Trump, ¿atrapado y sin salidas?
Carlos Fazio
A casi un mes de la ilegal agresión militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, el curso de la guerra continúa incierto y hasta el presente ningún ultimátum de Donald Trump a las autoridades de Teherán se ha cumplido.
El gobierno iraní ha desplegado contundentes respuestas bélicas asimétricas de retaliación sin límites de continuidad contra Israel y objetivos instalados en las petromonarquías del golfo pérsico, y pese a las continuas amenazas trumpistas sigue defendiendo su soberanía marítima en el estrecho de Ormuz, lo que mantiene en vilo a la economía mundial y a los políticos republicanos de cara a los comicios intermedios de noviembre próximo.
Según medios estadunidenses como The New York Times y CNN y The Economist y The Independent de Londres, Trump necesita una estrategia de salida pero parece vacilar a la hora de tomar decisiones. Peor aún, mientras Estados Unidos intensifica las operaciones de desinformación y guerra psicológica y con su estilo gangsteril narcisista Trump finta con nuevas negociaciones para intentar ganar tiempo, evaluar alternativas –incluido el eventual despliegue de fuerzas terrestres en Irán– y consumar otra traición, el gobierno de la República Islámica no cede y sube la apuesta.

Por intensos que sean, los bombardeos de precisión de los aviones y los drones pueden producir muerte a mansalva, destruir infraestructuras vitales y degradar las capacidades bélicas del enemigo, pero la fuerza bruta desde el aire resulta insuficiente para tomar territorios y extraer sus recursos geoestratégicos y controlar rutas marítimas como el estrecho de Ormuz, y tampoco ha podido evitar la suba de precio de los hidrocarburos. Todos esos elementos tienen limitaciones en el teatro operacional: la principal es que no sustituyen al ser humano como actor central de la confrontación.
No obstante, la respuesta inmediata de Teherán fue implacable: “Haz eso y volaremos por los aires todas las plantas desalinizadoras que mantienen con vida a tus aliados del Golfo en el desierto, cerraremos el estrecho de Ormuz hasta que repares todo lo que bombardeaste, y atacaremos a Israel con aún más dureza”, avisó. Posteriormente, afirmó que se centraría en desmantelar las centrales eléctricas del Golfo Pérsico.
La réplica disuasiva de Irán introdujo un elemento clave que alteró el cálculo de los asesores trumpistas: la doctrina de reciprocidad directa, “ojo por ojo, diente por diente”. Dejó claro, pues, que cualquier ataque contra su infraestructura energética y eléctrica sería respondido ahora de manera simétrica, incluyendo objetivos estratégicos de Estados Unidos en sus protectorados árabes y en los territorios palestinos ocupados por Israel.
Esta lógica no es nueva. Ya se ha manifestado en episodios anteriores, como la represalia iraní tras del ataque israelí al yacimiento de gas de South Pars, en Irán, el más grande del planeta, que provocó un similar escenario en la planta de GNL de Qatar y en la refinería petrolera de Haifa ocupada o incidentes en las instalaciones nucleares del país persa, que Teherán respondió golpeando la localidad de Dimona, donde se encuentra el complejo nuclear israelí.
En la red social de su propiedad Truth Social, Trump trató entonces de eximirse de toda responsabilidad por el ataque israelí a South Pars, dirigido a escalar el conflicto. Sin embargo, es obvio que una operación de tal sensibilidad y magnitud requiere una profunda implicación del CENTCOM (Comando Central de los EU en Medio Oriente) y la aprobación presidencial.
El mensaje iraní es simple: el costo de la escalada ya no sería unilateral. Ergo, si Estados Unidos e Israel vuelven a atacar instalaciones nucleares iraníes, el próximo objetivo sería directamente la instalación nuclear de Dimona, considerada una línea roja para Israel, ya que en ningún conflicto previo ha sido atacada.
Pausa trumpista con sabor a derrota
El lunes 23, cuando estaba próximo a expirar su ultimátum de 48 horas, Trump anunció que había ordenado al Departamento de Guerra posponer todos los ataques dirigidos contra infraestructuras energéticas y eléctricas iraníes durante un período de cinco días, debido a que ese fin de semana se habían realizado conversaciones “muy positivas y productivas” entre Washington y Teherán, sobre una resolución “completa y total” del conflicto.
El mismo lunes, funcionarios iraníes negaron que estuvieran negociando con Washington, y Mohammad Bagher
“No llames ‘acuerdo’ a tu derrota”, dijo el portavoz del Comando General Central de Khatam al-Anbia, señalando que Washington no logrará beneficios de sus inversiones en la región, ni un retorno a los anteriores niveles de precios de los hidrocarburos. En este sentido, destacó que la estabilidad solo será posible bajo las condiciones iraníes y quedará garantizada por su Ejército.
Por su parte, el representante del Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán, Saíd Yalilí, calificó las declaraciones de Trump, como “la definición misma de una retirada”. “Primero dijeron: ‘el estrecho de Ormuz debe abrirse’; después dijeron: ‘aseguraré y escoltaré a los barcos’, y ahora dicen: ‘estoy dispuesto a gestionarlo conjuntamente con Irán’, escribió la mano derecha del líder supremo iraní en su cuenta de X. “Esta es la definición misma de una retirada: el poder de Irán ha llevado a Estados Unidos a aceptar la realidad”, aseveró Yalilí, concluyendo con el acrónimo ‘TACOTrump’, que significa “Trump siempre se acobarda”.
Según The Independent, el cambio de planes de Trump y sus asesores exhibió la limitada capacidad estadounidense para enfrentar a Irán.
A partir de los habituales dichos escuetos de Trump y filtraciones a los medios, Washingon deslizó que a través de los negociadores especiales del magnate, su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff; el secretario de Estado, Marco Rubio, y vicepresidente de EU, J.D. Vance, la Casa Blanca y un grupo de países mediadores –Pakistán, Egipto y Turquía– estaban explorando la posibilidad de celebrar este jueves negociaciones de paz de alto nivel con Irán, pero aún esperaban una respuesta de Teherán.
La capital pakistaní, Islamabad, sería el lugar propuesto para el encuentro. Según fuentes anónimas, Washington habría presentado a Israel un plan de cese de la guerra de 15 puntos, que también fue remitido a Irán, que habría aceptado muchos de ellos, aunque no hay pruebas reales de ese respaldo.
En la coyuntura, el nudo gordiano de la guerra sigue siendo el estrecho de Ormuz. La Guardia Revolucionaria iraní anunció que el estrecho estaba abierto a China y a otras naciones que participen en negociaciones, como Bangladesh, pero condicionó su uso a los países del Golfo a que expulsaran a los embajadores estadunidenses. Finalmente, se impuso un nuevo conjunto de reglas, que funciona así: si el cargamento se negoció en petroyuanes, es posible que el buque obtenga el paso gratuito, pero debe pagar el peaje geoestratégico. Solo entonces podrá navegar libremente por aguas territoriales iraníes, cerca de la isla de Qeshm, y no atravesando el centro del estrecho.
The Economist y las cuatro salidas de Trump
Según el medio británico The Economist, el presidente Trump tiene cuatro opciones para salir de la guerra contra Irán, ninguna de las cuales es buena. Sus opciones son: negociar; declarar la victoria y retirarse de la guerra; seguir como hasta ahora o escalar; y si no ha elegido ninguna de las vías, es porque ninguna es buena.
La primera opción de acordar un alto el fuego y negociar, parece la menos probable, ya que Irán, que ha sido atacado dos veces mientras se celebraban conversaciones con EU, recela de sentarse de nuevo en la mesa con representantes estadunidenses. Además, Omán, que ejercía como mediador entre Washington y Teherán, irritó a sus vecinos del golfo Pérsico por su postura comprensiva hacia el país persa.
Si no es capaz de terminar la guerra con un acuerdo, Trump podría intentar simplemente darla por finalizada. Algunos asesores lo empujan a declarar una victoria: anunciar que las capacidades militares y la Marina de Irán han sido destruidas (como él mismo ha venido repitiendo casi desde el inicio de la agresión), al igual que sus fábricas de misiles. Según The Economist, esa sería “la opción más ‘trumpista’”: vender una agresión inconclusa como un triunfo decisivo, como ya hizo en junio del año pasado tras la llamada Guerra de los 12 días, al proclamar que el programa nuclear iraní había sido “obliterado”, pese a describirlo ocho meses después como una “amenaza inminente”.
No obstante, retirarse del conflicto ahora daría siete meses para que el shock petrolero se diluya antes de las legislativas de noviembre. En la misma línea, Teherán mantendrá el control sobre el estrecho de Ormuz, ruta marítima por donde circula alrededor de 20 % de todo el petróleo y gas que se comercia en el mundo.
La tercera opción es que Estados Unidos e Israel prolonguen durante semanas los bombardeos. Esa variable es apoyada tanto por varios altos cargos militares israelíes como por los partidarios de una política exterior agresiva en Washington. En ese caso, el argumento sería que unas semanas más de golpes sobre la nación persa podrían reducir sus capacidades militares o incluso provocar el colapso del gobierno, mientras la Casa Blanca gana tiempo para enviar más buques y montar una coalición de escoltas en el estrecho.
Sin embargo, The Economist pone en tela de juicio que tal plan funcione, dado que Irán es capaz no solamente de seguir lanzando ataques contra objetivos en la región y mantener cerrado el estrecho de Ormuz, sino también de “golpear otros frentes” e intensificar ataques contra infraestructuras críticas en el golfo Pérsico.
De ahí la cuarta vía: “escalar para desescalar”, según las palabras del secretario del Tesoro, Scott Bessent. Trump podría cumplir su amenaza de golpear centrales eléctricas iraníes y ordenar tomar el control sobre la isla de Jarg, principal terminal petrolera iraní, o tres islas disputadas entre Irán y Emiratos Árabes Unidos, situadas en un punto estratégico cerca del estrecho. Pero este camino de escalada está lleno de riesgos: militares estadunidenses tendrían no solamente que tomar esas islas, sino también mantenerlas bajo un fuego casi seguro de drones, mientras que un asalto a instalaciones nucleares exigiría a los comandos asegurar territorio hostil durante días y los estados del Golfo quedarían aún más expuestos.
Al mismo tiempo, aunque Trump pueda declarar la victoria, aun así vería cómo Irán mantiene cerrado el estrecho, apostando a que encarecer aún más este conflicto disuada otro en el futuro. O sea, podría prolongar unas semanas la campaña y encontrarse después en el mismo punto muerto. La escalada no es un fin en sí mismo: si toma Jarg, ¿qué hace luego con la isla si Irán se niega a negociar un acuerdo? Así, habiendo iniciado esta guerra, Trump se enfrenta ahora a la conclusión de que ninguna de las salidas a su alcance es limpia ni barata, y no tiene una forma fácil de terminar lo que empezó.
Las condiciones
En contrapartida, el miércoles 25 el medio oficial iraní Press TV, citado por la cadena Russia Today, difundió la versión de un funcionario persa según la cual el momento en que concluya la guerra no lo determinará el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Dijo: “Irán pondrá fin a la guerra cuando decida hacerlo y cuando se cumplan sus propias condiciones”.
El funcionario detalló, además, las cinco condiciones bajo las que Irán aceptaría poner fin a la guerra: un cese total de la agresión y de los asesinatos por parte del enemigo; el establecimiento de mecanismos concretos que garanticen que la guerra no se imponga nuevamente a la República Islámica; el pago garantizado y claramente definido de daños y reparaciones de guerra; la finalización de la guerra en todos los frentes y para todos los grupos de resistencia de la región; el reconocimiento y garantías internacionales del derecho soberano de Irán a ejercer autoridad sobre el estrecho de Ormuz.
(*) Escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones.