En la mira

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El tortuoso camino recorrido por el dialogo y el constante reacomodo de las fuerzas políticas y sociales,  ha demostrado la fragilidad del propio proceso a la vez que su urgencia. Este prolongado esfuerzo debe entenderse más allá  de  sus fines inmediatos y explícitos,  en tanto estrategia fundamental para garantizar la paz con importantes  efectos políticos, éticos  e históricos a mediano y largo plazo.

Actualmente enfrentamos un nuevo intento de diálogo marcado por el reacomodo de las fuerzas políticas y sociales y, además,  por un compromiso ético con la democracia que trasciende la inmediatez y su objetivo formal. Sus efectos serán a largo plazo,  impactando fuertemente la legitimidad y credibilidad de la ciudadanía, la estabilidad política y la democracia en un sentido amplio. 4 claves del nuevo diálogo que gobierno y oposición de Venezuela mantienen en México - BBC News Mundo

A lo largo del proceso,  se ha generado un constante  reajuste interno de ambas fuerzas políticas, que deja al descubierto grupos de interés y pugnas intestinas en torno al liderazgo,  al propio dialogo y la participación en las elecciones regionales y presidenciales. Sin embargo,  la necesidad de dialogar debe imponerse a los intereses de grupo,  despojarse de la desconfianza, salvar sus diferencias y construir relaciones.

No estamos solos.  Imposible obviar el rol que desempeñan los EEUU, en tanto actor geopolítico activo en el terreno de “batalla”.   En la actual coyuntura, es imperante evaluar el efecto post Afganistán,  que ya se hará sentir en el accionar geopolítico en torno al país y seguramente afectará los procesos internos que tienen lugar actualmente. En reciente análisis, Andrés Oppenheimer, afirma que “Joe Biden podría endurecer medidas hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua”  como estrategia para “contrarrestar las críticas de la debilidad mostrada en la retirada de tropas estadounidenses de Afganistán”.

Señala Oppenheimer la probabilidad de que  Biden imponga nuevas sanciones, como una forma de incrementar la presión antes de la próxima ronda de conversaciones entre Gobierno y oposición, pautada para el 3 de setiembre en México.  Estas declaraciones dejan al descubierto los intereses geopolíticos que se mueven maquiavélicamente en torno al país y el dialogo.

Blindar el proceso de dialogo se convierte entonces en un imperioso objetivo político común.