A pedido de EEUU, y en plena campaña electoral, Macri rompe relaciones con el gobierno de Venezuela

 

Rubén Armendáriz

El Gobierno argentino rompió las relaciones diplomáticas con el gobierno copnstitucional de Venezuela en una jugada que tiene el respaldo de los Estados Unidos y el Grupo de Lima para marcarle la cancha a Alberto Fernández, el seguro próximo presidente, El canciller Jorge Faurie, le diola plena representación como embajadora de la República Bolivariana de Venezuela a Elisa Trotta Gamus, la enviada del ajutoproclamado presidente interino Juan Guaidó en la Argentina.

De esta manera, la administración de Mauricio Macri formalizó en plena campaña electoral su ruptura con el régimen de Nicolás Maduro, al que no reconoce desde que aceptó la proclamación del titular de la opositora Asamblea Nacional, Guaidó, como «presidente encargado». Fue a fines de enero, días después de que Maduro asumiera un nuevo período de gobierno tras unas elecciones en las que el chavismo proscribió a candidatos de la oposición.

A pocos días de los comicios, el Presidente rompe los escasos puentes diplomáticos que aún quedaban en pie con Caracas al reconocer a Elisa Trotta como embajadora plenipotenciaria designada por Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino de Venezuela.Esto significa que Trotta “representa para todos los venezolanos residentes en nuestro país la autoridad máxima de Venezuela en la Argentina, quien además los podrá asistir en todas las cuestiones consulares”, asegura la comunicación formal emitida por la Cancillería.

Mauricio Macri utiliza todos sus recursos institucionales para demostrar que su agenda de gobierno es diferente de la plataforma electoral que ofrece Alberto Fernández a la opinión pública. El candidato presidencial del Frente de Todos sostiene que en Venezuela no hay dictadura y que es posible coordinar una transición democrática con Nicolás Maduro a través de una propuesta diplomática que lideran Uruguay y México.

Como sucede con la deuda externa o el Acuerdo Mercosur-Unión Europea, la crisis de Venezuela y su posible solución también se transformó en un campo de batalla electoral que enfrenta a Macri y Fernández.El conflicto venezolano es la principal preocupación de la administración de Donald Trump en la región. Los funcionarios estadounidenses se encargan de dejarlo en claro en cada reunión con allegados del candidato peronista, pero dudan de su compromiso con la causa. Más aun luego de sus acusaciones a Washington de generar hambre al pueblo venezolano con “un bloqueo espantoso”. Tratan de obligarlo a criticar la medida en medio de la campaña electoral.

La reunión del canciller Jorge  Faurie con Trotta va más allá de un reconocimiento formal. Se trata de una escalada diplomática deliberada que se ejecuta por órdenes directas de Macri, que pretende exacerbar sus diferencias con Fernández respecto a la política exterior de la Argentina. La Cancillería elaboró una lista de cinco representantes de Maduro que-dice- tienen la visa vencida y que no serán renovadas por las autoridades argentinas.

Los funcionarios macristas suponen que el presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, va a responder con simetría, y ello puede implicar la expulsión del encargado de Negocios argentino, Eduardo Porreti. Y esa reacción se produce, es muy probable que el gobierno argentino decida que los últimos representantes de Maduro en Buenos Aires sean expulsados para liberar la sede diplomática, que sería ocupada por la embajadora plenipotenciaria Trotta, en un intento de apropiación de bienes venezolanos, en la mkisma tónica del saqueo y pirateo impulsado por Washington para favorecer a los corruptos funcionarios «designados» por Guaidó… 

La ruptura de relaciones se daría, señala lapoliticaonline.com, un día después del apoyo de Donald Trump al ingreso de Argentina a la OCDE, una de las obsesiones de Mauricio Macri desde que asumió el gobierno en 2015.

Coincide, asimismo, con la denuncia del proestadounidense Grupo de Lima de un supuesto intento de golpe de Estado en Ecuador orquestado por el gobierno venezolano, cuando en realidad se trata de un estallido social tras la aplicación del gobierno de Lenín Moreno de un paquetazo económico impuesto por el Fondo Monetario Internacional, a cambio de 4.200 millones de dólares en préstamos.

La relación con Estados Unidos sigue siendo para Alberto Fernández uno de los puntos más críticos de cara a un eventual gobierno. Puntualmente, el tema Venezuela es el que amenaza con convertirse en el de mayor tensión con la administración de Trump, que lo mantiene como prioridad absoluta como le hizo saber en las últimas horas el embajador Edward Prado.

El ex juez texano salió a marcarle la cancha al candidato del Frente de Todos luego de que confirmara su idea de abandonar el Grupo de Lima si llega a la Casa Rosada. El Grupo de Lima es un organismo de presión creado por Estados Unidos para acorralar diplomáticamente al régimen venezolano. Mauricio Macri fue parte importante en su conformación. Prado señaló que para EEUU el tema es innegociable y destacó «el liderazgo moral» de Macri.

«La posición de México y Uruguay en el tema Venezuela es la posición correcta para afrontar un problema que todos vemos. Nadie deja de advertir que allí se ha complicado la convivencia democrática. La Argentina debe ser parte de los países que quieren ayudar a los venezolanos a encontrar una salida. Estar en el Grupo de Lima es contradictorio con esto», afirmó el lunes por la tarde Fernández junto al candidato presidencial uruguayo Daniel Martínez.

Un rompimiento muy raro

Si bien los altos funcionarios de la cancillería argentina afirman  no tener relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro desde enero cuando reconocieron a Juan Guaidò como autoproclamado presidente interino, lo cierto es que el cuerpo diplomático no fue retirado y tanto la embajada argentina en Caracas como la venezolana en Buenos Aires, siguieron operando normalmente.

La ruptura conlleva una serie de problemas en gestión de trámites para los 15.000 argentinos que viven en el país caribeño -4.000 de ellos se calcula que no están registrados-, así como las empresas de capitales nacionales instaladas allá. Tal es así que el propio Juan Guaidó pidió en enero que la comunidad internacional no rompa relaciones con su país.

Los asesores de Macri se sorprendieron cuando la Cancillería les entregó el listado de países que había roto relaciones con Venezuela y aparecía solamente Paraguay en la región (obviamente además de Estados Unidos). Es Miguel Ángel Pichetto, el acompañante de la fórmula presidencial de Macri, quien ha intentado incluir el tema venezolano en la agenda electoral con constantes acusaciones sobre la existencia de «una estructura de operadores cubanos y venezolanos en el kirchnerismo».

Por su parte, el ministro de Justicia  Germán Garavano preparó un documento con diversos testimonios de venezolanos residentes en la Argentina para entregar a la Corte Penal Internacional (CPI), que denuncia ejecuciones extrajudiciales, torturas, privaciones ilegítimas de la libertad, desapariciones forzadas, violencia sexual y persecución política.

Un canciller dependiente de Washington

Desde hace largos meses, casi a partir del comienzo de la gestión del canciller Jorge Faurie, el clima es espeso en la Cancillería argentina. Durante 2019 se registraron dos hechos críticos en la línea ministerial. Por un lado el rechazo doctrinario de la Consejería Legal al “reconocimiento” del opositor venezolano Juan Guaidó, autoproclamado “presidente encargado” del Ejecutivo venezolano, señalaba Carlos Villalba en estrategia.la.

El jefe de la Consejería Legal, Embajador Mario Oyarzábal, sentenció el 19 de enero último que sentenciaba que “en el estado actual del Derecho Internacional, el reconocimiento de un gobierno, cuando hay otro gobierno que efectivamente detenta el control en un país, es considerado una intervención ilegal en los asuntos internos de ese Estado “En este contexto, para el Derecho Internacional el reconocimiento de Guaidó constituiría una intromisión en los asuntos internos de Venezuela”, añadió.

También se produjo un conflicto de competencias entre la “Unidad de apoyo a la Reconstrucción de Venezuela”, y la presidencia de Cascos Blancos, que se vio obligada en las horas previas al espectáculo “humanitario” colombiano a replegar cualquier posible acción en la zona y quedó relegada a empaquetar las donaciones recolectadas entre la colonia venezolana en la Argentina.

Es difícil saber si el secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo, verdadero responsable de los lineamientos de la política internacional argentina, leyó los argumentos diseñados en una institución que no es precisamente “chavista”, pero sí experta en derecho internacional público, respetuosa de sus normas y también de sus prácticas.

“No existe ningún caso en que se haya aprobado credenciales de delegados nombrados por un gobierno que no haya poseído en algún momento control sobre el territorio de un Estado”, ni “delegados nombrados por gobiernos que no han ejercido nunca poder efectivo en un país”, remaracaba Oyarzabal.

De todas formas, señalan funcionarios de la cancillería argentina,  hay demasiadas contradicciones. La relacione se rompen con alguien. Ese sujeto es Nicolás Maduro, al que desde el 10 de enero no reconoce el macrismo. Romper relaciones con él, es reconocerlo.

Los diplomáticos señalan asimismo que más allá del buscado golpe mediático-lectoral o de efecto, el rompimiento significa cerrar embajadas. En el caso argentino, cerrar la de Caracas significaría dejar sin amparo o refugio para opositores venezolanos, a los que sí reconoce, protege y quizá financia, como fue el caso del dirigente opositor Richard Blanco.

Otra de las contradicciones a las que se refieren los funcionarios es que el país pierde la oportunidad de jugar un papel constructivo para solucionar la crisis. Si pateas la mesa, quedas afuera, señaló un alto funcionario. Además, deja sin cobertura consular a al menos dos mil argentinos.

* Periodista y politólogo, investigador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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