España: La odiosa negociación con los «terroristas»

CARLOS E. BAYO| No hay otro político en el mundo que haya clamado tanto como Netanyahu contra el diálogo con los terroristas -salvo, quizá, Aznar-, ni Gobierno que haya exigido tantas veces como el suyo, a los demás, que no negocien con bandas armadas… exceptuando, claro, al proto-Ejecutivo de Rajoy.Carlos Enrique Bayo-Público
Pero no debe en absoluto sorprendernos que ese mismo purista de la derrota total del terrorismo a cualquier precio (incluso al de la renuncia a la paz) regatee con Hamás (organización «terrorista» según todos los baremos occidentales) hasta alcanzar el precio de un israelí por 1.027 palestinos. Al fin y al cabo, Israel canjeó en 1985 a 1.150 prisioneros por tres soldados capturados en Líbano; así como a 65 presos y 40 cadáveres de milicianos de Hizbolá por el cuerpo sin vida de un soldado judío, en 1998.

Así que, como ocurre en España, la negociación con los terroristas u organizaciones cercanas sólo es -para la derecha- odiosa blasfemia criminal cuando la comete la izquierda. Y si, encima, la mediación puede engendrar la paz, entonces el mero intento de acabar con la matanza es una abominación peor que las propias masacres, como trató de probar Israel en 2009 exterminando a 1.300 palestinos en Gaza, la mayoría civiles y entre ellos cientos de niños, para vengar las vidas de una docena de israelíes.

Por supuesto, eso no logró la «derrota del terrorismo», igual que no vencería la democracia en España si se impusiese en Euskadi una «rendición incondicional del enemigo» al que el propio Aznar denominó «Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco».
No hay como ser políticamente intolerante para permitirse lo que en los demás se denuncia como anatema.

*Redactor-jefe de sección internacional de «Público» de Madrid. Ha sido corresponsal en Moscú (1987-1992) y en Washington (1992-1996). Enviado especial en los conflictos de Afganistán, Camboya, Oriente Próximo y Armenia-Azerbaiyán.

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1 Comentario

  1. De tanto escuchar condenas a ETA y al terrorismo terminamos olvidándonos que el fondo de la cuestión es una lucha ancestral del pueblo vasco por su independencia de Francia y de la monarquía española. La renuncia de ETA a la lucha armada es ni más ni menos que la oportunidad para la lucha política. Como dicen los vascos, se acaba la lucha armada pero no el conflicto político. Ahora entra de lleno la lucha de las ideas, la movilización ciudadana reprimida por el estigma. Ahora se inicia, se pude decir, de verdad, la lucha por la independencia de Euskadi.
    Jf

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