Luis Britto García |

1 Radicalicemos la revolución bajo ataque con ataques revolucionarios en todos los frentes.

2 Consideremos las amenazas de agresión militar como agresiones de hecho; contestémoslas con iniciativas integrales de defensa popular.

3 Emplacemos a las organizaciones internacionales para que respeten y hagan respetar sus estatutos constitutivos, que reconocen a los Estados miembros soberanía, autodeterminación y no injerencia en asuntos internos.

4 Instemos a las potencias hegemónicas a retirar sus bases militares de otros países, y a los pueblos y gobiernos de estos a oponerse a la ocupación de sus territorios.

5 Denunciemos los tratados internacionales que someten la decisión de controversias sobre asuntos de interés público interno a leyes o tribunales extranjeros.

6 Reciproquemos sanciones de cualquier género con sanciones idénticas contra los intereses de los agresores en nuestro territorio.

7 Condenemos y neutralicemos la práctica de financiar, promover y activar agentes de influencia, medios de comunicación y organizaciones violentas de índole paramilitar o cualquiera otra, para interferir en los asuntos internos de nuestros países.

8 Dotemos a los gobiernos víctimas de guerra económica de plenos poderes para manejar la importación, producción y distribución de los bienes básicos, y para la confiscación masiva de los patrimonios que operen contra los intereses colectivos o estén incursos en delitos económicos o financieros.

9 Apliquemos estrictos controles fronterizos para cortar el contrabando de extracción e introducción, así como la infiltración de paramilitares y explotadores ilegales de recursos naturales.

10 Elevemos a rango constitucional el principio de territorialidad de la renta, en virtud del cual los enriquecimientos obtenidos en un país deben ser sometidos a tributación en el territorio donde se producen, y no exceptuados del pago de impuestos con la idea de que empresas y ciudadanos extranjeros los cancelarán a sus países de origen.

11 Sancionemos leyes antimonopólicas contra la concentración de capitales en la industria de las comunicaciones, y reivindiquemos el dominio sobre el espacio radioeléctrico de los pueblos y los gobiernos que los representan.

12 Creemos e incrementemos redes alternativas de información que contrarresten las falsedades propaladas por los monopolios de la información y sus agentes internos.

13 Aceleremos la conversión de nuestros sistemas informáticos a software libre, para defendernos contra el espionaje, la incomunicación o la circulación de mensajes falsos en nuestras redes internas.

14 Sancionemos normas penales que tipifiquen en forma precisa los delitos de terrorismo, traición a la patria, subversión, tráfico con bienes subsidiados, acaparamiento y daños al patrimonio público.


Crisis e indolencia

Maryclen Stelling| Transitar por las calles de la ciudad -independientemente de la afiliación política de la respectiva autoridad local- resulta una aventura peligrosa y, en ocasiones, mortal. A la actual crisis multidimensional hay que agregar la crisis de gobernabilidad que, en una suerte de matrimonio perverso, cohabita con la crisis de participación de una ciudadanía pasiva, víctima y, en cierto sentido, cómplice.

Gobernabilidad tiene que ver con la calidad y capacidad técnica y política del sistema político (Estado/Gobierno) para generar y ofrecer soluciones eficientes a las demandas de la sociedad.

Ante la ruptura del estado de equilibro dinámico entre las demandas de la ciudadanía y la capacidad del sistema político para responder de forma eficaz y legítima, frente a las actuales reglas del juego político y la politización de la gestión de gobierno, en detrimento de la propia gestión; ante los conflictos en razón de la disputa de poder entre actores políticos y el conflicto institucional, es indudable que la ciudadanía ya no ocupa un papel central.

Calles desbordadas por desechos sólidos, vías rotas y huecos de tamaño y profundidad impresionantes; alcantarillas sin tapas que hay que sortear; aceras en mal estado y, en muchos casos, destruidas; botes de aguas blancas y aguas negras que, cual riachuelos, corren impunemente y nos convierten en saltimbanquis; ausencia de alumbrado público que torna la noche en una aventura de terror. A ello se añade la inseguridad que “peligrosamente” nos acompaña, mientras abandonamos apresuradamente el tenebroso espacio público y llegamos a nuestra casa, verdadera guarimba, refugio supuestamente inviolable, lugar sagrado que creemos seguro.

Una población abocada a solventar sus necesidades de subsistencia que olvida sus derechos… Suerte de dejadez y de autoexclusión de la ciudadanía al aceptar pasivamente la ineficiencia y el gradual deterioro del medio ambiente y su calidad de vida. Una sociedad doblegada… y curiosamente volcada a la confrontación política y derrota del adversario… Una sociedad alejada de luchas más amplias ajena al control democrático de la gestión pública.

Atrás en la historia reciente parece haber quedado la ciudadanía demandante y participativa, el poder popular y protagónico.

 

 

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

*