Venezuela: La distribución de los ingresos

ASDRÚBAL BAPTISTA| El coeficiente de Gini, que mide la repartición de la riqueza, se mantuvo estable hasta los primeros años del siglo XXI. Luego experimentó una caída, evidenciando así mayor equidad-  La vida económica tiene una notable particularidad: su práctica es circular.  Esto quiere decir que por donde se comienza, también allí finalmente se termina.

Si el objetivo último de los arreglos económicos que una sociedad tiene es el bienestar sostenido de su gente o, dicho de otro modo, todo aquello que les facilita la existencia permitiéndoles realizar sus capacidades y posibilidades, cabe igualmente pensar que ese gran propósito hace de condición básica para que las cosas funcionen bien y para que puedan cumplir lo que están llamadas a hacer. Es, pues, una especie de círculo.

Tómese como ejemplo todo lo que se refiere a la llamada «distribución del ingreso». Dependiendo de cómo se estructura la repartición de lo que se produce así será el volumen y calidad de lo producido. En una sociedad cualquiera, año tras año o período tras período, sus arreglos dan lugar a la generación de una masa de bienes y servicios. ¿Cuánto de esa masa producida va a una familia particular?

¿Mucho? ¿Poco? Si estas preguntas de generalizan y las respuestas son tales como para que cubran el universo agregado de todas las familias, se tiene un poderoso indicador de lo que esa sociedad realmente es y de lo que es capaz de alcanzar.

Debe saberse que las maneras de ver todo ello difieren de forma radical. Hay quienes creen que todas las familias deben recibir más o menos lo mismo; por el contrario, hay quienes piensan que una cierta desigualdad puede ser un gran estímulo. Pero este asunto se puede ver con otra óptica. Una radical desigualdad podría constituirse en una fuente de resentimientos que haga de la sociedad un espacio humano invivible. Y quizás una radical igualdad puede de otro modo llevar a un estado de cosas que paralice muchos sanos propósitos.

Todo lo anterior le interesa sobremanera a quienes piensan en toro a lo económico, y por fuerza a quienes están en el decisivo y delicado asunto de la conducción política. Más todavía, estas ideas, de apariencia muy abstracta, tienen una expresión viva que resulta útil tener presente. O para decirlo más concretamente, ¿cómo se ha comportado la distribución de los ingresos en Venezuela? ¿A qué debería apuntarse en los próximos años?

I

En Venezuela tenemos una invalorable información que ya tiene, a estas alturas, casi 40 años ininterrumpidos haciéndose. Ponerla junta, y verla en perspectiva, será muy reveladora.

El lector, para que le dé sentido lo que viene a continuación, debe tener muy presente que de la información por ofrecer se desprenden unas tendencias que no se alteran de la noche a la mañana. En tal sentido son firmes, en lo que cabe llamar el corto plazo. Y su brusco cambio, por lo tanto, no puede sino ser el resultado de episodios fuera de lo común.

En el gráfico 1 se entrega el desenvolvimiento del llamado coeficiente de Gini entre 1975 y 2011. Es necesario tener presente lo siguiente: este coeficiente es una medida de cuán igual o desigual es la distribución del ingreso entre las familias. Como este coeficiente hay otros tantos, pero éste tiene la propiedad de ser sencillo de calcular, aunque, desde luego, lleva consigo inconvenientes que no son de poca relevancia. Su magnitud va desde 0 hasta 1. Un valor igual a 0 es la perfecta igualdad de la distribución, es decir, cada quien recibe el mismo ingreso. Un valor cercano a 1 da cuenta de una distribución muy desigual, donde unos pocos reciben enormes cantidades y la inmensa mayoría sólo una pequeña fracción.

Dos señalamientos son de gran importancia. Primero, la información disponible y, así, la reflejada en el gráfico, se refiere a ingresos por concepto de salarios y sueldos. Es decir, otros ingresos, por ejemplo, beneficios empresariales, intereses sobre depósitos o acciones y bonos, como lo que pagan los arrendamientos de apartamentos o casas, no entran en los cálculos. En suma, se trata de una medida acerca de como se distribuyen los ingresos entre las familias trabajadoras.

Segundo, lo que importa aquí es, preferiblemente, la tendencia de los valores observados del coeficiente antes que las magnitudes como tal.

Lo que este gráfico muestra es muy elocuente. Resulta patente como la medida representada tuvo un curso inalterable y firme desde 1975 hasta la primera parte de la década pasada, dando así cuenta de una cierta distribución con unas características muy suyas.

Pero a renglón seguido viene un drástico cambio que lleva el coeficiente en cuestión a una caída muy fuerte, denotando así que la distribución se hizo mucho más igualitaria. Dicho de otra manera, la diferencia entre altos y bajos perceptores de ingresos, en estos últimos años, se hizo significativamente menor.

II

Lo anterior está vinculado de forma indisoluble con la acción del Estado mediante el gasto del ingreso rentístico petrolero. De lo que se sigue que el próximo gobierno debe tener muy presente el significado de la materia aquí bosquejada.

Quienes fueron beneficiarios de la decisión política de redirigir el gasto para que así recibieran en proporción más que el resto de la población, verán seguramente como su legítimo derecho el resultado conseguido, y lo que es más, juzgarán como necesario que las cosas se acrecienten a su favor. Allí la conducción política enfrenta un reto y una limitante que no es posible pasar por alto, o lo que sería peor, que termine por desdeñarlos con argumentos que pueden bien ser del todo falaces.

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