Marcos Salgado | 

Arranca Octubre en la Venezuela del empate político. La oposición no puede ocultar su fracaso a la hora de imponer el revocatorio contra Nicolás Maduro este mismo 2016 y el gobierno sufre lo propio al no poder frenar la debacle económica. El principio físico del equilibrio mecánico parece aplicarse a Venezuela: las fuerzas encontradas suman cero.

Así, las semanas pasan y el empate parece ser peor escenario para la oposición que la para el gobierno. La ofensiva opositora de mitad de año, que sumada a la persistencia de la crisis económica parecían poner cerca del jaque mate al gobierno de Nicolás Maduro, se diluye irremediablemente.

Los efectos de la enorme concentración opositora del 1S en Caracas no duraron ni una semana. La Mesa de la Unidad Democrática no pudo ocultar algo que -más acá del relato épico que de sus dirigentes pinta en el mundo la prensa cartelizada- a lo interno se sabe: no dirigen ni pueden sostener la protesta callejera.

Tampoco está claro que puedan cumplir con la próxima etapa hacia el referéndum revocatorio: juntar 3.893.129 avales, el 20 por ciento del registro electoral para que en, entonces sí, el Consejo Nacional Electoral convoque al revocatorio que, ya se sabe, no será en 2016.

Conviene anotar la diferencia. Si el referéndum se realiza más allá del 10 de enero de 2017 y si Maduro resultara revocado (el Sí debe alcanzar 7.505.338 votos, el número que recibió Maduro en 2013) el vicepresidente asumiría el gobierno para completar el mandato, hasta el 10 de enero de 2019.

En Venezuela el vicepresidente es nombrado por el presidente. Así, el presidente Maduro tiene la potestad de mantener al vice actual, el veterano dirigente Aristóbulo Istúriz, o cambiarlo en cualquier momento. Si el referéndum se realiza en 2017, muchas miradas estarán puestas en la vicepresidencia. Una suerte de sucesión anticipada donde el chavismo deberá mostrar si logra balancear las cargas sin volcar en el intento.

Pero antes hay otros escenarios posibles. El Tribunal Supremo de Justicia tiene desde hace meses una denuncia de la dirigencia del PSUV por irregularidades en la recolección del los 190 mil avales iniciales para que la MUD se constituyera en reclamante del revocatorio. Una eventual decisión del TSJ podría tumbar todo el proceso.

La economía, pendiente

Y si la oposición ya se mostró impotente a la hora de presionar para el revocatorio en 2016, el gobierno tampoco muestra músculo para desanudar el desabastecimiento y la inflación, los dos males ya endémicos de este momento de la Revolución Bolivariana.

El círculo perverso de los productos a precios regulados que terminan en los circuitos ilegales a precios viles no se rompe, por lo contrario, ya está consolidado en el día a día. Millones de personas son las hormiguitas de este mecanismo que tiene beneficiados muy concretos: mafias criminales, empresarios privados y funcionarios corruptos.

El control militar de las operaciones contra la “guerra económica” no logra por ahora resultados contundentes y la fórmula de cara a las navidades parece ser inundar el mercado de los productos tradicionales para la época. Un esfuerzo económico que -como todos los hechos ahora- también puede quedar en manos de las mafias.

Mientras tanto, se presume que la recuperación paulatina de los precios del crudo tras el acuerdo de los países OPEP traerá alivio a las exiguas arcas de PDVSA y algo más de capacidad de acción al gobierno de Nicolás Maduro.

Así llega Venezuela al trimestre de las gaitas, la tradicional música navideña, a las semanas de las hallacas y el pernil. Se escurre así un 2016 que se prometía decisivo, y que por el contrario -al menos hasta aquí- resultó ser el año del empate.

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