Luisana Colomine | 

Claro, tampoco es la misma Venezuela, ni tenemos a Chávez…Entonces no había tuiter ni feisbu, mucho menos instagram ni telegram. Si acaso los chismes rodaban por email (ni pensar en “guasap”)…Otro era el periodismo. Más sereno, más de investigación, más interpretativo, menos “militante”.

Siempre Hugo Chávez fue atacado desde dentro y desde fuera del país, pero nunca padecimos un asedio económico, social y político de la magnitud actual…Chávez siempre fue irreverente con el inquilino de turno en la Casa Blanca, pero no había bloqueo, ni tampoco para esos años Venezuela era una amenaza para EEUU aunque ya éramos un “error” de sistema, construyendo un socialismo en medio de una sociedad y un mundo capitalistas. Los “hackers” desde entonces no duermen tratando de inventar el virus que acabe con eso.

Gracias a aquella Constituyente me leí la Constitución de 1961 (en la biblioteca de mi casa encontré un ejemplar amarillento, sí, pero sin usar) para poder saber cuáles serían los cambios. De modo que los periodistas seguíamos las sesiones y los candentes debates (ahora no he visto el primero) con esa constitución en una mano y en la otra una libreta para anotar las novedades.

Aplaudí, por ejemplo, la eliminación del temible “inciso” Alfaro, asistí en primera fila a la inclusión de los pueblos indígenas, a la eliminación del Consejo de la Judicatura, a la decisión de denominar República Bolivariana a Venezuela. Esa Constitución de 1999 la parimos todos…

En esta oportunidad el pueblo conoce su Constitución porque apenas fue aprobada en referéndum, salieron millones de ejemplares a la calle, miniaturas azules que contenían el programa del país, la guía, la bitácora.

Hoy, a tres meses de instalada la nueva ANC, no se sabe qué se cambiará, qué se mejorará, qué se transformará, qué se eliminará de la CRBV…Vemos, eso sí, una alta rotación de constituyentes, enroques, cambios. Y el pueblo se pregunta ¿Qué pasa en esa Constituyente? Esa es otra gran diferencia con la de 1999: aquellos integrantes fueron electos y se dedicaron a lo suyo: hacer la nueva constitución.

El 30 de julio de 2017 salimos a votar contra viento, marea y escuálidos. Desafiando a nuestros vecinos de toda la vida, venciendo el miedo. El pueblo salvó la Patria y puso allí a esos 545 (bueno, ya quedan 532) miembros, por eso nos sentimos tan constituyentes como ellos-as, y por eso tenemos el derecho de opinar, exigir, pedir. Pero en algunos casos se nos antoja que tal vez hayamos perdido nuestro voto porque el que elegimos ya no está en la ANC, quizás se fue a un ministerio o a una gobernación, y ahora los que quedan tal vez se trasladen a las alcaldías porque ciertamente, los vencedores de las territoriales pudiesen aspirar a más…

Dije al principio que escribiría a cuatro manos, nada más y nada menos que con Chávez. He estado releyendo sus discursos sobre el tema constituyente; buscando en mis archivos periodísticos y quiero compartirles parte de esa historia reciente que ha quedado escrita.

Así, encontré la intervención del presidente Chávez en el acto de conmemoración del décimo aniversario de la elección de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. Eso fue el 25 de julio de 2009. Compartiré algunos fragmentos porque es necesario recordar de dónde venimos, especialmente para aquellos que, hipócritamente, se rasgan las vestiduras en nombre del pueblo y del legado de Chávez.

En esa ocasión Chávez, siendo antecedido en el uso de la palabra por el orador de orden, Isaías Rodríguez, destacó una contradicción sobre la cual –decía- “debe cabalgar el proceso revolucionario”.

“La contradicción – continuó Chávez- entre el Poder Constituido que tiende a encerrarse en lugares fríos, y a responder con frialdad y a congelarse en los protocolos, en la llamada institucionalidad, tiende a contaminarse de la vieja institucionalidad burguesa a veces con relativa facilidad, entre ese espacio que a veces tiende al congelamiento y el fuego vivo del Poder Constituyente del pueblo, el fuego permanente, vivo y permanente del Poder Constituyente originario que lo tiene el pueblo y es la llama, es la llama que hay que estar alentando siempre”.

Este pueblo cambió. Ya no es el mismo y en eso el crédito principal se lo lleva Hugo Chávez, por eso es inaceptable que el exministro y ex diputado ahora constituyente Pedro Carreño, diga que la Constituyente es “la niña bonita de nuestros ojos” en el concepto más machista de la frase porque ¿para qué sirve una “niña bonita”? Sólo para contemplar su belleza y disfrutar de su gracia. No, señor. Porque la gente de Palo Gordo, en Táchira, por citar el hecho más mediático, no arriesgó su vida para elegir a una niña bonita sino a un foro que lo representase y le ayudara a solucionar sus problemas no sólo políticos sino económicos, sociales y de salud. Se logró la paz. Bienvenida sea. Pero la tarea no está completa porque la guerra económica no ha sido derrotada y el pueblo sufre.

Además dentro de los nueve temas que el presidente Maduro encargó a la ANC, lo económico figura de segundo, después de la paz. Ese concepto de “niña bonita” se parece mucho a eso que Chávez llama “Poder Constituido que tiende a encerrarse en lugares fríos, y a responder con frialdad y a congelarse en los protocolos”.

Con relación a las idas y venidas de constituyentes, hubo cierta decepción cuando Aristóbulo Istúriz (y otros-as) se fue a la campaña electoral por la gobernación de Anzoátegui. De inmediato nombraron su sustituto. Como perdió la gobernación, Aristóbulo regresó a la ANC. A Isaías Rodríguez se le pidió la renuncia porque Italia no acepta eso de que sea embajador y constituyente aun cuando en las bases comiciales presentadas por Maduro el cargo de embajador no interfiere con el otro.

Sobre esto es bueno recrear de nuevo al presidente Chávez y retomo otra parte del mismo discurso pues en aquella ocasión el maestro de ceremonia se refirió a Isaías Rodríguez como “ex primer vicepresidente de la Constituyente”. Chávez corrigió de manera magistral y contundente:

“Yo creo, por ejemplo, -afirmó el Presidente- que el término exconstituyente no es válido, no. Ustedes serán constituyentes para siempre, no hay “ex” que valga”.

Entonces para ese pueblo que se está preguntando ¿Perdí mi voto? La respuesta es “no” y si nos guiamos por lo que afirma Chávez, Isaías Rodríguez al igual que Aristóbulo y otros, puede regresar a la ANC en cualquier momento a menos que otras causas se lo impidan.

Y ya desde 2009, Chávez insistía ante la Asamblea Nacional de entonces, presidida por Cilia Flores, “somos el Poder Constituido pero nos debemos al Poder Constituyente Originario. Ese es el verdadero y único poder, el que determina y debe determinar el rumbo de la Patria. No somos nosotros”.

Y más adelante este clamor:
“No perdamos un segundo más (…) Nosotros hemos hecho leyes que nacieron viejas, contaminadas como la burguesía logró, incluso, dejar aquí en esta Constitución (de 1999) frenos y códigos y alguno que otro virus de lo viejo”.

No permitamos que la ANC se nos contamine con el virus de lo viejo, como bien dijo Hugo Chávez, no dejemos que se nos enfríe y que termie funcionando como un poder constituido parte de la “institucionalidad”. Cerremos filas para que la ANC no termine, ciertamente, como la “niña bonita” de Pedro Carreño.

Referencia bibliográfica: “Hugo Chávez”, Tomo IV, pág.134 y 173 (Fondo Editorial de la Asamblea Nacional Willian Lara)

Fuentecotayorosebud.wordpress.com
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