EEUU tutela el diálogo en Venezuela, sin elecciones a la vista
Álvaro Verzi Rangel
Venezuela inicia un incierto y poco claro proceso de diálogo auspiciado y vigilado por la Administración Trump: es el primer acercamiento entre gobierno y oposición desde que Estados Unidos atacase el país el 3 de enero y secuestrara al presidente Nicolás Maduro. Y pasaron ya seis semanas del doble sismo que estremeció al costa caribeña, dejando muerte y desolación en el país.
Desde el secuestro del presidente el país caribeño es dirigido, con el beneplácito estadounidense, por Delcy Rodríguez, quien fuese la número dos de Maduro. Hoy, su hermano, Jorge Rodríguez, dirige al «nuevo chavismo» en la negociación con la dividida oposición de derechas.
Después de años de negociaciones fallidas y profundas fracturas políticas, Venezuela vuelve a encontrarse frente a una mesa de diálogo. Aunque el encuentro presencial previsto para el 1 de agosto finalmente no se realizó, el simple hecho de que la conversación comenzara mediante una llamada telefónica entre Jorge Rodríguez, representante del oficialismo, y Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, representa el primer contacto formal entre ambas partes en un escenario político completamente distinto al de procesos anteriores.
La mesa de diálogo se instaló este jueves dentro de la base aérea de La Carlota, en Caracas. Solo se permitió entrar a los fotógrafos, en rondas de un minuto. No hubo declaraciones ni preguntas, y ninguna delegación enseñó documento alguno. Quedó la foto de dos comisiones frente a frente, gesto serio y sin apretón de manos. En la mesa no está María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025 (según la prensa estadounidense «no tiene mayor adhesión» en el país), ni un calendario electoral: el propio Gobierno estadounidense ha enfriado la opción de acudir a las urnas a corto plazo.
De este primer encuentro solo trascendió un «comunicado conjunto» que ambas partes difundieron en redes sociales. El texto asegura que las partes se declaran en «sesión permanente hasta el 12 de agosto» y suscriben los principios de «negociar de buena fe, buscar una solución política, pacífica y constitucional, reconocerse mutuamente e informar al país de los avances».
El encuentro continuó el viernes, en un hotel en Sabana Grande, en Caracas, que ya fue escenario de intentos de diálogo anteriores. De nuevo, sin declaraciones a la prensa. Solo fotos.
Figuera a la cabeza
La actual cabeza de la delegación opositora, Dinorah Figuera, es mujer de confianza del Departamento de Estado y diputada electa en la Asamblea Nacional de 2015, las últimas elecciones legislativas que Estados Unidos reconoce. Preside una cámara que durante años actuó como una suerte de pretendido «gobierno en el exilio» con escaso impacto. Esa misma Asamblea fue la impulsora del desastroso y corrupto gobierno «de facto» de Juan Guaidó, cuyo fin fue el de que Estados Unidos pudiera apoderarse de las riquezas venezolanas.
Los analistas coinciden en que Figuera no suscita consenso entre todas las facciones opositoras y varias han recibido el encuentro con escepticismo, aunque evitan criticar abiertamente un proceso dirigido por Washington. Precisamente esa es la diferencia entre este intento de diálogo y la docena que lo precedieron desde 2014: el respaldo explícito de la Casa Blanca y la influencia que Trump tiene ahora -y por ahora- en ambas partes.
Rubio es quien manda
Nada indica que el diálogo signifique el arranque de una transición con fechas. La agenda que Figuera describió al llegar desde España tiene tres patas: una mesa prioritaria para las víctimas del terremoto, la recomposición del Consejo Nacional Electoral —el árbitro de los comicios— y la «reinstitucionalización del país», que incluye renovar el Tribunal Supremo de Justicia y «garantizar los derechos políticos y civiles».
Figuera adelantó que el primer producto formal del trabajo no se presentará, previsiblemente, hasta diciembre. Agradeció además el acompañamiento del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, cuyo departamento saludó la instalación como una «oportunidad única». Lo cierto es que Washington es en Caracas impulsor, árbitro y parte.
En una entrevista con Fox News difundida el domingo, Rubio ordenó las prioridades sin rodeos: primero estabilizar el país para evitar «una guerra civil, migración masiva, disturbios civiles»; después, un marco legal que permita a los inversores «entrar e invertir de manera segura»; y solo al final, elecciones. Citó como modelo las transiciones de Europa del Este y definió el papel estadounidense como el de facilitador. El martes pidió «persistencia y un poco de paciencia». Trump ya había dicho en julio que el país no está listo para votar: EEUU impondrá los gobernantes, al mejor estilo colonial.
El negocio primero
Las grietas que deja el proceso
María Corina Machado salió de Venezuela el 9 de diciembre de 2025 rumbo a Oslo para recoger un Premio Nobel rodeado de polémica. No ha vuelto. Prometió el regreso desde Noruega, pero ha vivido fuera el semestre más convulso de la historia reciente del país, incluido el terremoto. Ni ella ni Edmundo González participan en la mesa; ambos han dicho que no la bloquearán, pero que juzgarán por resultados verificables. Rubio ha deslizado que Machado podría tener algún papel en la transición, pero no concreta cuál.
Más crítica se ha mostrado Acción Democrática, el histórico partido socialdemócrata dirigido por Henry Ramos Allup, que cuestiona la designación de Dinorah Figuera y sostiene que un proceso de esta naturaleza debe contar con todos los partidos de la Plataforma Unitaria y con Machado. El propio Capriles ha advertido de que cualquier negociación que la excluya está «condenada a fracasar».
Chavismo originario
El 28 de julio, aniversario del nacimiento del expresidente Hugo Chávez, 29 dirigentes del llamado chavismo originario se reunieron en Maracay y firmaron una carta abierta que rechaza «cualquier forma de tutelaje o dominación» sobre el país. El texto reclama recuperar el manejo soberano de los ingresos del petróleo, hoy depositados —denuncia— en un fondo administrado por Washington, y exige que la negociación se acuerde «sin injerencia extranjera alguna».
El texto carga contra el Ejecutivo de Rodríguez sin nombrarla explícitamente y pone de manifiesto la tensión creciente entre las bases más ideologizadas y la dirección del partido Entre los firmantes figuran el exministro Reinaldo Iturriza, el diputado Tony Boza, la exdiputada Aurora Morales y, sobre todo, Elías Jaua, vicepresidente ejecutivo de Chávez, canciller y ministro en media docena de carteras hasta 2018. Jaua representa al chavismo intelectual que quedó desplazado por las disputas internas y conserva ascendiente sobre varios cuadros medios.
Jaua advirtió que la situación se agrava por el desembarco de tropas estadounidenses en La Guaira y por el silencio de las dirigencias «con vocería permisada», más interesadas, dice, en colaborar con el plan de Trump que en preservar la dignidad de la República. También ha rechazado los acuerdos de reconstrucción firmados con Israel tras los sismos.
Prioridades
El diputado opositor a la Asamblea Nacional, Felipe Mujica, señaló que el diálogo no debería centrarse en defender «intereses personales», sino en «defender los intereses de los venezolanos». «Hoy los intereses de los venezolanos son muy claros: necesitamos restituir la calidad de vida, necesitamos que haya salarios dignos, necesitamos que haya la posibilidad de que la democracia se ejerza, que la alternabilidad funcione», explicó. Además, destacó que el diálogo debe incluir a todos los sectores de la sociedad venezolana.
La agenda de la mesa de diálogo deberá responder simultáneamente a varios desafíos: recuperar la independencia de los poderes públicos, organizar elecciones libres con observación internacional, garantizar el regreso seguro de los exiliados políticos, atender la emergencia social agravada por los terremoto y reconstruir la economía para recuperar no solo la confianza de inversionistas nacionales e internacionales, sino para garantizar una vida digna a la oblación.
El presidente del partido Soluciones para Venezuela, el exalcalde socialdemócrata de Caracas, Claudio Fermín, afirmó que la situación actual del país no corresponde a un proceso de transición política, sino a una «ocupación a la fuerza» del territorio nacional que violenta flagrantemente la legislación internacional. El dirigente político fijó posición sobre las recientes acciones ejecutadas por la administración estadounidense. «Para el presidente Trump, para el Secretario de Estado Marco Rubio, para Stephen Miller no hay ninguna transición; ellos ocuparon un territorio militarmente», aseveró Fermín.
Fermín calificó de «barbarie» la operación militar desarrollada por las fuerzas de Estados Unidos en territorio venezolano y el Caribe, la cual culminó con el secuestro del mandatario Nicolás Maduro. «Mataron 100 personas, posiblemente inocentes, todos en el Caribe, sin rendirle cuenta a nadie», fustigó Fermín, al tiempo que cuestionó la doble moral de la diplomacia global al señalar que ningún mecanismo internacional «que vaya a censurar un error que haya cometido alguno de ellos sirve».
Aprobación
El más reciente estudio de opinión realizado por Hinterlaces revela que la gestión de Delcy Rodríguez para atender la emergencia tras los dos terremotos del 24 de junio ha recibido una aprobación ciudadana del 61%. Según el estudio correspondiente al 6 de agosto de 2026, el 61% de los encuestados califica su labor como positiva o muy positiva, frente a un 37% que la desaprueba.



