Cualquier día en la nueva «normalidad» caraqueña

En Caracas, quienes aún tienen la suerte de tener carro o mantenerlos operativos, deben vérselas con las colas de la gasolina y/o su costo en $ a la hora de salir. Ello por no hablar de los peligros contables que implica quedarse accidentado, se pinche un caucho o dañe alguna vaina.

(Xinhua/Marcos Salgado)

Luis Salas | 

El resto de los mortales, a la hora de trasladarse a algún lugar fuera del perímetro inmediato, no pueden usar el metro si no tiene salvoconducto. Y para usar camionetica, deben primero hacer la cola del banco, que no siempre están abiertos y no siempre tienen efectivo, para sacar una cantidad irrisoria que en algunos casos en puro pasaje dura un día a lo sumo dos. Los cajeros electrónicos, como sabemos, son una especie casi extinta.

Así las cosas, caminar mucho mucho para ir a trabajar se volvió habitual. A los influencers de la precariedad les gusta esto pues aseguran que entonces la gente “hace ejercicios”. Claro que casi ninguno de ellos se suma a este cardio colectivo…

La otra actividad que cada vez exige mayores súper poderes es comprar. El primer súper poder que requiere es el adquisitivo, obvio. Luego el de cálculo, para poder convertir la tasa del momento (suponiendo tenga señal su teléfono para consultarla) y cruzarla con el sitio indicado a la hora indicada ligando que al vendedor no le haya dado chance aún de ajustar lo que usted necesita, sea que lo pague en bolívares o dólares. Después el anímico, para no ver como una derrota sino como victoria olímpica llevarse dos plátanos en vez de los tres que tenía pensado, o que el pollo no se vaya muy por encima del millón de bolívares, lo que es tanto como decir tres salarios mínimos.

Pero si el caso es quedarse en casa la experiencia puede ser tanto o más alucinante. Quienes trabajan con internet prenden velas para que haya al momento de sentarse, lo cual también aplica a la hora de ver clases de los peques y no tan peques. A la par, ligan ídem para que dicho momento no coincida con la llegada del agua -los afortunados a quienes les llega con relativa normalidad, valga decir- pues si no, deben salir corriendo a fregar, bañar, etc.

Si te hastías y decides sentarte a ver televisión, puede que no haya señal de la cablera. La buena noticia es que todo eso puede dejar de importar si el caso es que se te va la luz. Entras entonces en el momento del recogimiento familiar o la experiencia mística de contemplar las estrellas, de las que nos enseñan los mismos que son fanáticos –más no practicantes- del ir a trabajar a pie.

Mientras tanto, los profetas del desastre necesario desde la comodidad del exterior, aseguran a sus creyentes que toda la roncha es la cuota de sacrificio colectivo para “salir de este odioso régimen”. Que no es que nos estén torturando: que a lo sumo, es un incentivo para que nos decidamos a matarnos unos a otros para que luego ellos, una vez se calmen las aguas, venir a agarrar el coroto.

Todo eso mientras un entusiasta ancla de VTV nos cuenta jubiloso que por decreto ahora se puede exportar hasta el 30% de la producción agrícola. Y tu vuelves a pensar en el pollo vía los dos millones, el queso sobre los 800 mil y el cilantro ahí ahi.

PD: en el caso de la provincia muchas de estas cosas no aplican, porque casi nunca hay electricidad o agua o gas o gasolina o transporte, así que qué tanto.

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

*