Progresistas en busca de respuestas coordinadas ante los embates de EEUU
Luvis H. Pareja
El tercer Congreso Panamericano en Montevideo finalizó este domingo con la participación de más de 150 líderes progresistas de 15 países, quienes concluyeron en que los desafíos del continente “exigen respuestas coordinadas a nivel regional, y no soluciones aisladas de cada país”, y llamaron a fortalecer la integración, el multilateralismo y la soberanía frente a la injerencia externa. “Necesitamos más diálogo hemisférico, pero en términos igualitarios”, planteó el coordinador general del Congreso Panamericano, David Adler, en la sesión de cierre.
En este mapa de avance conservador, Uruguay y Brasil se mantienen como los dos únicos gobiernos de centroizquierda en Sudamérica. El presidente uruguayo, Yamandú Orsi, fue el anfitrión del Congreso Panamericano. La elección de Uruguay como sede no es casual: el país es visto por los organizadores como “una luz de inspiración” para el progresismo mundial, según David Adler, coordinador del Congreso, que abordó cuatro ejes: paz, multilateralismo y seguridad; desarrollo; soberanía digital; y bienestar y cuidados. El lema del congreso fue “Solidaridad entre los pueblos. Soberanía entre las naciones”.
El Palacio Legislativo de Montevideo albergó el foro parlamentario que reunió a expresidentes, ministros, legisladores y referentes políticos. El encuentro, que comenzó el viernes 21 y finalizó el domingo 23, se organizó en torno a cuatro ejes temáticos: paz, seguridad y multilateralismo; desarrollo sostenible e integración regional; soberanía digital e inteligencia artificial; y bienestar y cuidados para las mayorías.
Adler, economista estadounidense y co-coordinador general de la Internacional Progresista, definió la convocatoria como la búsqueda de una «visión alternativa» centrada en «la cooperación, igualdad soberana, entendimiento mutuo y fraternidad». Adler, que integró el equipo asesor de política exterior del senador Bernie Sanders, destacó el rol de Uruguay como un «faro para las fuerzas progresistas» de todo el mundo.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires (Argentina), Axel Kicillof dijo que en su país «se está aplicando una política de destrucción de la nación» con caída de los salarios, pérdida de empleo, desfinanciamiento de los sistemas de educación y salud pública y abandono de la infraestructura social básica. «Es nuestra tarea organizar el descontento popular», señaló.
Las críticas a las políticas de la administración Trump ocuparon un lugar central en las intervenciones. El senador demócrata estadounidense Bernie Sanders, que no pudo asistir en persona, envió un mensaje a los participantes en el que llamó a los progresistas del hemisferio a «avanzar mediante la solidaridad internacional», hablando con una sola voz «por la justicia económica, por la democracia, por la sensatez ambiental, por el fin de todas las formas de intolerancia y por la soberanía de cada nación».
En su mensaje, Sanders denunció que «en un país tras otro, desde Argentina a Colombia, de Honduras a Perú y ahora en Brasil, la administración de Trump —de una manera escandalosa e inaceptable— ha apoyado a candidatos reaccionarios al influir decisivamente en las elecciones latinoamericanas». Y concluyó: «Hermanos y hermanas: avancemos juntos en la lucha contra la oligarquía, contra el autoritarismo y contra un nivel de avaricia sin precedentes».
Asimismo, con críticas a la administración Trump, denuncias por injerencia electoral y llamados a la unidad, los líderes progresistas del hemisferio concluyeron en Montevideo un congreso que busca consolidar un espacio de coordinación regional frente a los desafíos comunes. En su alocución, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, afirmó que «vivir en la Argentina de Milei es un infierno»
Boric comenzó recordando a José «Pepe» Mujica y aseguró que una enseñanza que dejó el exmandatario uruguayo fue «la coherencia entre nuestro discurso y nuestra acción, que es fundamental en política para poder presentarnos ante el pueblo del cual somos parte y que esperamos representar», sostuvo. Asimismo, criticó el «nuevo imperialismo» de Donald Trump, al que dijo que «hay que oponerse» de manera firme. «Criticamos ese imperialismo, esa humillación, esa vejación y somos capaces de decir con mucha claridad que la intervención de Estados Unidos en Venezuela es absolutamente ilegítima», enfatizó.
La representante mexicana, Carolina Rangel Gracida, destacó que el encuentro permitió establecer redes de solidaridad y una agenda de acción hemisférica conjunta, mientras la ex vicepresidenta uruguaya, Lucía Topolansky llamó a construir la integración latinoamericana desde los pueblos organizados.
Las críticas a las políticas de la administración Trump ocuparon un lugar central en las intervenciones. El congresista demócrata estadounidense Jesús «Chuy» García (Illinois) señaló que la reunión se da en un momento de «grave peligro» para el hemisferio, y denunció la «larga historia» de EE.UU. en América Latina de «socavar la soberanía y la democracia, masacrar a civiles y robar recursos naturales».
La representante demócrata Pramila Jayapal fue más allá y acuñó el término «Doctrina Donroe» (combinación de Donald Trump y James Monroe) para referirse a la política exterior de la administración republicana. «Nos oponemos a la Doctrina Donroe. Hemos sido muy consistentes en nuestras acciones», afirmó Jayapal, quien destacó su oposición «al uso del poder militar y de aranceles económicos para intentar intimidar y coaccionar a naciones».
El senador brasileño del Partido de los Trabajador (PT) Humberto Costa alertó sobre una «amenaza» que representa la declaración de mafias como grupos narcoterroristas por parte del gobierno de Trump y señaló que existe evidencia de posible interferencia en las elecciones de octubre en Brasil.
El diputado uruguayo del Movimiento de Participación Popula, Joaquín Garlo reconoció que «la derecha tiene mayor facilidad para juntarse
Los participantes coincidieron en un documento que señala que los desafíos del continente —»desde la coerción financiera y las sanciones como arma política, hasta la concentración del poder tecnológico y el agotamiento de los sistemas de bienestar tradicionales»— exigen respuestas coordinadas a nivel regional, y no soluciones aisladas de cada país.
El encuentro retomó las ediciones de Bogotá, en 2024, y Ciudad de México, en 2025, y acordó impulsar una agenda común en materia de integración económica, reindustrialización, cadenas productivas regionales y políticas de bienestar y cuidados. Brasil será sede de la cuarta edición, en 2027.