Díaz Rangel: 10 de enero / Earle: Primer ultimátum del año/ Haddad: Sin fundamento

10 de enero

Eleazar Díaz Rangel-ÚN|

El 10 de enero es un día que nos los han llenado de expectativas. Es un día de especulaciones como esa de que la Asamblea Nacional elegirá un gobierno provisional, y lo será de realidades, de hechos concretos, por ejemplo, se juramentará Nicolás Maduro como Presidente constitucional para un segundo período. Y esa juramentación, supongo, la hará en el escenario protocolar de la Asamblea Nacional Constituyente, y simultáneamente ante una multitud pocas veces vista en Caracas con un gentío de todo el país.

¿Y que harán los opositores en el exterior? Y no pregunto que harán en el país, porque las oposiciones carecen de fuerza para hacer nada. En cambio los cancilleres del Grupo de Lima resolverán si retiran a los embajadores o si van mas allá y rompen relaciones. Tampoco se sabe que hará Washington, determinante porque incidirá en lo que van a hacer los limeños, no darán un paso sin oír la voz del amo.

“Caiga quien caiga”

El problema es viejo, viene de mucho antes. En época de democracia representativa hizo crisis. Rómulo Betancourt al tomar el poder dijo que se le quemaran las manos si surgían una acusaciones de corruptelas. Y a los pocos días se le quemaron las manos, en el atentado del junio del 60. Me contó una vez el Dr Ramón J. Velázquez que Luis Beltrán Prieto le relató que él le había informado al presidente Raúl Leoni que su ministro de Defensa se había quedado con 60 millones de bolívares, y Leoni le respondió: “¿Y tu crees que yo no lo se? Ese es el precio que hay que pagar por la estabilidad de la de democracia”. Los medios apenas informaban sobre tan grave asunto.

El gobierno del presidente Hugo Chávez recibió ese maldito legado. Recién electo lo entrevisté y lo calificó de un monstruo de mil cabezas, “hay que estar ojo pelao contra la corrupción que se metió en todas partes”. Mas tarde, convencido de su gravedad, llamó a una cruzada para combatir la corrupción, y tiempo después, mas informado de lo que ocurría, denunció que la Fiscalía sobreseyó 2.443 casos de corrupción, y admitió que “Nos traga la corrupción que se infiltró en el PSUV”. Poco podía hacerse. Años después se supo que el Tesorero Nacional era un exoficial que resultó un gran ladronazo, hoy protegido en EEUU.

¿Cuántas veces el presidente Nicolás Maduro ha denunciado la situación y pedido apoyo para erradicarlo?. A la Fiscalía General estimuló para que investigara, y se han conocido casos de funcionarios, civiles todos, involucrados en graves delitos. Es de ampliar ese espectro. El pasado 20 de diciembre nuevamente lo planteó como la tercera línea de acción (las dos primeras: política, y economía). Esta vez llamó a una guerra contra la corrupción y designó a la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez para que diseñe un plan nacional popular “para capturar, perseguir y castigar a los bandidos y corruptos de este país, infiltrados en los cargos públicos”.

Si escogió a Delcy, debió hacerlo consciente de su capacidad cada vez que la ha designado para enfrentar determinadas situaciones. Y ella, por su parte, hoy debe tener conciencia del difícil y complejo asunto que tiene en sus manos, que necesita el apoyo de muchos y que se ve comprometida a informar al Presidente y al país los resultados de tan exigente misión. Creo que los trabajadores, a través de sus sindicatos, deberían ser un factor fundamental en esa lucha, así como otros sectores sociales. Si de verdad ese combate se librará “caiga quien caiga”, demanda el apoyo de todos.

Primer utimátum del año

Earle Herrera|

Después de un ultimátum, no hay más nada, todo se ha agotado: diálogo, mediación, puentes y carantoñas. Pero en Venezuela no es así, gracias a una oposición que no cree ni en  la etimología. Desde 1999 viene poniéndole fecha de salida al gobierno y, si no, que se atenga a las consecuencias. Para este 10 de enero ejecutará sin apelación el primer ultimátum del nuevo año, aunque lo lanzó desde el   año viejo.

El ultimátum tiene su correlato familiar en la frase  “no te lo vuelvo a decir”. La canta criolla lo resumió en el verso in extremis de Ernesto Luis Rodríguez: ¡Voy jugando a Rosalinda! En los anales de la mamadera de gallo se perdió la cuenta de las veces que la derecha venezolana se ha jugado a su mulata. Para el 10 de enero jura que con el apoyo de Duque, Bolsonaro y la bendición de Trump, este ultimátum sí será el último, valga la redundancia que esperamos sea la última.

Nuestra oposición –porque es nuestra aunque Almagro se la quiera coger- se volvió adicta a los ultimátum, a ponerle plazo a las vainas, a berrear “hasta aquí llegué”. El gran José Alfredo Jiménez creó una respuesta para esas constantes amenazas con el verso: “Ya estás grandecitas, ya sabes lo que haces”. Vente Venezuela, VP y la secta de Ledezma, mejor conocido como “El suegro ético”, viven azotados por el síndrome de abstinencia del ultimátum.

Por eso a cada rato están lanzando uno o hasta tres a la vez.  El filósofo Manuel Rosales dice que eso es algo así como una pepera.

Los historiadores pensaban que el ex presidente  Chávez era insuperable en materia de ultimátum, pero con  Maduro se dio el caso del alumno que supera al maestro, al menos en ese tema. Desde la misma noche de su elección, la derecha le gritó al nuevo Presidente: “¡hasta aquí llegaste!”, cuando todavía no había empezado.

Los siquiatras sostienen que la adicción a los ultimátum es curable, o al menos, controlable. Hasta misia Machado  puede recuperarse de esa cosa, incluso antes del 10 de enero.

La clave está en precisar  si la proporción del ultimátum lanzado se corresponde con tus fuerzas para concretarlo.  Si lo precisas y aceptas, nunca más amenazarás con lo que no puedes cumplir. Y ante ti se abrirá la senda que puede reconvertirte en algo muy sencillo: una persona normal.

Pronunciamiento sin fundamento

Beltrán Haddad|

En el pronunciamiento de un grupo de profesores de Derecho Constitucional de la UCV, se pone de manifiesto el sempiterno plan de desestabilización iniciado hace veinte años contra Hugo Chávez al llegar a la Presidencia. Hoy pareciera que están en “situación terminal” ante un acto que sucederá indefectiblemente pero que ellos definen como “consolidación y confirmación de los actos de usurpación” de Nicolás Maduro. Aquí comienza a verse las costuras de lo que verdaderamente esconde tal pronunciamiento.

Hacen referencia a una supuesta “manipulación y desconocimiento de la voluntad popular mediante un fraude continuado, selectivo y masivo que afecta a todos los procesos electorales convocados bajo la vigencia de la Constitución de 1999”, pero al mismo tiempo llaman a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, designada en diciembre de 2015 en uno de esos procesos electorales “afectado”, según ellos, por ese “fraude continuado, selectivo y masivo”, para que proceda a la instalación de un Consejo Consultivo orientado al cese de la Asamblea Nacional Constituyente.

Luego hacen un llamado a la misma Asamblea para que proceda a la “formal declaratoria como Gobierno de Facto al régimen encabezado por Nicolás Maduro”. Lo anterior demuestra que el pronunciamiento de los profesores ignora que la Constitución de 1999 diseña un Estado Constitucional de Derecho. Esto lo aclara el artículo 335 de la Constitución cuya norma señala que el TSJ será el máximo y último intérprete de la Constitución y que garantizará la supremacía y efectividad de las normas y principios constitucionales, únicamente a través de la Sala Constitucional. ¿Por qué estos profesores pretenden ignorar esta verdad y se van a la búsqueda de un paradigma ya superado por el constitucionalismo moderno? Haciendo lo que hacen, convierten a la Asamblea Nacional, a la Comisión Consultiva o a su inventado “Consejo Consultivo” en usurpadores de funciones.

De manera que asumir la garantía jurisdiccional de la Constitución es una usurpación que cometería la Asamblea Nacional o su Comisión. En la llamada “usurpación de poder” no se tienen atribuciones de funciones, sino que ellas han sido objeto de apoderamiento y quien usurpa las usa como si fueran propias. Maduro ejerce sus funciones de Presidente y no ha dejado de ser Presidente. En el golpe de 2002, por ejemplo, Carmona usurpó funciones. Creo que me entienden.

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