La rebelión de los seres imaginarios
LUIS BRITTO GARCÍA | Al fin sucede la inevitable rebelión de los seres imaginarios. Sus vidas son más interesantes, son casi tantos como nosotros y cada uno de ellos se multiplica gracias a nuestras máquinas replicadoras. De los libros y las bibliotecas saltan multitudes de Raskolnikovs, Robinsones Crusoes y Gargantúas. No hablemos de los archivos de las cinematecas y las videotecas de donde surgen raudales de fantasmas que mimetizan vagamente a algún actor pero no son él.

Esta presencia irresistible se debe a que el mundo de las representaciones suplanta irremisiblemente al real, es en vano oponernos a la sobrepoblación de personajes; mientras más buscamos un ser real menos sabemos en qué consiste, a lo mejor desde hace eones fue suplantado por sus sombras y quizá éstas sustituidas por sus reflejos.
2 Entonces desde las bibliotecas y los muros con jeroglíficos y los archivos virtuales saltan a nuestro mundo las constelaciones de ideas buscando el lugar que reservaron para sí moldeándolo. Las ideas son muchísimas más que las cosas reales o que las personas. Consuela ver una idea de puente porque más o menos uno sabe a qué se refiere, pero es mejor voltear para no encontrarse con la idea de un número imaginario o de una hipérbole. Por todos lados salta a interferir en nuestro mundo la inundación de las ideas, sin que sea posible distinguir las verdaderas de las falsas ni las impensables de las ya pensadas. Un aire abrupto e ininteligible adquiere nuestro mundo cuando nos topamos en él con una Cosa en Sí o un Imperativo Categórico.
3 Ya parecía que íbamos a resignarnos cuando a nuestro mundo saltan los números, que nos anonadan porque son más que infinitos y cada uno contiene en sí más que el infinito ¿Vamos alguna vez a tolerar la creciente presencia del número Pi, inagotabilizándose en la interminable persecución de sí mismo? ¿Nos resignaremos a la compañía del número Aleph, que expresa lo que no debió ser enunciado? Y a medida que los números brotan de los números se hacen cada vez más irreconocibles. A todos engendramos, pero ni a los unos ni a los otros ni a los otros podremos vencerlos.
4 Sucede a veces que quien hace el amor con una persona imagina que lo hace con otra persona distinta. También, con
Acaparadores y acaparadoras de ensueños son poseídos y poseídas imaginariamente por muchedumbres. Sin saberlo participamos en fiestas de la carne que otros imaginan y que prefieren a la carne real que tocan. Conozco a alguien con el don o la maldición de sentir quién le hace el amor imaginariamente mientras lo hace a otra persona físicamente. Posee así a personas que apenas conoce o que no conoce o que le son repulsivas o que no despiertan su deseo o que alguna vez a su vez soñó poseer sin haberlo logrado en los hechos. No logra saber si es esto gloria o infierno. Es posible que en algún momento cada uno de nosotros lleguemos a saberlo y no lo digamos. Salvo aquellos a quienes nadie imagina.
5 Al fin somos invadidos por lo que nadie ha imaginado.