Ernesto Salgado | 

Hay que envidiar a quienes en esto días escriben con absoluta certeza sobre la situación socio-política-económica del país y el mundo. A quienes aseguran que después de esta difícil situación, que nadie niega pero que no a todos los afecta por igual, vamos a volver a la normalidad o quienes dicen todo lo contrario el mundo ya no va a ser el mismo, pero sin dar argumentos sólidos, sin basamentos palpables.

No hablo del Covid-19, del que los que saben, saben muy poco. Del que nadie tiene certezas capaces de ser transmitidas y convencer por un plazo medianamente largo. Los más serios de todos son los científicos que trabajan buscando una solución y son precavidos en sus relatos.

Lo más fácil en estos días es ser creyente (no importa que religión), para entregarse a un dios y refugiarse en “si él lo ha querido, por algo será”. Pero los que que creemos en la ciencia no tenemos ni siquiera ese refugio.

El interrogante central parece ser si queremos (si necesitamos) volver a la normalidad. A esa normalidad en la que algunxs de repente descubrieron que existe la pobreza, la violación sistemática del derecho a la salud, a la vivienda, a la educación o que descubrieron la vulneración del derecho al acceso justo a un ambiente digno de ser vivido y que ensayan argumentitos de bolsillo al mejor estilo de los filósofos de cabotaje argentinos Fernando Iglesias y/o Federico Andahazi.

Las villas y asentamientos son, en primer término, un producto de la lógica perversa del capitalismo, de su desarrollo histórico desigual en una economía dependiente y su impacto en la (no) planificación urbana. Ahora descubrieron que existe la Villa 31, en el corazón de Retiro, en la capital argentina, donde viven hacinados y sin derechos más de 40.000 mujeres, hombres y niños, donde la pobreza y los sufrimientos son los amos del lugar. Pero resulta que la Villa 31 tiene decenas de años. De paso también descubrieron que hay más villas en la Ciudad de Buenos Aires, la Villa 1-11-14 (en el bajo Flores, al suroeste) o la 21-24 (en Barracas, al sureste), en la que sus habitantes se empiezan a enfermar como moscas, de esta enfermedad que los que más tienen trajeron de sus vacaciones pero progresivamente termina afectando a los más desprotegidos. Como siempre sucede. Porque allí viven las enfermeras del sistema de salud público, porque allí viven hacinados y sin agua los jardineros, choferes, o empleadas domésticas de quienes viajan a Europa.

Son los mismos que ahora se “enteraron” que en el Gran Buenos Aires, la extensa zona que rodea la capital argentina, una megalópolis latinoamericana, hay 1800 barrios humildes, algunos dejaron de ser villas (barrios carenciados) por el esfuerzo de sus habitantes, pero igual no tienen los servicios esenciales (agua-cloacas-luz-gas).

Entonces resulta que hay un virus con alta tasa de contagio que no hace diferencias de clase pero que ahora está alojado, como era de esperar, en los barrios pobres de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires. Quizás el virus, como buen producto del capitalismo que destruye el planeta, también sabe de clases.

Es aquí donde emergen las teorías más diversas. Que recorren todo el espinel del pensamiento, de derecha a izquierda.

Dice el ex dirigente Tupamaro Jorge Zabalza en una entrevista que: “Todo parece indicar que los gobiernos latinoamericanos sean del cuño que sean están aprovechando el miedo que fue creado con el Coronavirus para imponer su modelo”.

“Entonces el capitalismo sigue marchando. Se ha utilizado la existencia real del coronovirus y la falta de capacidad de los servicios de salud para crear miedo que va a terminar en rebajas salariales, de puestos de trabajos, en el crecimiento de la pobreza. Una nueva forma de explotar y de someter a los pueblos, una vuelta de tornillo más, y eso inevitablemente que va a traer formas de represión, las ya conversadas formas de control digitalizado (aunque termina reconociendo que) y también va a traer resistencias porque no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, la gente va a salir a la calle”, afirma Zabalza.

De a poco se entrevera la situación, porque la única medida real para frenar el contagio del virus es el aislamiento, pero esta realidad es utilizada por quienes detentan el poder (cruel e inhumano en el mundo), para avanzar.

Así, de reclamos lógicos como el de los comerciantes (los que no fueron habilitados) que quieren abrir sus negocios, se proyectan los reclamos de «libertad» de la derecha más rancia. Esa derecha que no duda en hundir en la miseria a quien sea para defender sus intereses de clase. Que claramente no son los del comercio minorista que está pidiendo abrir y que quizás siempre ninguneó al Estado y ahora quiere que éste lo salve.

¿Y la protesta?

Todo esto indica que el Coronavirus parece haber llegado para quedarse, al menos un tiempo, y mucho más podrían quedarse sus consecuencias sociales y políticas, mientras tanto y por ahora, no se trata de detener la protesta social de los olvidados de siempre. Distancia social no puede devenir en entregar la calle.

Tres preguntas sobre esto: ¿por qué la izquierda no encuentra otra forma de manifestar la protesta, esquivando el miedo al contagio (ya instalado)? ¿Por qué no se exige la ayuda para los más desprotegidos, como eje central? ¿Por qué tenemos que se termina apelando al mismo modo operandi de la derecha, que ahora sale a la calle a protestar contra la llegada del comunismo? La calle nunca fue de la derecha y ahora tampoco lo será, la calle es fácilmente recuperable por el movimiento social combativo.

¿Por qué desde la izquierda no explicamos algo tan sencillo como que la riqueza no la crean los dueños de las fábricas, sino los trabajadores y por eso ahora los patrones quieren que vuelvan a trabajar aún a costa de su salud?

¿Por qué no explicamos más que es un problema de clase que no salga el impuesto a las grandes fortunas y el control al sistema financiero? ¿Por qué no explicamos más que la reforma agraria es una necesidad para que el pueblo se quede con la renta agraria?

Los casilleros que presuntamente retrocedemos hoy, pueden ser utilizados para tomar fuerza mañana, a condición de tener mucho cuidado de no caer en el mismo discurso de la derecha.

Aprovechemos para avanzar en el plano de la conciencia de clase, sin impulsar una rebelión infantil que no lleva a ningún lado. Aprovechemos para que crezca la solidaridad y si tenemos que estar en la calle por cosas puntuales, salgamos a reclamar en las calles. Pero sin exponer otra vez a quienes más riesgos corren ante cualquier enfermedad.

Vamos a cuestionar esa asquerosa normalidad donde muchxs no tienen derechos, por eso se trata de que planteemos crear una nueva realidad en donde todxs estemos incluidos. Que no sea esa la normalidad. O peor, la mentada «nueva normalidad».

Pero para dar pasos en esa dirección hay que tener cuidado en no recorrer el mismo camino que la derecha neoliberal y neofascista, que proclama “que Argentina marcha al comunismo”, por lo que se asumen como “libertarios”, que no quieren ser «Venezuela o Cuba”. Otra vez aprovechan para instalar miradas anti populares agitando el cuco de la bandera roja. Ningún cuco, el socialismo o las formas de lograr una sociedad más justa son posibles, por eso le temen por eso agitan viejos discursos falaces.

Estos sectores son los mismos que en los últimos días han publicado un documento que titulan “La Democracia está en peligro”, en donde señalan como supuestos errores del gobierno lo que ellos mismos se negaron a ejecutar semanas atrás. Han inventado el término de “infectadura” donde hablan de “un eficaz relato legitimado en expertos, seguramente acostumbrados a lidiar con escenarios que se asemejan a situaciones de laboratorio y ratones de experimentación, pero ignorantes de las consecuencias sociales de sus decisiones”. Un «documento» avalado por un grupito de científicos y personajes conocidos, y lleno de personajes ignotos, encabezados por la investigadora del Conicet Sandra Pitta, quien ya había promocionado una solicitada de apoyo a la reelección de Mauricio Macri. ¿Desde cuándo les preocupan los pobres? Otra vez, están pensando en ellos mismos, y entonces aparecen como defensores de los sectores medios que les son útiles a un proyecto de apropiación de riqueza que no los incluye.

«Documento» en el que le faltan el respeto a los especialistas en epidemiología y a la ciencia en general, al tener entre los primeros firmantes a científicos del Conicet con Especialidad en el Sistema Solar – Sistemas Planetarios; otro en Astronomía especializado en ciencias planetarias, y otro que está investigando el “Desarrollo de columnas y preconcentradores capilares para su uso en cromatografía y electroseparaciones”. ¿Un epidemiólogo por ahí? No.

Claro está, tampoco faltan exfuncionarios del macrismo como Darío Lopérfido (ex ministro de Cultura), Fabiana Túñez (ex secretaria del Consejo Nacional de las Mujeres) y Jorge Sigal (ex secretario de Medios Públicos), o intelectuales de derecha como Juan José Sebreli, el que llamó a romper la cuarentena y pidió que «todos el mismo día levanten las persianas y que toda la gente salga a la calle». Y si quieren seguir buscando se encontraran con la firma de Santiago Kovadloff, Luis Brandoni o Daniel Sabsay. A la derecha de estos personajes, el abismo.

Estos, y otros con pasados similares, dicen que el comité que asesora al Poder Ejecutivo son analistas “de ratones” que desconocen la realidad social. Hablan así de estudiosos como Pedro Cahn, especialista en infectología, director Científico de la Fundación Huésped desde 1989 y ex-presidente de la Sociedad Internacional de Sida (IAS) entre 2006 y 2008. Mirta Roses, médica cirujana, que fue directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y directora regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para las Américas, en 2003, y ahora es la embajadora especial de la OMS/OPS para América Latina y el Caribe. Eduardo López, quien tras 33 años de carrera hospitalaria y jefe de la división Clínica del hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, acumula experiencia asistencial, excelencia docente, compromiso con el sistema público de salud y capacidad de análisis sanitario. Es uno de los formadores de expertos más reconocidos del país. Omar Sued, especialista en Medicina Interna y Especialista Universitario en Enfermedades Infecciosas (UBA, 2004), máster en Manejo Integral del VIH-Sida (Universidad de Barcelona, 2003) y doctor en Medicina (Universidad de Barcelona, 2016), entre otros.

Sin dudas, hay sectores que la pasan mal y las respuestas son lentas, pero no es la derecha fascista la que puede encarnar un proceso de búsqueda alternativa.

Desde la izquierda tenemos que lograr ser creativos, multiplicar solidaridad pero de esa que exige inclusión, vida digna, reparto equitativo de la riqueza, solidaridad de los pueblos para los pueblos. Que no nos confundan con una libertad que nada tienen que ver con liberación. No es con más capitalismo que se combate el capitalismo. Ahora es cuando tenemos la imperiosa necesidad de instalar una nueva normalidad, hasta que la dignidad se haga costumbre.

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