(160429) -- CARACAS, abril 29, 2016 (Xinhua) -- El presidente de la Asamblea Nacional (AN) de Venezuela, Henry Ramos Allup (d), el gobernador del Estado Miranda, Henrique Capriles (i) y el diputado Julio Borges (c), reaccionan en el exterior de la cárcel militar de Ramo Verde, ubicada en la ciudad de Los Teques, en el estado Miranda, Venezuela, el 29 de abril de 2016. De acuerdo con información de la prensa local, un grupo de diputados de la oposición de Venezuela acudieron el viernes a la cárcel militar de Ramo Verde para visitar al líder opositor venezolano Leopoldo López con motivo de su cumpleaños 45, así como para recolectar su firma para la activación del referendo revocatorio en contra del presidente venezolano, Nicolás Maduro. (Xinhua/Str) (jp) (rtg)

Marcos Salgado | 

El único mecanismo constitucional para terminar con el mandato del presidente Maduro comenzó a dibujarse en el horizonte venezolano con más fuerza la semana pasada, luego que el Consejo Nacional Electoral habilitara a la derechista Mesa de la Unidad Democrática a constituir una iniciativa ciudadana, primer paso hacia la convocatoria del referéndum.

Hubo una amplia respuesta social y en pocas horas se juntaron muchas más firmas que las necesarias. Las cifras difieren fuertemente. Algunos en la oposición dicen que recolectaron tres millones, otros que fueron dos, desde el gobierno se admiten indirectamente unos dos millones… como sea, está claro que son muchísimas más que las necesarias para esta etapa.

La concurrencia masiva a los puntos de recolección de firmas también dejó negro sobre blanco que no será difícil para la oposición obtener las algo más de cuatro millones de firmas necesarias para -entonces sí- convocar al revocatorio. Hasta aquí, todo parece marchar sobre ruedas para la oposición, pero no.

Y es que la situación social, política y económica de Venezuela ha llegado a tal punto que pretender cierta normalización desde la política es una misión que parece imposible, al menos en el mediano plazo, y esto vale tanto para el gobierno como para la oposición. Ya son millones los que se dedican a “bachaquear”, tal como se llama aquí a la práctica de comprar a precios regulados para abastecer a una aceitada red de revendedores, para que los productos vuelvan a la calle, pero a precio vil. Un ejemplo de las últimas horas: un paquete de un kilo de arroz está regulado en unos 120 bolívares, pero en la calle se vende a 1.200.

El gobierno del presidente Maduro no ha logrado hasta aquí ponerle freno a la situación, que no deja de empeorar. Y las medidas ensayadas hasta aquí han fracasado. Ahora el gobierno apuesta a los Comités Locales de Abastecimiento y Distribución (CLAP) , organizados en las comunidades, como la forma de romper -al menos parcialmente- la lógica perversa de la reventa bachaquera.

Ya se conformaron más de 1.500 CLAP en todo el país, y desde el gobierno aseguran que serán muchos más, y que se desarrollan a buen ritmo. El presidente Maduro aseguró que estos comités locales deben ser “la máxima expresión de la revolución económica-productiva”. Ya desde hace meses el discurso del Jefe de Estado venezolano se centra en las iniciativas de mediano y largo plazo, y se diluye a la hora de hablar de las soluciones perentorias.

De lo mismo adolece la oposición. Desde el control absoluto de la Asamblea Nacional, no han aportado ni una sola buena nueva al atribulado pueblo venezolano. Obsesionados por terminar con el gobierno chavista a como de lugar, no parecen percatarse de que el pueblo espera solamente algo de oxígeno en sus economías familiares. Ni más ni menos.

Elecciones regionales y referéndum

Se sabe. Si hay algo que los venezolanos y las venezolanas hacen regularmente es votar. En este 2016 deben elegir todos los gobernadores del país. No hay nada que no haga pensar que esas elecciones serán un nuevo mal trago para el partido de gobierno, que podría ver cambiar de color buena parte del mapa de Venezuela (hoy casi todo “rojo rojito”).

La última elección de gobernadores fue en diciembre de 2012, a días del último mensaje del comandante Chávez y con las mayorías en aliento contenido tras la operación del líder. Allí votar por los candidatos bolivarianos era acompañar a Chávez, respaldarlo, renovarle la confianza, pocos meses después de la victoria del propio Chávez, en octubre de 2012.

Pero mucha agua pasó bajo el puente desde entonces hasta ahora. Chávez ya no está, Maduro gobierna y el sabotaje económico, combinado con la burocracia, la ineficiencia y la corrupción, metástasis extendidas en el Estado, conforman un cóctel de malos augurios electorales para el chavismo. La oposición, en tanto, tal como hicieron el año pasado antes de parlamentarias, solo se sientan a ver la crisis pasar (mientras pelean puñal en manos las candidaturas, claro).

Y en paralelo, corren los tiempos del eventual referendum revocatorio. La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, le puso paños fríos a la declamada ansiedad opositora y dejó claro que se tomarán su tiempo: primero revisarán los avales para conformar la iniciativa ciudadana, luego seguirá el proceso y todo eso será observado por una comisión creada por el presidente Maduro.

Desde la oposición aseguran que sí dan los tiempos para que el referendum se haga en este mismo 2016, y desde el chavismo ya hay quienes públicamente opinan lo contrario (incluso miembros de la comisión presidencial). El dato no es menor. Es que si el referendum se realizara después del 10 de enero de 2017 y aún cuando el presidente Maduro fuese revocado, el vicepresidente (hoy Aristóbulo Istúriz) completaría el mandato hasta el 10 de enero de 2019.

Esto alcanza para que la oposición ya denuncie que hay un plan para demorar el referéndum (que ni siquiera fue convocado), y culpar al poder electoral de formar parte de la maniobra. Ese es el juego que mejor juegan y que más le gusta, mucho más que medir fuerzas en las urnas.

¿Por qué la salida electoral -hoy casi a la vuelta de la esquina- no convence en los cuarteles de la derecha? Es que si el chavismo sale del gobierno por las urnas, de esa misma forma puede regresar. Por eso, la estrategia sigue siendo la de generar “tierra arrasada”: llevar a Venezuela al caos y responsabilizar al chavismo por la crisis terminal de la que emerjan módicos salvadores.

Un escenario mucho más tentador para la derecha que ganar un eventual referendum revocatorio y luego una elección presidencial sobrevenida para hacerse cargo de administrar la crisis que ellos mismos contribuyeron fuertemente a generar. (Y con un barril del petróleo que seguirá sumergido).

¿Soportaría el pueblo venezolano -más consciente y empoderado después de Chávez- un gobierno de restauración neoliberal al estilo Mauricio Macri en Argentina? Difícil. Por eso la apuesta opositora sigue siendo la tierra arrasada más que el referéndum y a esos cauces volverán una y otra vez en los meses que vienen.

Mientras tanto, el gobierno todavía tiene pendiente un último esfuerzo por recuperar la confianza de las atribuladas mayorías. Y a esta altura esto se logrará solo con medidas efectivas contra la crisis. Lo contrario es ponérsela “papita” (fácil) al enemigo.

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