2014, un año sin elecciones

MARCOS SALGADO | Pasa poco en Venezuela, pero a veces pasa: el año que viene no habrá elecciones. El mapa político que determinen las elecciones de 337 alcaldes el próximo 8 de diciembre será el campo de batalla de un año crucial (otro más) donde la Revolución Bolivariana deberá demostrar su capacidad de reinventarse y seguir pisando firme en un campo minado.

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La ofensiva contra la guerra económica que desplegó en las últimas semanas el gobierno de Nicolás Maduro puso fin a varios meses en donde el primer presidente chavista parecía contra las cuerdas, apabullado como la sociedad toda frente a la descomunal ofensiva de los sectores privados que mostraron cómo y cuánto siguen siendo poder, catorce años después.

Fueron meses en los que el dólar paralelo trepó con prisa y sin pausa a sesenta bolívares y arrastró con él a toda una compleja cadena de micro y macroespeculadores. Una sucesión de golpes a un boxeador que parecía derrotado, pero no.

La fuerte ofensiva contra las grandes cadenas de venta de electrodomésticos fueron una señal que el pueblo interpretó como un acto de justicia, mientras los especuladores comenzaban a «coger mínimo». Las bajas en algunos precios se pusieron a la orden del día y cedió la tensión acumulada por meses de inacción en materia económica.

La oposición tardó más de diez días en reaccionar y cuando lo hicieron salieron mal y, claro, tarde. Convocaron a través de la redes sociales a concentraciones en todo el país, que en la vida real se tradujeron apenas en una docena de escuálidas manifestaciones, cuyo modesto clímax fue la Plaza Venezuela de Caracas, donde unos dos mil estoicos se consumieron al sol para escuchar a un ramillete de candidatos a alcaldes y a su módico «líder» Henrique Capriles Radonski.

Capriles hizo el juego que mejor juega y que más le gusta: la sobreactuación. Actuó de perseguido político, actuó de coordinador de la campaña de la MUD, pronosticó que tras el 8D irán tras Nicolás Maduro. Sobre el final de su discurso mandó a todo el mundo a su casa, contraviniendo a su colega Leopoldo López, quien minutos antes había llamado a la pelea de calle contra el «régimen».

Capriles volvió a insistir en que las elecciones del 8D serán un plebiscito contra Nicolás Maduro. Pero en la vida real esto está por verse. Si antes de la ofensiva contra los precios del gobierno nacional ese escenario era probable, ahora sólo es posible. También cabe la posibilidad de que el 8D sea, como bien lo definió el veterano periodista Eleazar Díaz Rangel, el día de 337 elecciones distintas donde prime la situación y correlación de fuerzas en cada municipio que no sean entonces una gran compulsa nacional, más allá de los anhelos de la oposición y más allá también de los cálculos del gobierno, donde se espera que las medidas contra la especulación y los guiños a la clase media (al cierre de esta nota se esperaban anuncios para ordenar el desquiciado mercado de venta de automóviles) sumen votos a los candidatos chavistas, especialmente en los esquivos municipios de fuerte concentración urbana.

Variables que se despejarán en apenas una semana. Pero como sea, lo más interesante está por venir: el 2014. Después de un 2013 duro, doloroso, donde pasó lo que no tenía que pasar, nada más y nada menos que la muerte del Comandante Hugo Chávez, el 2014 llegará a Venezuela con la promesa de batallas distintas, no electorales.

Y al no haber elecciones en puerta el Partido Socialista Unido de Venezuela no tendrá excusa para no dedicarse a la construcción política de base y los medios públicos de comunicación se deslastrarán también de las urgencias del proselitismo. Un soplo de aire fresco para lo que el presidente Maduro definió como la segunda etapa de su gobierno que tendrá como eje importante la lucha contra un mal endémico y letal: la corrupción. Un año que promete.

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