Tres escenarios probables se abren en Chile
Paul Walder
“No son 30 pesos, son 30 años”. Esta consigna, levantada entre cientos de pancartas durante unas movilizaciones que tienen perplejo al país, expresa un clima, una percepción temporal. Con las consignas Chile despertó y Piñera, renuncia ya, alrededor de un millón 200 mil personas se manifestaron el viernes 25 por la Alameda, la avenida principal de Santiago, abarrotada por varios kilómetros y rebasada hacia todas las calles aledañas, y varias ciudades de todo el país.
El sábado el presidente Sebastián Piñera interpretó que la protesta no era contra él: pidió la renuncia de sus ministros y anunció el fin del toque de queda.
A una semana del estallido del 18 de octubre, que algunos artistas y creadores han comenzado a llamar la Revolución de Octubre, vemos pasar en nuestras conversaciones, en las lecturas y declaraciones, los procesos e incidentes políticos y económicos de los últimos 30 años. 
En una semana han caído máscaras, ídolos con pies de barro, el discurso del mercado como el dogma religioso de un orden que ha cruzado generaciones y demuestra, minuto a minuto, su impudicia y falsa moral. El modelo de mercado, aquel dios ritualizado, parece yacer derribado y humeante.
Hasta el momento, hay no pocos elementos que hacen pensar que se trata de una movilización que expresa el rechazo a un orden, a una institucionalidad degradada, y la demanda de mutaciones radicales, de cambio de ciclo y de régimen. La fuerza y las demandas públicas no apuntan a a reivindicaciones puntuales, lo que ha quedado en evidencia tras la indiferencia y rechazo de la población al paquete de medidas que ofreció Sebastián Piñera a inicios de este semana.
De ser así, y es muy probable que lo sea, a partir de estos días la sociedad organizada debiera poner en marcha una estrategia para la canalización de las fuerzas y elevarlas desde la acción social a la política. Un primer paso ha sido la oportuna presencia e intervención de las principales organizaciones sociales y sindicales bajo coordinadoras y plataformas que este miércoles llamaron a manifestaciones en las principales plazas del país y este jueves a jornadas de organización con la creación de asambleas y cabildos que en un primer momento tienen un carácter comunal y territorial. Juntas de vecinos, centros culturales y barriales, clubes deportivos están convocados para recoger las principales demandas de la población.
La respuesta ha sido enorme pero no incluye a todos ni se compara con la expansiva multitud en marchas y concentraciones.Junto a la incipiente instalación de asambleas y trabajos de organización, las demandas han iniciado un proceso de orden bajo la Mesa de Unidad Social, que agrupa a las mayores centrales sindicales y organizaciones sociales. En este proceso inicial, qué es lo fundamental se pregunta la población. Por qué parte comenzar el desmantelamiento del orden de mercado.
A una semana del estallido asistimos a un gobierno que observa, reprime y parece esperar que la multitud se calme por sí misma. Así como ha sido incapaz de evaluar y anticipar la explosión social, tampoco en estos días sabe cómo reaccionar. Ante un pueblo indignado, que crece en sus niveles de agitación y masividad, Piñera no logra ni respuesta ni entregar una señal política que conduzca a una mínima calma.
Los escenarios
En este momento, en un país en plena ebullición, hay al menos tres escenarios probables. Eso, en la medida que la correlación de fuerzas continúe en ascenso y nuevos grupos y sectores comiencen a sumarse. Este jueves, por ejemplo, hubo una protesta de camioneros en Valparaíso que se repetirá el viernes para demandar el fin de las AFP y los abusivos peajes de las carreteras concesionadas.
En este momento cambiante, y sin cursos claros, el doctor en Ciencia Política Juan Carlos Gómez Leyton, observa, en una primera instancia, un gobierno que aumenta el autoritarismo y avanza hacia una dictadura de corte similar a la que desarr
Un segundo escenario es que sin alterar el orden constitucional actual se hagan reformas que satisfagan algunas de las demandas de algunos sectores. Sobre la base de la división, del aislamiento de los sectores más radicales, se fragmenta el movimiento y Piñera logra mantenerse en el gobierno. Este escenario es probable si las protestas entran en un proceso de rutinización en tanto el gobierno gana tiempo para cansar a los líderes y en especial a los manifestantes más esporádicos y no organizados.
Un tercer escenario consiste en un aumento de las movilizaciones hasta que Piñera y su gobierno caiga. Esto sería lo que Gómez Leyton llama “golpes civiles ciudadanos”. Una insurrección ciudadana, que no es una insurrección revolucionaria, aclara, que no busque tomarse el gobierno sino simplemente derribar al mal gobernante y a través de un gobierno provisional se convoque a nuevas elecciones.
Se puede afirmar que el gobierno de Piñera ha terminado y que el orden neoliberal, sino ha colapsado, sí está arruinado. El riesgo país, la fuga de capitales, la caída brutal de los precios de las acciones, la salida de inversionistas es un hecho. Pero el mayor golpe se lo ha dado la población, que solo se moverá si el gobierno accede a sus demandas, todas abiertamente contrarias a la doctrina neoliberal. Cualquiera de las principales demandas, como, por ejemplo, desde subir las pensiones, elevar el salario mínimo, a estatizar los servicios públicos, son un golpe mortal a las políticas de libre mercado.
*Periodista y escritor chileno, director del portal politika.cl. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)