Marcos Salgado | 

El nuevo presidente de la Argentina mostró, en poco tiempo, los dos condimentos centrales de lo que será su gestión de cuatro (¿ocho?) años: una salvaje restauración neoliberal y una feria de nimiedades, banalidades, pequeñas y calculadas provocaciones… una telenovela por entregas.

Cada condimento operará en ámbitos distintos. En la vida real, en la base económica de la sociedad argentina se gozará y se sufrirá la restauración neoliberal. La gozarán unos pocos y la sufrirán millones. De eso se trata.

El pan

De arranque, los tarifazos en los servicios públicos y el transporte generaron una formidable -por lo millonaria- transferencia de recursos de los trabajadores y asalariados a la burguesía nacional y transnacional y al capital financiero de afuera y de adentro, si es que de alguna manera se los puede separar. La devaluación del peso y consecuente inflación suman en el mismo sentido.

En paralelo -inasible para el trabajador que esta semana comenzó a pagar el doble en colectivos y trenes y todavía no sabe bien cuánto le costará el aumento de tarifas- el acuerdo con los fondos buitres y el nuevo ciclo de endeudamiento externo son apenas la punta del iceberg del drama estructural que se viene en la Argentina.

Aquí hay que sumar el drama de los al menos 100.000 puestos de trabajo que cayeron en dos meses. La mayoría en el Estado, pero también en el sector privado. Aunque la desocupación nunca fue baja durante los doce años K en Argentina, los nuevos desocupados son una formidable presión sobre los “suertudos” que conservan empleo. Un “ejército de reserva” que amenaza el pan de los que sí tienen sueldo. No protestes, no hables, no digas. Afuera hay cien haciendo cola para ocupar tu puesto.

Esta restauración neoliberal no encuentra -al menos por ahora- un freno que esté a la altura de las circunstancias. El regreso a la arena pública de Cristina Fernández estuvo marcado por la masividad. Frente a los tribunales de Comodoro Py, la ex presidenta no evitó definiciones de fondo. Pidió a los argentinos permanecer en unidad para defender la nación de las “graves calamidades” que se han hecho en tan solo 120 días del Gobierno de Mauricio Macri, e invitó al pueblo a “no esperar a salvadores, ni mesías. Tomen la bandera y marchen hacía adelante”.

En rigor, la masividad del apoyo a CFK no es un dato nuevo. Basta recordar la Plaza de Mayo el 9 de diciembre en su despedida y la misma plaza, raleada, al día siguente, en la toma de posesión de Macri. Sin embargo, esto no le impide al presidente Macri avanzar en la restauración a rajatabla.

El circo

El otro condimento está en el plano del discurso. La restauración necesita de medios de comunicación aliados. Y vaya que los tiene. Los mismos medios concentrados con los que los Kirchner se enfrentaron (¿y perdieron?), son los que ahora continúan el trabajo tapando el sol con un dedo. La estrategia es tan sencilla como efectiva: por un lado minimizan la información sobre las consecuencias sociales del despliegue restaurador mientras maximizan el circo de las polémicas estériles entre voceros oficiosos y oficiales de los dos bandos.

El entramado de medios cercanos al kirchnerismo mostró sus pies de barro y su dependencia absoluta de la pauta oficial. Sus dueños abandonaron el barco antes de perder ni un solo peso en evitar el naufragio. Ahora es cuando se siente la ausencia de medios regionales y locales en manos de organizaciones civiles, que según la Ley de Medios debían ocupar un tercio del espectro radioeléctrico en todo el país, pero no se hizo.

Así, con los medios hegemónicos revitalizados y la ausencia de voces críticas de peso. El “trabajo sucio” de las nuevas autoridades se limita a acallar a Telesur. Un medio que no depende de la pauta oficial, y al que no controlan.

A la anunciada salida del Estado argentino de la multiestatal y la simultánea censura de Telesur en las cableras más grandes del país le seguirá pronto la censura directa del Estado, que retirará al canal de la Televisión Digital Abierta. Con Telesur casi sin pantalla en Argentina ya casi no quedarán voces con alcance para acallar.

Mientras el nuevo “relato” macrista extiende su influencia -también a costa del vapuleado kirchnerismo- es necesaria y urgente una reacción que le ponga freno a Macri. Ésta no provendrá del Congreso de la Nación, donde ya quedó claro que el nuevo gobierno ya consiguió los avales necesarios.

El desafío es más grande aún. Según la ex presidenta CFK se trata de formar un “frente ciudadano” contra las “graves calamidades” de los primeros 120 días de gobierno de Mauricio Macri. Es un buen punto de partida. Un frente que debería vacunarse no contra la gripe en el invierno austral que viene, sino contra las mezquindades propias.

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