Trump: 12 meses imponiendo su «moral» como ley universal
Advierten que aniquila las relaciones internacionales y orilla al mundo al sufrimiento
Jim Cason y David Brooks
Cuando al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se le preguntó por los límites sobre cómo ejerce su poder en el ámbito mundial respondió: “sólo mi propia moralidad…. No necesito la ley internacional”. Este martes, el mismo mandatario publicó en redes una imagen del mundo que desea, con un mapa en el que la bandera estadunidense está sobre Groenlandia, Canadá, Venezuela y el Canal de Panamá.
En el primer año de su segundo periodo en la Casa Blanca, el comandante en jefe ha realizado –unilateralmente o de manera conjunta con otros– 822 bombardeos en total empleando aviones o drones, según un cálculo reportado por Al Jazeera elaborado por la organización de monitoreo de conflictos armados Datos de ubicación y eventos de conflictos armados (Acled, por sus siglas en inglés). Venezuela, Irán, Siria, Irak, Nigeria, Yemen y Somalia son algunos de los lugares que fueron blanco de las armas a su disposición.
El mandatario que llegó a la Casa Blanca hace un año prometiendo que pondría fin a las “guerras sin fin” de Estados Unidos, notificó esta semana al gobierno noruego que ya que no le otorgaron el Premio Nobel de la Paz, “ya no me siento obligado a pensar sólo en la paz”.
El mundo ha cambiado desde su retorno al poder. Nadie esperaba que 82 años después de concluida una guerra mundial donde Estados Unidos se sumó a sus aliados europeos para frenar la expansión militar de Alemania, hoy Alemania se está juntando con sus aliados europeos para frenar el expansionismo de Estados Unidos al defender Groenlandia. Y nadie esperaba que Groenlandia estaría jamás en la lista de países amenazados con una intervención estadunidense a lo largo de la historia.
Control sin fin, el objetivo
No hay fin de las teorías y especulaciones sobre qué es lo que quiere el presidente en el ámbito internacional, pero tal vez se debe empezar por lo que él mismo dice. Ha repetido que sus metas en Venezuela, Groenlandia y otros países son proteger el acceso estadunidense a petróleo y recursos naturales, incluyendo minerales considerados críticos (litio, cobalto, tierras raras, grafito, níquel, cobre y galio).
Consultado por el New York Times sobre si existen límites al ejercicio de su poder en el ámbito internacional, respondió que sólo su “moralidad” y “su mente” son los que pueden detenerlo, descartando cualquier otra limitación al subrayar que “no necesito la ley internacional”, un punto que ha sido reiterado por sus asesores más cercanos, como Stephen Miller.
Pero obviamente hay otros límites sobre el poder estadounidense. Trump retiró aranceles que impuso a China después de que el gigante asiático respondió que frenaría el flujo de minerales críticos a Estados Unidos, mientras los costos internos de su arma económica favorita están elevando el costo de vida a tal grado que se espera que muchos aranceles serán retirados antes de las elecciones intermedias en noviembre, y tal vez mucho antes si la Suprema Corte determina que fueron ilegalmente aplicados.
No hay consenso sobre política exterior dentro de su círculo íntimo ni entre las corrientes de apoyo de Trump, aunque no hay duda de que él es quien determina las decisiones finales. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el subdirector de gabinete, Stephen Miller, son promotores de reafirmar el dominio estadunidense en los asuntos mundiales, empezando con este hemisferio.
Por su parte, el presidente ha solicitado un incremento de 500 mil millones de dólares en el presupuesto del Pentágono para el próximo año, lo cual aumentaría el gasto militar total 50 por ciento, llevando a un presupuesto bélico de 1.5 billones, el más alto de todos los tiempos.
El vicepresidente J.D. Vance ha favorecido una posición más aislacionista, proponiendo que Estados Unidos se retire de la guerra ruso-ucraniana y otros asuntos bélicos de largo plazo. Junto con el hijo mayor del presidente, Donald Trump, Jr., el vicepresidente ha cuestionando el gasto militar y el envío de tropas a otras naciones, representando una corriente ultraconservadora de America primero de las bases de Trump.
Pero la ONU y la “comunidad internacional” son blanco de burla y desprecio por el gobierno de Trump, el cual no ha ocultado su desdén no sólo de la ley internacional y la Carta de la ONU y otras normas, sino que ha continuado minando el llamado orden internacional. La Casa Blanca no sólo se ha retirado del Pacto de París sobre Cambio Climático y la Organización Mundial de Salud, sino de múltiples agencias, comisiones y todo tipo de entidades relacionadas con la ONU.
Y por lo visto, también está jugando con romper relaciones con otras organizaciones y alianzas multilaterales, incluyendo la OTAN.
En su lugar, por lo menos en este hemisferio, Trump ha dejado claro que sabe con qué quiere sustituir al viejo orden: la “Doctrina Donroe” en la que proclama que “el hemisferio es nuestro”. De hecho, tres cardenales de la Iglesia católica de Estados Unidos –la primera organización transnacional– declararon que las políticas exteriores de Trump están “destruyendo las relaciones internacionales y llevando al mundo a un sufrimiento incalculable”.