Texas en disputa: ¿qué se juega Trump en las elecciones de medio término?
Ana Paula Cosio — Fundación Rosa Luxemburgo
Las encuestas abren la posibilidad de que los demócratas ganen en territorios que el Partido Republicano domina hace décadas.
Corría 1993 cuando Texas tuvo por última vez un senador demócrata. Robert Krueger fue designado para reemplazar a Lloyd Bentsen, que había dejado su escaño para sumarse como secretario del Tesoro al gabinete de Bill Clinton. Krueger ocupó el cargo apenas cinco meses: lo perdió frente a la republicana Kay Bailey Hutchison en una elección especial y, desde entonces, ningún demócrata texano volvió al Senado de Estados Unidos.
Las encuestas sugieren que eso podría cambiar en las elecciones de medio término. Desde mediados de los años noventa, el estado de la estrella solitaria vive bajo el dominio del Partido Republicano, que hoy ocupa los dos escaños texanos en el Senado. El 3 de noviembre, por primera vez en más de tres décadas, uno de ellos podría pasar a manos demócratas.
El demócrata James Talarico disputa ese escaño con el republicano Ken Paxton. Una encuesta reciente de Activote, recogida por The New York Times, le da a Talarico el 51% de las preferencias frente al 49% de Paxton: una diferencia estrecha que deja abierto el resultado.
Para entender qué está en juego en estas elecciones y por qué importan para el futuro de Estados Unidos, conversé con cinco fuentes. Sus miradas ayudan a explicar lo que podría ocurrir en estados como Texas y cómo la batalla por el Congreso condicionará la capacidad de Donald Trump para llevar adelante su agenda durante los próximos dos años.
Sam Hays, que nació y creció en Austin, todavía duda de que Texas realmente se esté volviendo más competitivo. “Han advertido sobre un ‘Texas morado’ toda mi vida, pero durante mi vida adulta todas las amenazas demócratas al dominio republicano han fracasado”, señala. Sin embargo, cree que la impopularidad de Trump, la cercanía de Paxton con el presidente y el aumento del costo de vida podrían abrirle una oportunidad a Talarico.
Del caso texano al panorama nacional
El fenómeno no se limita a Texas. Ohio, Iowa y Kansas también figuran entre los midterm battlegrounds, los estados en disputa donde los demócratas podrían ganar escaños que hoy ocupan los republicanos. En Ohio, Sherrod Brown, que perdió su escaño en 2024, busca volver al Senado frente al republicano Jon Husted, en una contienda donde algunas encuestas le dan una ligera ventaja. En Iowa, un estado que suele votar por los republicanos, el demócrata Josh Turek y la republicana Ashley Hinson compiten por el escaño que deja libre Joni Ernst, que decidió no buscar la reelección. En Kansas, el demócrata Adam Hamilton desafía al senador Roger Marshall y podría romper una racha todavía más larga que la texana: el estado no elige a un demócrata para el Senado desde 1932.
Estas contiendas plantean una pregunta que va más allá de cada candidatura: ¿qué está abriendo oportunidades para los demócratas en territorios de inclinación republicana?
Una encuesta de The New York Times y Siena University publicada el 21 de octubre ofrece algunas respuestas. Entre los votantes probables, solo el 36% aprueba la gestión de Trump, mientras que el 59% la desaprueba. Además, los candidatos demócratas aventajan por 11 puntos a los republicanos en la intención de voto para la Cámara de Representantes. El contexto favorece a la oposición, aunque esa ventaja nacional no define por sí sola quién ganará en cada estado o distrito.
Kurt Hackbarth, corresponsal y analista político, nació en Connecticut, vive en México desde 1999 y se naturalizó mexicano en 2007. Para él, hay una gran brecha entre las promesas del presidente y los resultados de su gobierno. “Donald Trump ganó la reelección en 2024 con la promesa de no entrar en más guerras”, recuerda. En su lectura, el malestar por la economía y por la participación estadounidense en la guerra con Irán está erosionando el apoyo al gobierno, incluso entre sectores que lo votaron en 2024.
Conviene, de todos modos, distinguir las condiciones particulares de cada estado del clima nacional. El perfil de los candidatos, su trayectoria y su capacidad para atraer al voto indeciso pueden pesar tanto como la evaluación del presidente.
¿Hasta qué punto la preocupación por el costo de vida y por las políticas migratorias puede alterar las preferencias electorales? ¿Se traducirá ese descontento en una mayor participación el día de la votación? Para los demócratas, el desafío será convertirlo en los votos necesarios para recuperar la mayoría en el Senado, en la Cámara de Representantes o en ambas, y así poder poner límites a la agenda de Trump durante la segunda mitad de su mandato.
La disputa por el Congreso
El 3 de noviembre se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y alrededor de un tercio del Senado, las dos cámaras que forman el Congreso. En el Senado, los republicanos tienen 53 escaños, contra 45 del Partido Demócrata y dos independientes. Para recuperar la mayoría, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños: conservar los propios y arrebatarles al menos cuatro a los republicanos. Un empate 50 a 50 no alcanzaría, porque el voto de desempate le corresponde al vicepresidente J. D. Vance.
Para Juan Manuel Ortega, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Boston, un cambio de mayoría le pondría contrapesos a la presidencia. “Le van a poner mucho más peros a sus acciones que ahora con un Congreso republicano”, señala. Ortega considera probable una derrota republicana en la Cámara de Representantes, mientras que la disputa por el Senado, en su opinión, está “más peleada”.
En la Cámara de Representantes, la competencia se libra distrito por distrito. Las preferencias nacionales no se traducen automáticamente en una mayoría: importa dónde se concentran los votos y quién gana cada contienda. Un partido puede perder la elección al Senado en un estado y, al mismo tiempo, ganar varios de sus distritos.
Controlar la Cámara les permitiría a los demócratas aumentar la supervisión sobre el gobierno. Bill Gelfeld, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey, señala que también les daría más poder de decisión sobre el presupuesto federal. “Si controlan la Cámara de Representantes, controlan las investigaciones. Pueden citar a personas a comparecer”, explica.
El Senado, por su parte, confirma o rechaza a quienes Trump nomina para su gabinete y para los tribunales federales, nombramientos que una mayoría demócrata podría bloquear. Para Gelfeld, eso puede tener consecuencias que trasciendan el mandato de Trump, porque los jueces federales ocupan sus cargos de por vida.
Aun así, recuperar ambas cámaras no les permitiría a los demócratas imponer su propia agenda. Trump conservaría su autoridad ejecutiva y el poder de vetar leyes, y superar un veto exige el respaldo de dos tercios de cada cámara. Lo que el resultado definirá, más bien, es cuánto tendrá que negociar el presidente para avanzar con su agenda y con qué herramientas contará la oposición para exigirle rendición de cuentas.
Los temas que podrían definir el voto
Cada estado tiene sus propias preocupaciones, pero hay cuestiones que atraviesan el país y afectan la vida cotidiana de gran parte de la población. Aunque dividan al electorado, el costo de vida, la guerra con Irán y la política migratoria son los temas centrales de estas elecciones.
La economía es lo que más agobia al electorado. Gelfeld cree que el voto suele decidirse por el bolsillo: para cuánto alcanza el dinero y qué tan seguro se siente cada uno sobre su futuro económico. El partido en el gobierno se lleva buena parte del crédito o del castigo. Ortega coincide, pero aclara que la gente no necesariamente piensa en términos de inflación, sino de cuánto cuesta vivir. En ese sentido, Gelfeld considera que la economía se volvió uno de los puntos débiles de Trump, cuando hace apenas unos años fue la razón por la que mucha gente lo votó.
La guerra con Irán es otro factor que pesa sobre la aprobación del gobierno. Ortega la identifica como una de las principales preocupaciones del electorado, por el temor a que el conflicto se prolongue y Estados Unidos tenga que enviar más tropas. Gelfeld la relaciona con el aumento de precios: “Realmente afecta a la economía. Hemos visto subir mucho los precios de la gasolina y de los alimentos”. Para Hackbarth, la guerra pone en cuestión dos promesas de campaña de Trump: evitar nuevas guerras y bajar el costo de vida.
La migración también ocupa un lugar importante en la disputa electoral. Desde su regreso a la presidencia, en enero de 2025, Trump endureció la política migratoria tanto en la frontera como dentro del país. Entre sus primeras medidas estuvieron la cancelación de las citas que se tramitaban a través de la aplicación CBP One para solicitar el ingreso por la frontera y las órdenes de aumentar las detenciones y deportaciones. Su gobierno presenta estas acciones como necesarias para proteger la seguridad nacional y hacer cumplir las leyes migratorias.
Los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) generaron, a su vez, denuncias por violaciones a los derechos humanos. En julio de 2026, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) publicó un informe que examinó más de 1200 operativos migratorios en ocho estados y documentó presuntas conductas indebidas en más de 400 de ellos, entre ellas uso excesivo de la fuerza, perfilamiento racial y agresiones contra ciudadanos estadounidenses. El Departamento de Seguridad Nacional defendió la actuación de sus agentes en un comunicado enviado al diario El País.
Hackbarth sostiene que la migración es uno de los temas que los republicanos quieren poner en el centro de la campaña. “Los republicanos quisieran que el debate se enfocara justamente en la guerra cultural y la migración, porque esos son temas en que creen que tienen ventaja”, explica. Sin embargo, advierte que los métodos empleados pueden generar rechazo incluso entre quienes apoyaban las propuestas migratorias de Trump. Ortega agrega que el perfilamiento racial también puede afectar a los estadounidenses de origen mexicano. Buena parte del resultado dependerá, entonces, de cómo conviven el apoyo al control migratorio y el rechazo a las prácticas con las que se lleva a cabo.
El voto latino en la contienda
El voto latino no responde a una sola experiencia. Para Ortega, sus preferencias varían según el estado, el origen familiar, la generación y el género. “Es un voto que no es igual dependiendo del estado en que estés, dependiendo de la generación a la que te estés refiriendo, del género”, explica. Compartir una identidad no implica votar por el mismo partido ni reaccionar del mismo modo ante las políticas migratorias.
Lo que pasó en 2024 muestra por qué ambos partidos necesitan disputar ese apoyo. Un estudio del Pew Research Center publicado en 2025, basado en votantes cuya participación fue verificada en los registros electorales, encontró que Trump obtuvo el 48% del voto latino, frente al 36% de 2020, y Kamala Harris el 51%. La ventaja demócrata se redujo drásticamente: el respaldo de este electorado ya no puede darse por sentado.
Pedro Valenzuela, mexicano-estadounidense y votante republicano registrado en Carolina del Sur, encarna algunas de esas tensiones. “Yo no estoy feliz con Trump ahorita”, reconoce. Cree que el presidente incumplió sus promesas y rechaza la forma en que ICE realiza las detenciones, pero mantiene su preferencia por el Partido Republicano. Su caso muestra que la decepción con el presidente puede convivir con la lealtad partidaria sin convertirse automáticamente en apoyo a los demócratas.
Para Gelfeld, los demócratas necesitan comunicar una propuesta propia y no solo oponerse a Trump. “No basta con no ser Trump o estar en contra de Trump, tienes que defender algo. ¿Cuál es tu visión? ¿Qué quieres ver? Los demócratas tienen estas propuestas, pero no han sabido comunicarlas bien”, explica.
De las expectativas a los votos
Texas pone sobre la mesa una posibilidad que los demócratas persiguen desde hace décadas. En el sur del estado, la disputa llegó incluso a las fiestas de quince años, donde el cantante y candidato demócrata Bobby Pulido busca al electorado latino en su campaña por un lugar en la Cámara de Representantes. Pero convertir una contienda competitiva en una victoria exige convencer a quienes dudan y movilizar a quienes podrían quedarse en casa. El 3 de noviembre se pondrán a prueba la lealtad de la coalición que llevó a Trump al poder y la capacidad de los demócratas para ofrecer una alternativa. El resultado definirá qué límites encontrará el presidente durante la segunda mitad de su mandato.
*Periodista y comunicadora mexicana. Escribe sobre política, cultura y temas sociales, y trabaja en comunicación y educación continua.