Entre la guerra de Almagro y del pan

En este teatro del absurdo que se impone en el país, donde impera el sentido del sinsentido de la vida, nuestra cotidianidad se debate entre realidad y fantasía.

Maryclen Stelling | 

En ese contexto, discursos políticos y relatos transmediáticos abandonan la “razón” en pro de ficciones que, en lugar de ordenarnos el mundo y ayudarnos a sobrevivir, nos imponen la verdad de “la sinrazón”. Vivimos entonces una ilógica sucesión de situaciones sin sentido aparente, que, cual trama del absurdo, es habitualmente circular y parece conducirnos a ninguna parte.

En tanto, actores secundarios y obligados de la política del escenario nos sometemos al imperio de la incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace, lo que se inicia y no se termina, lo que se promete y no se cumple. Sometidos a la discrepancia entre ideas y acción, nos convertimos en víctimas de la provisionalidad y la transicionalidad que nos desborda y, a menudo, contradice palabras, promesas y juramentos. En calidad de personajes, al igual que sucede en el teatro del absurdo, nos encontramos subordinados a una ilógica cadena de situaciones aparentemente sin sentido, instalada en un lugar extraño y fuera del dominio de la experiencia racional.

En el teatro del absurdo de la política venezolana, descolla la validación de los partidos políticos con sus efectos tanto sobre la MUD como en el Gran Polo Patriótico. Aliados del Gobierno impugnan el proceso de validación alegando que las condiciones del CNE son imposibles de cumplir, “crean obstáculos para los partidos revolucionarios” y terminará ilegalizándolos. Se impugna el proceso de validación y se debilita la coalición patriótica.

En el marco de una estrategia contra la especulación y por la protección de los derechos socioeconómicos, con un despliegue de 10.000 inspectores, se inicia la guerra del pan, dirigida a “neutralizar mafias panaderas (…), garantizar que la canilla y el pan sobado todo el día en panaderías”.

En un informe que el Gobierno venezolano califica de ilícito e ilegítimo, Luis Almagro -atrapado en el absurdo de su guerra- exhorta formalmente al Consejo Permanente de la OEA a suspender a Venezuela. Sorpresivamente, analistas y diplomáticos afirman que, cual ficción, el exhorto no prosperará y no convocará suficiente apoyo.

@MaryclenS

FuenteÚltimas Noticias
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