Virus, economía, deuda: Argentina enfrenta la realidad o será inviable

Juan Guahán|

 La pandemia está mostrando la realidad oculta de una Argentina tal cual es, la pobreza del pueblo es la riqueza de los poderosos, mientras sigue el baile en torno a una deuda odiosa e impagable. Por su parte, el comercio, producción y cuentapropistas piden trabajar, pero el coronavirus aprovecha para avanzar. La probada potencialidad productiva de la Argentina está apagada.

Siglos atrás las riquezas de Nuestra América, previo paso por España, contribuyeron al despliegue del industrialismo inglés. Ahora, tiempo después, el extractivismo de nuestras riquezas naturales y la fuga de capitales sirven a los grandes cambios que se están produciendo. Hoy financiamos el salto tecnológico y el paso a este nuevo tipo de capitalismo que evoluciona del sector metal mecánico al informático.

En el caso argentino, unos 10 bancos y un par de centenas de empresas extranjeras son el instrumento para esa transferencia de riquezas que la dictadura organizó y ningún gobierno posterior se animó a cambiar.

Ahí está vivita y coleando, por ejemplo, la siniestra Ley de Entidades financieras de la dictadura (del 21/2/1977), firmada por Jorge Rafael Videla y Alfredo Martínez de Hoz. Pasaron gobiernos reaccionarios y progresistas, radicales y peronistas, todos miraron para el costado. El maestro Arturo Jauretche decía: “El que maneja el crédito y lo orienta, maneja a la economía del país con mucha más eficacia que el gobierno”.

Ahora el gobierno celebra sus “éxitos”, cada día más dudosos, sobre el Covid-19 y acude a esa peste para justificar su incapacidad para abordar la realidad económica del país. Por algún tiempo todo se podrá justificar en este virus, pero la cuestión ya venía bastante mal barajada desde antes y –seguramente- seguirá peor después.

Lo cierto es que la situación no admite muchas dilaciones, seguimos en la de siempre o alguien rompe el tiento que nos ata a esta realidad que parece inexorable o seguiremos navegando hacia la nada. Desde hace siglos sabemos que “No hay viento favorable para un barco sin rumbo”

Deuda: buscando un “éxito” que es derrota

Respecto a la deuda externa, el gobierno sigue actuando como si todo fuera lo más normal del mundo. Saca cuentas sobre la “sustentabilidad” de las propuestas. Busca apoyos nacionales e internacionales que conmuevan a los reclamantes.

Que el Papa Francisco conmueva sus corazones; que más de un centenar de economistas de fama mundial digan lo que es “políticamente correcto” (aunque algunos de ellos sean asesores o apoderados de bonistas); que un fuerte y sólido apoyo de la dirigencia nacional de la mayoría de las fuerzas políticas,  crean en la sustentabilidad futura de lo que ahora prometen.

En el gobierno están convencidos que todo ello juega a favor en sus negociaciones. Pero, en el medio se les escapan tres cuestiones fundamentales.

La primera, que ésta no es la situación existente cuando asumieron. Nadie sabe a ciencia cierta cómo será el mundo que emergerá luego de lo que está pasando. ¿Cómo quedará nuestra economía, la del mundo, el comercio y los precios internacionales?. ¿Seguirán vigentes estos mismos organismos internacionales y sus políticas que vienen desde los Acuerdos de Yalta, al final  de la Segunda Guerra Mundial?

En segundo lugar parecen no tener presente que están hablando desde la cornisa de ocho defaults anteriores. Cada tanto el país firma acuerdos que luego no cumple y entra en nuevas inobservancias, ante lo cual la pregunta obvia es: ¿Porque esta vez sería distinto? ¿No será que la deuda y el pago o default forman parte de la misma soga que tenemos atada al cuello?Por qué el «default» actual de Argentina no es tan grave como el ...

Por último, parece que se les escapó la tortuga respecto a cuestiones esenciales. Un mecanismo que está en el centro de nuestro drama nacional: que el trabajo y el ahorro de los argentinos termina sirviendo al sistema de poder mundial. El problema, el error, es pagar sin investigar lo que pasó. La cuestión no es si hay o no default, sino seguir pagando el saqueo de lo impagable.

Ahora parece que se quiere poner el nombre de “éxito” a la consumación de una vuelta de rosca que significa esta reestructuración o el nombre que se le quiera poner. Si finalmente se concreta, dentro de unos años volverá el país a pasar por situaciones semejantes, como ya le pasó con las reestructuraciones anteriores.

El pago

Dicho esto veamos los plazos y escenarios de lo que pasa dentro del gobierno, de éste con la oposición y de ambos con los bonistas. Respecto al plazo. El próximo viernes 22 de mayo se vencen los 30 días para cubrir los bonos por 503 millones que no se pagaron el 22 del mes pasado. Pero allí se abren otros 10 días de gracia, antes de entrar en el default formal.

Si, finalmente el próximo viernes el gobierno comunicara la imposibilidad de pago, esa declaración de default entraría en vigencia y podría tener un efecto dominó sobre el resto de compromisos existentes. Se le cerraría el mercado de capitales al Estado y empresas argentinas, con los consiguientes problemas para mantener algunas importaciones.

ECONOMÍA – El Coronavirus ya impacta en la economía argentina: los ...Sin embargo, siempre puede aparecer algún mecanismo salvador. Eso puede ser el pago de algunos intereses, que se reconozca legalmente el estado de negociación u otros mecanismos –consensuados con bonistas- para seguir… participando.

No se descarta algún aporte del Fondo Monetario Internacional u otros prestamistas privados para salir de ese pantano. Desde el gobierno ya no se escucha aquél “tómelo o déjelo» que difundieran cuanto hicieron pública la propuesta. Por el contrario ahora todos reconocen la necesidad de mantener en pie la negociación.

En el gobierno hay dos tendencias en desarrollo. Alberto Fernández, el presidente que no quiere ser el Presidente de un nuevo default y Cristina Fernández de Kirchner (la vicepresidenta) que no le teme tanto a esa posibilidad.

Esa medida empujaría a repensar la economía y la crisis desde nuevas perspectivas. Ese escenario obligaría a prácticas más heterodoxas del gobierno. En ese marco, Cristina y su audacia tienen mejores condiciones para moverse que Alberto y sus concepciones. La oposición –naturalmente- está más cerca de aquellas opciones que nos alejen del default.

Revivir economía o propagar virus

Los debates sobre el futuro del Covid-19 crecen. Nadie sabe a ciencia cierta lo que falta para que este virus deje de atormentar a los humanos. No son pocas, ni menores, las cuestiones que van quedando en el tintero sin que reciban una respuesta adecuada. Para algunos ya está decayendo, para otros aún no llegó a sus puntos más altos y nuevas oleadas siguen listas para continuar angustiando a la humanidad.

Los más optimistas creen que está en su período de declive y que antes de que aparezca la vacuna el virus habrá perdido efectividad. Otros siguen creyendo que hasta que no esté inmunizada -por haber sido contagiada- entre un 60 y 70% de la población, esta peste seguirá haciendo de las suyas.

Esta última hipótesis solo deja la vacuna como lo más cercano y previsible. Esa masividad de la inmunización llevaría años y cuesta pensar lo que pasaría –mientras tanto- con nuestra vida y economía.

A estas perspectivas hay que agregar que la Organización Mundial de la Salud advirtió que el coronavirus podría quedarse para siempre, como ya ha ocurrido con otros virus semejantes.

Es justamente, esa relación entre Covid-19 y economía lo que altera los nervios de los gobernantes de todo el mundo. Todos tratan de encontrar el difícil equilibrio entre las medidas destinadas a detener la propagación de la enfermedad y la necesidad de hacer revivir sus respectivas economías. Pareciera que las dos doctrinas límites, cuarentena extrema y apertura plena de la actividad económica, han fracasado.

Dos son los mayores puntos débiles de quienes defienden la primera posición.

La cuarentena rigurosa no se puede mantener por un largo tiempo. No lo permiten ni las condiciones sicológicas de las personas, ni el parate total de la economía. Esta teoría fue planteada en los inicios de esta pandemia sobre la base que la duración de la misma sería mucho menor.

Se la continuó con el argumento de mantener aplanada la tasa de contagiados. Eso permitiría que los contagiados pudieran ser absorbidos por los diversos sistemas de salud, sin que colapsen los mismos, tal como ocurriera en algunos casos, Italia por ejemplo.

Una progresiva apertura a las distintas actividades económicas sería la forma de salida. Eso fue lo que planteó, con bastante éxito –hasta la fecha- el gobierno argentino. Sus críticos agregan que, con esa estrategia, lo único que se conseguía era “retrasar” la masificación del virus que finalmente “explotaría”, situación a la que algunos temen que se esté encaminando nuestro país.

Respecto a quienes hicieron hincapié en mantener viva la economía la realidad los apabulló con dos respuestas complementarias: Por un lado, la explosión de contagiados y muertos, lo que los obligó a dar marcha atrás, tal como ocurriera en Inglaterra, luego que se contagiará el propio Primer  Ministro.

En segundo lugar, la economía tampoco pudo mantener su funcionamiento, por el avance de la crisis en los más diversos países. EEUU, con más de 30 millones de desocupados desde el inicio de esta pandemia, es una muestra más que evidente de esta situación.

En función de lo anterior se están experimentando distintas propuestas que combinen estas situaciones. En algunos casos, como el argentino, acudiendo a respuestas distintas según las regiones y la circulación del virus.

En otro regulando los días de trabajo o actividad con días de encierro (10 días de cuarentena y cuatro de trabajo), como lo están ensayando en algunas actividades en Israel, haciendo que padres e hijos salgan a trabajar y a la escuela los mismos días. Esta idea está fundada en el hecho que transcurren tres días desde el momento en que una persona se infecta y el momento en que puede contagiar a otros.

Ese método agregado a generalizados sistemas de control permite mantener cierta actividad limitando los alcances de un eventual contagio y la consecuente propagación masiva de la peste.

*Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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