevos informes de la OIT evalúan de una forma u otra el impacto de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en la cantidad y calidad de los empleos. El reciente estudio de la OIT hace hincapié, en este sentido, destacando una vez más el rol de la IA, haciendo referencia particularmente a América Latina y el Caribe. Aparentemente según los expertos, no cabría dudas que la inteligencia artificial (IA) desempeñará un papel importante en el futuro del trabajo; un futuro que por otra parte ya ha comenzado.
Los rápidos progresos en la IA tienen el potencial de crear nuevas oportunidades, aumentar los niveles de productividad y generar mayores ganancias. Pero también surgen algunas otras voces más precavidas que destacan el temor de que puedan causar, y están causando, en la pérdida de empleos y el incremento de las desigualdades, con unos pocos afortunados apropiándose de los beneficios de la IA, mientras otros son dejados atrás. Las luces de alarma se encienden cuando algunos expertos estiman que desaparecerían 300 millones de puestos de trabajo en el mundo.
Sin duda, el hombre ha vivido durante milenios y milenios oprimido por una circunstancia adversa, precaria, limitadísima, tiranizado por las dificultades. Por lo tanto, el horizonte humano consiste en un repertorio de facilidades y dificultades, donde cualquier realidad, puede ser facilidad y a la vez dificultad. No obstante, hay siempre una paradoja, o al menos un contrasentido entre los objetivos que se persiguen y los
caminos que se recorren entre la producción, el mercado y los derechos sociales. Muchas veces en este ejercicio dialectico ocasionado por un sin número de informes, que además incluye, los más diversos organismos internacionales, y sus diferentes voceros, las injusticas más profundas se hacen difíciles de explicar, a pesar de que se trata de algo que todos de una manera o u otra estamos familiarizados.
En este caso, no sería muy difícil convencerse, ya que hablamos de justicia social, hablamos de la pobreza de los trabajadores, la informalidad y el empleo vulnerable, hablamos de los problemas crónicos de los mercados laborales a través del mundo. A pesar de algunas décadas de crecimiento económico, seguimos enfrentando debilidades estructurales -o simplemente las consecuencias de la fase más aguda del capitalismo- en los mercados de trabajo.
No nos hagamos los distraídos, el capitalismo es un sistema intrínsecamente expansionista en la producción, el comercio y el consumo, la explotación de los recursos naturales y del trabajo, en el uso de nuevas tecnologías, en el despojo de tierras, territorios, saberes y recursos de toda índole, entre otras cosas. Esta necesidad del sistema económico por crecer y expandirse en forma permanente, y que pareciera imparable, ha venido generando y profundizando cada vez más los problemas de contaminación, erosión, desertización, calentamiento, sobreexplotación, despojo, depredación y extinción de recursos naturales y humanos que, sin embargo y paradójicamente, al admitir soluciones técnicas el sistema puede resolver —al menos parcialmente— sin ser cuestionado en su base.

No obstante, lo que no puede resolver es la desocupación, la pobreza y desigualdad, la exclusión, la explotación, el desprecio, la subordinación, sin cuestionar esa base, pues no se trata sólo de “consecuencias indeseables”, sino que son condiciones indispensables para el propio establecimiento y reproducción de las relaciones capitalistas.
De ahí que la solución no pasa por grandes coaliciones mundiales, no pasa por corregir, mejorar, agrandar o achicar el mercado, sino por transitar hacia otras formas de organización social del trabajo, de la producción y del consumo, hacia otras maneras de relacionarnos con la naturaleza y de entender nuestra propia vida a partir de otros sentidos que, basados en la propiedad social de los medios de producción naturales y artificiales, los utilice en forma responsable para la satisfacción de las necesidades de la sociedad en su conjunto, y no de una minoría de multimillonarios.
Es cierto que no podemos, ni debemos convertir la capacidad de innovación en defecto, y consagrar, como supremas virtudes, la prudencia, el inmovilismo y el recelo, pero los errores pueden y suelen ser fatales en momentos evolutivos. Más aún cuando la elite mundial está comprometida con su propia realidad económica y no le importa una neurona todo aquello que no sea rentable. Y de esto se trata inundarnos de tecnología con las consecuentes deudas monetarias (deuda externa) o patrimoniales (recursos naturales), para muestra bastara una tecla.
La obscenidad de un espectáculo de capitales, mercancías y fusiones y billones de dólares en guerras que determinan el rumbo de sus coaliciones en la especulación de los mercados financieros y la rapiña desenfrenada por los recursos naturales, en eso está el mundo.
En momentos cruciales en que se dispone de dispositivos extraordinariamente potentes generados también por la IA, se construye un mundo paralelo (virtual) que, al tiempo que disfraza e invisibiliza el sometimiento y la explotación, opaca las resistencias, mientras, a su vez un sinnúmero de ciudades en el mundo entero, bajo el manto del terrorismo, inmigración y tráficos de todo tipo convive en la doctrina del gran hermano, que nos muestran un avance inquietante y sofisticado de vigilancia totalitaria, sin que la seguridad sea garantizada… y el fascismo campea a sus anchas.
*Periodista uruguayo residente en Ginebra, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas en Ginebra. Analista Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la