Para EEUU y Trump, una derrota muy cara ante Irán

Álvaro Verzi Rangel

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, estimó que la guerra contra Irán iniciada el pasado 28 de febrero ha costado hasta ahora 37 mil 500 millones de dólares. Esta cifra, como las que ha presentado antes el Pentágono, se considera en exceso optimista por contar sólo costos operativos inmediatos, como la reposición de los cohetes, misiles y bombas lanzados contra la República islámica. El editorial del New York Times no podía ser más claro: “President Trump lost this war” (El presidente Trump perdió esta guerra).
Su exvicepresidente Mike Pence ve en el acuerdo sucrito “el tufillo de política de apaciguamiento que tanto rechazamos de Obama”. Para el senador republicano Bill Cassidy, es “el peor error en décadas de la política exterior norteamericana”. Y hasta Israel califica el acuerdo de “capitulación catastrófica».
En la desesperación, Estados Unidos ya lleva 11 noches consecutivas bombardeando Irán desde que se rompió el alto el fuego y las gasolineras del país lo han notado. En Washington, los surtidores vuelven a superar los cuatro dólares el galón (unos 3,78 litros) a cuatro meses de unas elecciones legislativas en las que el costo de vida amenaza con ser determinante en las urnas. El aumento de la cifra de muertos y la revelación de que el Pentágono ha estado ocultando el número real de heridos, empeoran los pronósticos para Donald Trump de cara a las elecciones de noviembre.
La típica 'derrota' de Estados Unidos
Triste, solitario ¿final?
La era del dominio de Estados Unidos en Medio Oriente ha terminado. Si algo tienen en común las “derrotas” norteamericanas, es la desproporción brutal entre las víctimas propias y las del enemigo supuestamente victorioso. Su forma de perder es siempre la misma: costándole mucho más cara al país ganador.
EEUU no alcanzó ninguno de sus objetivos: no cayó el régimen iraní, ni se ha desarmado y sale reforzado reforzado, es mayor aún la desestabilización regional con la intervención estadounidense, que le ha valido pérdida de crédito y prestigio en la zona, incertidumbre económica mundial, y un enorme gasto en material militar que Washington tardará años en reponer.

Los titulares de la prensa europea y estadounidense no dejan lugar a dudas: “Derrota de Trump en Irán”, “Trump firma la derrota de Estados Unidos ante Irán”, “Derrota sin paliativos de Estados Unidos”, “Irán, la gran derrota de Trump”, “Estados Unidos capitula”, “Trump firma una derrota histórica en Versalles”, “Trump busca esconder su derrota ante Irán”, “Humillación”, “Debacle”, “Capitulación”.

Muchos comparan esta derrota en Irán con las sufridas en Vietnam o Afganistán, y en esa comparativa es donde podemos comprobar si de verdad es una derrota para Estados Unidos: la forma de perder de EEUU es siempre la misma: costándole mucho más cara al país ganador.

Hegseth

El propio Hegseth dejó ver el precio de la guerra al solicitar al Congreso 95 mil millones de dólares adicionales para financiar al ejército, sobre un presupuesto que ya rebasó el millón de millones de dólares. Ese monto también es complementario al 1.5 millón de millones de dólares que Donald Trump ya anunció como su pretensión de gasto militar en 2027. Es normal que semejantes números provoquen mareo: apenas uno de cada 10 países miembros de la ONU tiene un producto interno bruto (PIB, es decir, el tamaño total de su economía) superior al presupuesto bélico estadunidense.

Sólo la mitad dispone de un PIB mayor a los 37 mil 500 millones gastados en el empeño de devastar Irán. En términos de gasto público, sólo ocho naciones (4 por ciento de la comunidad internacional) pueden movilizar lo que Washington destina a mantener su dominio armado sobre el planeta, y 64 ven pasar por sus arcas lo usado en estos meses en el golfo Pérsico.

Sería un error creer que las dimensiones de la economía estadunidense le permiten a la Casa Blanca derrochar de este modo sin comprometer el bienestar de sus ciudadanos y el equilibrio financiero. Desde el inicio del neoliberalismo, los incrementos irracionales del presupuesto militar se han realizado a expensas de la infraestructura, la educación, la salud, la seguridad social, el medio ambiente y otros sectores de gasto cuya negligencia afecta de manera desproporcionada a los grupos más vulnerables.

Sólo el año pasado, la decisión de no renovar los subsidios federales ampliados a la Ley de Cuidado de Salud Asequible (popularmente conocida como Obamacare) dejó a tres millones de personas sin cobertura de salud y obligó a quienes desean conservar sus pólizas a asumir costos mucho mayores; en muchos casos, con elecciones crueles entre pagar el seguro, los alimentos o el alquiler de la vivienda.

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Crisis en EEUU: crece el número de homeless (los sin hogar).

Pese a la idea de opulencia que predomina en el imaginario acerca de Estados Unidos, millones de personas necesitan apoyos gubernamentales para adquirir comida, y esas ayudas se han visto afectadas tanto por los recortes como por los frecuentes cierres del gobierno debidos a la ineptitud y los caprichos del trumpismo.

El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano calculó que en enero de 2025 había 745 mil 652 personas sin hogar en todo el país, de las cuales 266 mil se consideraban desprotegidas por pernoctar a la intemperie, en automóviles, edificios abandonados u otros sitios no aptos para la habitación humana.

En suma, el despilfarro bélico estadounidense no sólo es una amenaza para la humanidad, sino también una afrenta para las decenas de millones de sus ciudadanos arrojados a la pobreza o la precariedad por una política de gasto que pone a las grandes corporaciones que lucran con la muerte por delante de las necesidades de la mayoría.

Afganistán, de donde Estados Unidos huyó  tras veinte años de lucha contra los talibanes, dejó un saldo de 2.500 muertos propios, frente a más de 175.000 afganos muertos, además de un país devastado. En Irak, la salida estadounidense no fue vista como derrota, pero tampoco pudo cantar victoria: 4.500 soldados y 1.500 contratistas estadounidenses volvieron a EEUUen féretros, por más de 300.000 iraquíes muertos, la mayor parte civiles, según Irak Body Count. Hasta en la fallida invasión de Bahía Cochinos, en Cuba, los atacantes perdieron cuatro soldados estadounidenes y 114 anticastristas, frente a 176 cubanos muertos.

Si se mira al breve conflicto con Irán, las cifras de víctimas apuntan en efecto a otra típica “derrota”: 15 estadounidenses muertos, frente a más de 3.500 iraníes, incluida su cúpula dirigente, y enormes daños materiales y económicos para el país “vencedor”. Así es como pierde Estados Unidos.

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Los hutíes entraron en la guerra de Irán con un ataque contra Israel

El intento de maquillar esta realidad es la última señal de su guerra en Irán se está escurriendo entre las manos de Trump. Cinco meses después de bombardear Teherán, ve cómo sigue embarrado en el fango de los ayatolás y con los hutíes amenazando con abrir un nuevo frente. Esta semana, el grupo chií y aliado de Irán ha advertido que bloqueará el Mar Rojo, añadiendo más presión a unos mercados tensionados por el cierre del estrecho de Ormuz y el alza del petróleo y la gasolina.

Desde que estalló el conflicto en febrero, el Pentágono y Wall Street han estado mirando de reojo a Yemen, conscientes del potencial daño que podría causar la entrada de los hutíes en la ecuación. Bab el-Mandeb es el segundo punto crítico para el mercado energético que ahora mismo está en riesgo de colapsar, lo que ha provocado que los futuros del crudo se disparen.

Estas declaraciones de Trump e produjeron durante la recepción del presidente libanés, Joseph Aoun, con quien tenía previsto conversar sobre los siguientes pasos del acuerdo preliminar entre Líbano e Israel. La invasión del Ejército israelí en el sur del país también fue consecuencia del estallido de la guerra con Irán, aunque la Casa Blanca se esfuerza por sacarla de la ecuación regional. Inicialmente, en el alto el fuego acordado con Teherán, los ayatolás exigían un cese incondicional de las hostilidades en el país árabe.
El último sondeo de The Washington Post y Ipsos  señala que el 68% de los estadounidenses considera que la guerra con Irán no ha merecido la pena, mientras que solo el 28% opina que sí. Ese saldo negativo de 40 puntos es peor que el registrado tanto para la guerra de Irak como para la de Afganistán en las encuestas del momento.

 

*Sociólogo  y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)